Autor: Toharia, José Juan. 
 Referéndum: Posibilidad de moción de censura. 
 El día siguiente al día siguiente     
 
 Ya.    14/03/1986.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El día siguiente al día siguiente

JOSÉ JUAN TOHARIA

EL referéndum OTAN llega hoy al «día siguiente al día siguiente» y constituye ya un tema notablemente enfriado, presto a ser archivado en la memoria colectiva de lo «ya resuelto». Pero antes de que terminemos todos por desentendemos definitivamente de él quizá merezca la pena detener la atención en algunas cuestiones que me parecen de especial interés.

En primer lugar conviene pararse a pensar que pese al clima de división, enfrentamiento y crispación que ha aleteado sobre la sociedad española en estas últimas semanas no se ha producido, afortunadamente, ningún acto significativo de violencia ni antes, ni durante, ni después del referéndum. Por un momento pudo parecer que el clima de concordia civil básica que ha amalgamado a nuestra sociedad durante la última década corría el riesgo de erosionarse y aun de quebrarse. No ha sido así, sin duda gracias a la prudencia de unos, a la serenidd de otros y al buen perder de quienes creyendo ir a ganar resultaron perdedores. Hay aquí un motivo para que nos felicitemos y congratulemos todos: realmente, algunos de nuestros viejos «demonios familiares» parecen muertos y bien muertos. Realmente somos una España nueva, que discute y se apasiona, pero que en ningún momento considera siquiera la posibilidad de llegar a las manos o de romper la baraja. Se nos ha sometido á la prueba del fuego y hemos resultado ser escasamente combustibles. Claro que mejor, y más prudente, hubiese sido evitar el experimento, máxime si, como ha sido el caso, no resultaba estrictamente imprescindible.

En segundo lugar tenemos que los resultados finales no han coincidido, en general, con lo que los sondeos hacían prever. No habrá de faltar quien vea aquí una ocasión más de deslegitimar y negar validez a sondeos y encuestas, olvidando que éstos proporcionan tan sólo una foto-fija de la realidad. Como ésta es cambiante, aquélla sólo tiene valor descriptivo para el concreto momento y lugar de su realización.

Obviamente, desde primeros de marzo (fecha de realización de la mayor parte de los sondeos de opinión divulgados) la intención de voto de los españoles ha ido variando hasta cristalizar en la finalmente expresada anteayer en las urnas. Pero, ¿y ei caso ac ias predicciones realizadas durante el mismo día 12, a partir de encuestas realizadas a muestras de votantes? ¿Cómo explicar que pese a apuntar, en general, al predominio del sí sobre el no indicasen una básica situación de equilibrio entre votos afirmativos y negativos luego desmentida por los datos definitivos? Se trata, sin duda, de una cuestión cuyo análisis puede ayudarnos a entender mejor cómo fia sido vivido por muchos votantes el pasado referéndum. Muy probablemente lo que ha ocurrido es que una significativa fracción de los votantes entrevistados a pie de urna no dijeron realmente lo que habían votado. En otras palabras, puede que haya habido mayor predisposición a confesar que se había votado «no» que a reconocer que se había votado «sí». O lo que es igual, ha habido una cierta cantidad de voto «sí» avergonzado. Algo similar, por ejemplo, a lo que ocurre con las intenciones de voto declaradas para Alianza Popular, que siempre han sido más bajas que los sufragios finalmente emitidos en su favor. Lo cual, sin duda, constituye todo un síntoma a meditar.

En tercer lugar, y aunque a estas alturas pueda sonar ya a trillado, merece la pena recordar que en este referéndum ha habido un nivel de no participación (los abstencionistas más los que emitieron un voto en blanco o nulo) que sin llegar a ser espectacular sí ha sido, con claridad, el más elevado jamás obtenido en nuestro país en una consulta de rango nacional. Por lo demás, también es claro que los votos afirmativos han superado holgadamente a los negativos. No cabe, en puridad, hablar de victoria por goleada, pero tampoco, desde luego, de victoria «por los pelos». Son casi dos millones de diferencia, de los casi diecisiete emitidos. A partir de los datos hasta el momento disponibles todo parece indicar, por otro lado, que este triunfo final desahogado del «sí» se debe fundamentalmente al tránsito, desde una postura negativa a otra afirmativa, de votantes socialistas a lo largo de los días de la campaña.

Por último, ¿cómo no resaltar el clima de alivio generalizado que parece haberse apoderado del país? Sin duda se trata de una reacción psicológica comprensible tras tantos días de tensa incertidumbre: el solo hecho de que una pesadilla se disipe produce por sí solo un alivio, cualquiera sea la realidad a la que se despierte. El complejo y conflictivo «lío del referéndum» queda ya atrás, como cosa zanjada y, por lo tanto, olvidable. Como cosa, además, difícilmente replanteable. Pero además de eso, ¿cómo extrañarnos de que el español medio experimente, a la luz de los resultados obtenidos, una sensación de alivio, si tenemos en cuenta que, en definitiva, de haber ganado el «no» el resultado habría sido una derrota del partido en el Gobierno..., sin que ello hubiera significado una victoria de los oposición? Prácticamente todo el Parlamento hubiese sido derrotado, correspondiendo en cambio la victoria a grupos muy minoritarios él o situados extramuros. ¡Ni el más maquiavélico enemigo de la democracia representativa hubiera podido diseñar una situación tan potencial mente explosiva y erosionante! Afortunadamente un tal dilema nos ha sido evitado. ¡Cómo no sentir entonces alivio!

 

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