Autor: Espina, Wilfredo. 
 Política. 
 Cena con Felipe     
 
 Ya.    09/03/1986.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Domingo 9 de marzo de 1986

POLÍTICA

Cena con Felipe

WIFREDO ESPINA

FUE una cena sin sentido la que celebramos con el Presidente González en Barcelona. No dijo nada nuevo y las preguntas fueron casi de puro trámite o eran contestadas por la tangente. El tema del reíeréndum de la OTAN, tal como está oficialmente planteado, está ya agotado. Mientras transcurría, con más aburrimiento que interés, aquella cena, algunas reflexiones acudían a la mente; por ejemplo, estas:

1. Resulta patético oírle repetir una y otra vez al Presidente del Gobierno eso de «castíguenme ustedes si quieren en las próximas elecciones, pero no ahora». Pero, además de patético, es una falacia, porque sabe muy bien el Presidente González que una cosa va unida a la otra, y lo que le importa sobre todo es salvar ahora el grave traspiés de este referéndum, pues si lo gana holgadamente será su mejor carta —¿Por esto se atrevió a jugarla?— para volver a triunfar en las elecciones generales, y si lo pierde será un gran revés.

2. Afirmar como hacen el Presidente, ministros y altos cargos socialistas, que esperan que, al final, se imponga el sentido común y la responsabilidad, y que el interés nacional de España es votar «si», resulta ofensivo para los millones de ciudadanos que, según las más solventes encuestas, en este momento piensan votar mayoritariamente «no» o abstenerse. ¿O es que los que no coinciden con el criterio del Gobierno carecen de sentido común, son unos irresponsables o están en contra de los intereses de España? Esto no se puede hacer; esto nos recuerda, además, a referendums franquistas.

3. ¿No estará predicando en el desierto Felipe González? Porque no es precisamente a los partidarios de la OTAN a los que puede intentar convencer de atlantismo; al contrario, a éstos les molesta esta pretensión de un converso de cuatro días, y ello puede incluso ser causa de muchos «noes» o abstenciones. Tampoco parece que pueda dirigirse con mucha autoridad a los partidarios del «.no» a la OTAN, ya que éstos podrán contestarle que precisamente lo son porque en su día el propio Felipe y su partido les convencieron con las tremendas campañas antiOTAN, hace apenas cuatro años. ¿Por qué deben creer más sus argumentos de ahora que los de antes, cuando en todo parecía más limpio y desinteresado?

 

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