En la noche del 12     
 
 Ya.    13/03/1986.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

En la noche del 12

CON todas las reservas propias de la provisionalidad de los datos de que disponemos a la hora de escribir este comentario y que podrían ser rectificados por los de última hora que recoja ei periódico, el resultado del referéndum da una abstención miportímfe y !a victoria del sí. El temor que e! Gobierno manifestó ame la posibilidad de un resultado advtiso cuando comprobó que la realidad desbordaba sus previsiones optimistas, ícnior que hizo también a la oposición frenar a última hora su campaña abstencionista, insistiendo en cambio en que no se votase no, han sido probablemente las causas de esta victoria, que habían descartado la mayoría de los sondeos electorales y el clamoreo de los partidarios del no.

Lo primero que se debe destacar en el comentario de la jornada es el hecho de la abstención, que parece haber superado los porcentajes de las elecciones anteriores. Es evidente que los errores acumulados por el Gobierno socialista a lo largo de tres años, su soberbia hegemónica, su falta de consideración hacia las minorías, el torpe planteamiento del referéndum y, sobre todo, la posibilidad de que un triunfo amplio del sí fuese interpretado por el Gobierno en clave plebiscitaria y triunfalista, han hecho explosión, decidiendo hacia la abstención a muchos partidarios fervorosos de la OTAN.

La consecuencia de lo dicho, salvo el hecho que naturalmente nos satisface, de que seguimos en la OTAN, es la imposibilidad de una interpretación política coherente de los resultados. En el sí han coincidido los que han votado afirmativamente por disciplina de partido, contrariando sus convicciones más arraigadas, y los partidarios incondicionales de los OTAN que, ante el peligro de que triunfase el no, han desoído la consigna de abstención; pero otros partidarios igualmente fervorosos de la integración plena en la Alianza Atlántica se han decidido a votar no, considerando que la abstención no era suficiente castigo a don Felipe González. ¿Cómo es posible reducir a un denominador común tan diversas y contradictorias motivaciones?

Sin embargo, hay unas conclusiones que nos parecen obvias.

La primera es que no se puede seguir adelante como si no hubiese pasado nada; porque ha pasado, y mucho. Se ha celebrado un referéndum que nunca debió haberse convocado, sometiendo al país a un riesgo innecesario; se ha provocado un carnaval de máscaras, en el que cada cual ha representado un papel distintó del que le correspondía, y se ha dado un deplorable espectáculo de inmadurez política ante una Europa estupefacta. Que a última hora el voto popular haya arreglado las cosas no puede cubrir la descalificación política de los responsables. Sería, sencillamente, intolerable que el Presidente del Gobierno se presentase como triunfador. No ha sido a él a quien se ha votado, y muchos, sin él, habrían engrosado el sí. Además, ocurre que, como consecuencia del desconcierto producido, nadie sabe realmente dónde está nadie. Ha habido socialistas que han votado sí y otros que han votado no; en la oposición, la discrepancia entre síes, noes y abstenciones se ha manifestado en figuras destacadas de los cuadros directivos. En esas circunstancias creemos que sería sumamente oportuno para aclarar la situación la disolución inmediata de las Cámaras, con la consiguiente convocatoria de elecciones generales.

No parece que el Presidente del Gobierno esté dispuesto a proceder así, pero en tal caso nos expondremos a seguir padeciendo las consecuencias de la confusión creada, mientras las fuerzas de extrema izquierda, que nuestros aprendices de brujo gubernamentales han despertado, siguen desestabilizando la vida nacional. No vale decir que las elecciones generales se tendrán que celebrar dentro de ocho meses. Ocho meses son muchos para aguantarlos en esas condiciones. Se habla de reajustar el consenso, pero tan quebrantados han salido Gobierno y oposición, a pesar del sí que ha conseguido el primero y la abstención que ha logrado la segunda, que lo primero que tienen que hacer es recomponerse internamente, y el medio adecuado son las elecciones generales. Mientras tanto, es probable que sigamos conociendo la crispación que tanto se ha acentuado últimamente, a la vez que se aplazan, quién sabe por cuánto tiempo, los más graves problemas de la vida nacional.

 

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