Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Mis reflexiones del referéndum     
 
 Ya.    14/03/1986.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Mis reflexiones del referéndum

EMILIO ROMERO

EL referéndum del 12 de marzo ha producido estas tres consecuencias: desgaste socialista; estímulo de unidad y de congregación a una izquierda sin orden y sin sitio, y la nota de una derecha más vigorosa que en 1982. Todo esto remodela de otro modo nuestro cuadro político, al tiempo que estamos también delante de otra imagen española en asuntos capitales: en política económica, tras nuestros acuerdos con la Comunidad Económica Europea, y en política exterior, mediante ese aval —ya indiscutible— de nuestra permanencia en la Organización del Atlántico Norte.

Síntomas e indicios

La abstención activa, como recomendación de la Coalición Popular, era difícil de atender. Todos aquellos que muestran su adhesión a la Coalición Popular tenían estos dos sentimientos: el miedo a que una votación desfavorable nos sacara del compromiso de la defensa con Europa, y también existía cierta tentación a castigar o mortificar a Felipe González como líder supremo del socialismo. Estas dos actitudes las han llevado a término bastantes gentes. Unos han votado favorablemente la petición del socialismo, y otros han votado negativamente. Así es que la derecha española tiene a su favor —en estos momentos— un alto porcentaje de esa abstención, que yo cifro entre un 25 o un 30, sobre el 40 global; más porcentajes estimables de síes o de noes. Todo esto es lo que puede configurar el estado actual y el volumen de la gran alternativa al socialismo que es la Coalición Popular.

La izquierda española, principalmente la que no es socialista, tiene estas tres ramas: los comunistas, el progresismo de izquierdas y la ultraizquierda. También hay que embarcar, aunque en pequeña escala, a los utópicos del pacifismo, de la ecología y de otras idealizaciones. El referéndum del 12 de marzo ha congregado todo esto, y ahora la gran ilusión es reunirlo de alguna manera para las convocatorias electorales próximas. A todos estos votos se ha añadido ahora una parte muy considerable de socialistas, tanto del partido como dé la UGT, que no están de acuerdo con el moderno atlantismo de Felipe González. Lo que ya resulta más difícil es la reunión de todas estas voluntades en una empresa común y electoral. Lo primero que debe hacer el comunismo, como razón de ejemplaridad, es su propia unidad. No es una tarea fácil. Son confrontaciones humanas, personales y políticas muy serias. La convergencia electoral está llena de dificultades, aunque es muy probable que el estímulo del 12 de marzo les lleve a hacer cosas conjuntas, principalmente en la calle o en las tribunas, para fiscalizar las tres condiciones del voto afirmativo del referéndum y el desmantelamiento de las bases americanas. La hostilidad de esta izquierda con el socialismo ha llegado a las cotas más altas en ia historia política de este siglo.

En cuanto a los socialistas, se ha puesto de mani-fiesjo el enorme esfuerzo que les ha costado hacer tragar a su clientela y añadidos ta reconversión atlantista. Muchos de ellos se han ido a votar a otra parte. Si en la política económica el socialismo está haciendo una política de realismo, a la que está obligado por el sistema político democrático y por la Constitución de 1978, resulta que en la política exterior podía adoptar la posición de estar fuera o de estar dentro de la Alianza Atlántica, porque eso no altera nada, ni de la democracia ni de la Constitución; y ha elegido el compromiso total con Europa, en el que se incluye la defensa. Es una posición razonable del Gobierno socialista, a pesar de las limitaciones tremendas que se ha impuesto para nuestra permanencia en Bruselas. Pero esta lección de realismo o de posibilismo tiene que empezar por enseñársela a sus gentes, y ésta es una lección difícil, sencillamente, porque en los últimos años la lección que enseñó fue otra, y en estos asuntos los errores y las rectificaciones son graves.

El socialismo español actual se dispone a entrar en su tercera etapa de nuestra transición democrática. La primera fue de expectación y de acomodación; la segunda fue de triunfo, tras alcanzar el poder y de una manera hegemónica en el Parlamento, y esta tercera es la de rendir cuentas de resultados y de reconversiones políticas e ideológicas, con todo el desgaste y decepciones que ello representa. El esfuerzo realizado en el referéndum del 12 de marzo ha sido gigantesco, mientras que los resultados han sido pobres. En sus manos tuvo la fácil relación y alianza con la derecha, se habría evitado sufrimientos y ahora los porcentajes del referéndum habrían sido otros. Simultáneamente a todo esto, ha ensuciado un poco su evidente heroísmo, con el comportamiento horrendo de Televisión Española, y algunas manifestaciones de Ministros y de dirigentes en los actos públicos. En cualquier caso, tampoco sería objetivo ni honesto no señalar que los síes, aunque hayan sido insuficientes, se deben a la proeza torturante del socialismo en el poder.

Las enseñanzas

Hemos dado un pésimo ejemplo a las gentes del exterior, y también a nosotros mismos, con todos los sucesos del referéndum. En primer lugar, la abstención ha sido tremenda e impropia de un país ante un acontecimiento básico de nuestra política exterior. Esto no es imputable a otra cosa que a la escasa concertación de nuestros políticos en asuntos básicos. En este tema concreto, la gran responsabilidad pertenece al socialismo, porque quien está en el poder es quien tiene que abrir los cauces hacia las concertaciones. Como consecuencia de todo esto, resulta que poco más del 30 por 100 de nuestro electorado es quien ha decidido nuestra permanencia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que es la instrumentación de la defensa de los países libres. Luego ha resultado que hemos vuelto a avivar la vieja crispación que nos llevó en el pasado a tantos episodios tristes, y resulta que la confusión del voto ha sido esperpéntica y horrenda. Muchos españoles han votado por razones ajenas al tema fundamental, sino en función de las querellas propias. Han votado bastantes socialistas contrariamente a lo que establecía su partido; y hasta en la misma derecha se han dividido los votos en estas tres actitudes: noes, síes y abstenciones. Los intelectuales se han fraccionado en dos familias de votantes; y hasta periodistas muy significados han abandonado sus obligaciones por razón de sus pronunciamientos en el referéndum.

Todo esto, en el juicio más generoso, es verdaderamente burlesco. Pero ya con un rigor en el juicio más real, ha sido un espectáculo del que no podemos envanecernos, sino todo lo contrario.

 

< Volver