Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Los intelectuales     
 
 Diario 16.    23/02/1986.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Los intelectuales

José Luis Gutiérrez.

LA OTAN y su referéndum sigue ocupando parcelas de la vida ciudadana española, hasta convertirse ya casi en una especie de arte marcial, toda una filosofía de la vida. Tras escuchar al subsecretario de Sanidad decir que la adhesión será beneficiosa para la sanidad española, a Carlota Bustelo que la condición femenina obtendrá visibles beneficios y a Joan Lerma que votar «sí» es ser más de izquierdas, oído todo esto y constatado que el PSOE y su Gobierno derrochan grandes dosis de imaginación en la defensa de nuestra permanencia en la OTAN, no es extraño que hasta la parapsicología haya intervenido en el magno debate nacional.

Hace escasos días, Miguel Muñiz, secretario general de Economía del Ministerio de Hacienda, socialista flexible, razonable y liberal, atlantista —éste sí— de toda la vida, intentaba convencer durante una comida a unos amigos. «Estoy seguro que si Tierno Calvan viviera votaría sí a la OTAN», argumentó Muñiz. Aún flotaban en el aire los ecos del adverbio cuando, inexplicablemente, una de las copas de cristal, totalmente vacía y sin usar, estalló en mil pedazos. Los comensales enmudecieron y alguno cruzó secretamente los dedos bajo la mesa.

Pero no solamente Miguel Muñiz ha sufrido los efectos de un fenómeno supuestamente parapsicológico.

En la noche del pasado viernes, quienes ocupábamos los salones del Hotel Victoria, dé Madrid, donde tenía lugar una asamblea de científicos, artistas e intelectuales solicitando el «no» a la OTAN, parecíamos viajar en una wellsiana máquina del tiempo que nos hubiera trasladado a los primeros momentos de la transición, a las fisonomías encanecidas de la izquierda hispana de las catacumbas franquistas, tan distinta del gauchismo «badgodesbergiano» y con filtro del PSOE.

Ramón Tornantes, pacifista impecable, señalaba recientemente ante este informador que «los socialistas mienten cada vez que hablan. Nunca he visto, en la vida política, a nadie mentir con la frecuencia y el descaro del Gobierno del PSOE». Acaso tenga algo de razón Tamames. Y para ilustrar su afirmación, cita el bochornoso incidente del INEM (Instituto de Empleo) trabajando en un «mailing» para el PSOE —«en lugar de dedicar vergonzosamente dinero público para las cuestiones del partido, podrían invertirlo en crear puestos de trabajo»— o el aún oscuro escándalo de la alteración de las actas del Congreso.

Pues bien: algunas de las cosas que en la noche del viernes se oyeron en la asamblea de artistas e intelectuales a favor del «no» pertenecían a ese infumable arsenal de embustes y demagogias de tan grueso calibre que repugnan al más elemental sentido común. Una oradora espontánea y anónima, de avanzada edad, en tono emocionado y mitinero, trazó el consabido paisaje de la OTAN como organización intrínsecamente perversa y demoniaca, como instrumento de los Estados Unidos, señores de la guerra. Si es cierto que Francia inventó el intelectual, acaso haya que hacer caso a una de las voces más inclasificablemente brillantes y originales de la escena ¿política? española, la de Julio Cerón y sus geniales descalificaciones del intelectual, de algunos intelectuales actuando en política.

EL propio manifiesto elaborado por el editor Javier Pradera, firmado por más de medio centenar de artistas e intelectuales a favor del «sí», se apoya en una valoración apocalíptica de las consecuencias de nuestra salida de la OTAN, sin olvidar incluso el ya olvidado «peligro de involución». «Creo que aquella definición de los socialistas, que primero disparan y después apuntan, es certera —señala un dirigente de la plataforma cívica—. Aparte de que nadie se cree esos planteamientos catasírofistas.»

El caso es que este desdichado asunto aumenta día a día la división de la sociedad española, al igual que la preocupación de nuestros socios occidentales. El viernes, los intectuales favorables al «no» incrementaron su lista con nombres tan sonoros como los de Buero Vallejo, Tapies, Portabella o el del cantante Miguel Ríos. La ceremonia continúa, el ritual del pacifismo entendido como cuestión de fe, como un asunto teológico, con cuatro conceptos mal aprendidos y toscamente desfigurados, manejados por alguno de los presentes con la soltura de un jefe de Estado Mayor.

Uno de los presentes, antiguo dirigente de un partido de izquierdas, hoy retirado de la política, le comentaba a este informador: «Esta es la última vez que se nos da la ocasión de volver a ser héroes...» Y, ciertamente, allí estaban todos los rostros de los tiempos heroicos, roturados por las hondas grietas del fracaso, por las arrugas del resentimiento contra esta pareja de picaros sevillanos que se alzaron con el santo y la limosna. Es la gran ocasión.

En la mesa se encontraba José Luis Balbín.

 

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