La ocasión del consenso     
 
 Ya.    14/03/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

la ocasión del consenso

POR segundo día, hemos de ocuparnos del resultado del referéndum sobre la permanencia en la OTAN.

Una vez más, el buen sentido de los ciudadanos se ha impuesto, como ya sucedió en la consulta de 1976 sobre la reforma política, y en la de 1978 sobre la Constitución.

Nuestra reacción, que ya expusimos en nuestros comentarios de ayer, es ante todo de contento por razón del interés nacional. El triunfo del «no» nos habría introducido en un camino de consecuencias imprevisibles, pero siempre graves. La victoria del «sí» ha resuelto definitivamente y de modo irrecusable, para todos los partidos y tendencias, el problema más delicado de nuestra política exterior.

Dicho eso, que es lo más importante, debemos examinar la situación nueva que ahora se plantea.

La repulsa al referéndum y, sobre todo, a la política hegemónica del Gobierno, decidió a la oposición a dar la consigna de abstención. Hay que reconocer que ha sido efectiva. En la emisión informativa de la noche del 12, TVE barrió todas sus anteriores marcas, pretendiendo disimular a toda costa la cuantía de la abstención. El mismo Presidente del Gobierno, que tan acertado estuvo al quitar a la victoria toda significación partidista para atribuirla al pueblo español, incurrió en el error de hablar de participación alta. Cuando la abstención ha llegado al 40 por 100, superando ampliamente la mayor registrada en todas las elecciones desde 1976, no es posible hablar de participación alta. Aunque la oposición, por su parte, haya pretendido jugar con esa cifra, atribuyéndose la totalidad de las abstenciones.

Otro dato importante es el triunfo del no en las comunidades autónomas del País Vasco, Navarra, Cataluña y Canarias. Como en el caso de la abstención, no se puede atribuir a disconformidad con la política exterior del Gobierno, sino con la interna. Tampoco se debe menospreciar el 39,8 de votos negativos y, sobre todo, la circunstancia de que el referéndum haya ofrecido una bandera a la izquierda radicalizada, que está dispuesta a hacerse oír en el futuro. Con esto no hacemos ninguna valoración adversa; nos limitamos a registrar un hecho que no tenía presencia en la vida española y con ei que habrá que contar. Esperamos que dicha izquierda, como hasta ahora, se mantenga responsablemente dentro de la legalidad.

Todo lo anterior quiere decir que, a pesar del triunfo indiscutible del Presidente del Gobierno, que asumió el riesgo del referéndum y ha salido vencedor, los factores de oposición a su política, que el referéndum ha mostrado, no son nada desdeñables. A ellos se debe agregar el hecho de que el referéndum ha entrado como una cuña en el partido del Gobierno, muchos de cuyos afiliados han votado «no», mientras que otros, aun comportándose disciplinadamente, lo han hecho en contra de sus íntimas convicciones. Situación análoga se ha producido en la oposición, donde una parte ha secundado la consigna de abstención, otra ha votado afirmativamente y no han faltado los que han cedido a la tentación de dar un voto de castigo a don Felipe González, votando «no».

Lo expuesto nos hace pensar en la necesidad que tienen Gobierno y oposición de un período de recomposición interna, que confiamos superen lo antes posible para que puedan concurrir, con las demás fuerzas del país, a ese consenso sobre política exterior que patrióticamente ha ofrecido el Presidente del Gobierno.

Bueno habría sido que ese consenso se hubiese conseguido tiempo atrás, incluso en política interior. Esto último, a ocho meses de las elecciones generales, sería quimérico pretenderlo. Sin embargo, nada debe ser obstáculo al consenso sobre los grandes temas de interés nacional planteados de fronteras afuera.

Pensemos, por ejemplo, en dos: las discusiones en la CEE, que tan directamente afectan al bienestar de los ciudadanos españoles, y la política mediterránea, en la que hasta ahora apenas hemos pasado de espectadores. Por primera vez, España puede pisar fuerte en esos terrenos, donde casi a diario se están tomando decisiones. La figura de Felipe González se beneficia actualmente en el extranjero del prestigio que le ha dado un triunfo tanto más espectacular cuanto más dudas había sobre él. Está en una situación privilegiada para actuar en nombre de los grandes intereses nacionales. Es mucho lo que en ese terreno se puede conseguir si se consigue el consenso que ha solicitado. Por esto no entendemos que se puedan plantear ahora mociones de censura ni nada que distraiga de una confrontación que necesariamente se realizará dentro de ocho meses. Hasta entonces no hay mucho tiempo, pero se puede aprovechar eficazmente como hemos sugerido. En este caso, los frutos del referéndum serían aún mayores que el considerable que, por sí sólo, representa la permanencia en la Alianza Atlántica.

 

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