Autor: Alcántara, Manuel. 
 Vuelta de Hoja. 
 La hora de los intérpretes     
 
 Ya.    14/03/1986.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La hora dé los intérpretes

«Aunque las matemáticas no mientan, nada impide que haya matemáticos embusteros»

MANUEL ALCÁNTARA

ES confortador comprobar que aquí no ha habido nadie que haya perdido. En este referéndum todo han sido victorias: victorias morales, victorias inmorales o victorias a secas, pero ninguna derrota. Este hecho admirable es posible porque los españoles creemos que la única misión de los datos es la de ser discutidos y hemos inventado una profesión nueva: traductores de aritmética.

El primer triunfo en estas elecciones ha sido que en ellas no se han dado incidentes graves. Un triunfo semejante al que obtienen en las olimpíadas nuestros nadadores y que consiste en que no se ahoga ninguno. A este triunfó inicial se agregan, por orden alfabético, el que han logrado los diversos grupos.

En todos ellos hay gente que se ha quedado ronca de tanto cantar victoria y sería de pésimo gusto aguarles la fiesta o abuchearles mientras pasan debajo de los arcos ornados de blancas Minervas y Martes. Un guarismo puede ser contemplado a distinta luz y aunque las matemáticas no mientan, nada impide que haya matemáticos embusteros.

Han ganado tantos que el podio del triunfo se ha convertido en un vagón del Metro. En él no caben los victoriosos y tienen que andar a codazos si aspiran a salir en la fotografía, pero lo único cierto es que vamos a seguir donde estábamos, gracias a una pequeña proporción de españoles: cuarto y mitad. Nunca tantos le debieron menos a tan pocos. Pero se barrunta que algo ha cambiado decisivamente en la sociedad española, que en este momento histórico quizá estaba más necesitada de sedimentaciones que de alteraciones. Se ha unido lo que estaba roto y se ha resquebrajado lo que estaba unido y todo por no conformarse con hacer señales de humo y empeñarse en hacer el indio. Lo cierto es que hay tantas quinielas ganadoras que se van a formar un lío a la hora de cobrar. El mejor oficio en Babel es el de intérprete.

 

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