Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   Democracia de navaja     
 
 ABC.    01/05/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

DOMINGO 1 DE MAYO DE 1977. PAG. 10.

DEMOCRACIA DE NAVAJA

Por Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

EL presidente del «Partido Socialista Popular», señor Tierno, ha declarado en Vigo:

«Si gana por un amplio margen "Alianza Popular" aquí no va a consolidarse nada. Volverá

la lucha a la calle, a los talleres; que lo tengan presente todos.» ¿Amenaza, confesión

de parte o ambas cosas? Sin duda, desprecio de una eventual voluntad mayoritaria.

La democracia inorgánica significa que los partidos contendientes aceptan el Gobierno de

quienes ganen las elecciones, y que, por tanto, renuncian a la violencia como modo de

resolver las pretensiones al ejercicio del poder. El régimen de partidos es una de las

soluciones pacificas a la inevitable conflictividad entre las diferentes fracciones de

la clase política. Quien no respete esta regla del juego está en contra de la esencia

misma de la democracia inorgánica y de su principal razón de existencia.

Paladinamente se nos viene a decir: valen las elecciones en tanto que no venzan los

adversarios; de otro modo, la violencia. Es la democracia de la navaja: o te entregas o

desenvaino. De hecho, ésta era y es una forma clásica de la estrategia marxista-leninista;

pero en la versión que glosamos no se oculta ni disfraza; se juega a baza descubierta; se

prescinde del maquillaje eurocomunista. El que no se entera ya es porque no quiere. Esta

declaración simplifica extraordinariamente el análisis y la crítica del marxismo

celtibérico. No hay que recurrir a inducciones o deducciones más o menos sutiles. La

intención se acaba de manifestar rotunda y expresamente.

Los españoles hemos padecido durante la II República la democracia de la navaja. Se trata

de uno de los capítulos más sobresalientes e inolvidables de aquel triste período. En

noviembre de 1933 la mayoría de los españoles dieron su voto a los partidos antimarxistas

encabezados por el más numeroso, la C. E. D. A. Los frentepopulistas, derrotados en las

urnas, decidieron romper la baraja democrática. En su libro «España, mañana», escribe el

actual secretario general del «Partido Comunista»: «En una reunión del "Partido Socialista",

de la U. G. T. y de las "Juventudes Socialistas", se decidió que si los ministros fascistas

entraban en el Poder habría que alzarse y luchar unidos al "Partido Comunista" y a otras

fuerzas obreras. De lo contrario, como en Italia, Alemania y Austria, los fascistas, con

ciertos cómplices, llegarían legalmente al Poder.» Entre los que el autor llama «fascistas»

se encontraban Gil-Robles y la mayor parte del pueblo español. Ya sabemos que ése es el

vocablo que el comunismo utiliza para descalificar a todo aquel que no se convierte en

compañero de viaje. De «fascista» calificó el secretario general del Partido Comunista

Francés, señor Duclos, en plena asamblea, a De Gaulle, que ha sido el creador de una de las

más eficaces democracias occidentales. Indalecio Prieto cuenta en uno de sus libros de

memorias cómo se preparó la ejecución del plan acordado, que condujo a la revolución de 1934,

el llamado «Octubre Rojo», que llevó la guerra a Asturias y a Cataluña, y que costó

centenares de vidas y entre otras pérdidas brutales la de parte de la catedral de Oviedo.

Si la táctica frentepopulista es, hoy como antaño, «o la entrega a plazos o la revolución»,

resultaría, desgraciadamente, ilusorio esperar que la democracia inorgánica vaya a servir

para incorporarlos a las responsabilidades públicas; pero, sobre todo, resultaría suicida

la política de concesiones, porque cuanto más se retrocediera, menor sería el campo de

maniobra, y más angostas las posibilidades de defender la libertad y de restaurar la paz.

Cuanto antes se detenga la retirada, mejor.

En medio de la confusión política reinante es buena la transparencia. Para el marxismo, la

democracia es un puente hacia la dictadura del proletariado; y si no les sirve para pasar

lo vuelan. Sépanlo cuantos están ayudando a que lo atraviesen los dinamiteros. — G. F. de la M. 

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