Autor: Robles Orozco, Gonzalo. 
   En interés de la democracia no hay que votar     
 
 ABC.    09/03/1986.  Página: 44. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ABC, pag. 44

TRIBUNA ABIERTA

DOMINGO 9-3-86

EN INTERÉS DE LA DEMOCRACIA NO HAY QUE VOTAR

Por Gonzalo ROBLES OROZCO

EL próximo 12 de marzo el pueblo español tiene una cita con las urnas, una cita que él no ha concertado sino que le han impuesto, a te que no debe acudir. Hay casi infinitas razones para abstenerse en un referéndum que, con razón, ha sido calificado de innecesario, fraudulento, partidista, plebiscitario y costoso. El interés nacional, la paz social, la prudencia política y el sentido común aconsejaban ta no celebración de la consulta, pero nuestros gobernantes socialistas, que son arrogantes, irresponsables e incorregibles, persisten en su descabellado empeño únicamente por preservar una precaria unidad en el seno de su propio partido. El PSOE y el Gobierno, por razones exclusivamente partidistas, han lanzado a la sociedad española a un juego peligroso y absurdo.

Ei Partido Socialista incumplió sus promesas electorales en el mismo instante en que, vaciando de contenido y de sentido al referéndum, decidió hacerlo para quedarse y no para salir.

Desde ese momento, la consulta carecía de finalidad y por elto se opusieron a su celebración destacados miembros de la oposición (incluso algunas voces cercanas al Gobierno).

Cuando el Gobierno hizo pública su pregunta (un ejemplo de oscurantismo, ambigüedad, manipulación y confusión nacida, sin duda, de una mente retorcida y calenturienta como la de Alfonso Guerra) un referéndum que era ya innecesario se transformó en una farsa, en un esperpento pue ni el mismo Vallelndán se habria atrevido a imaginar.

El referéndum, que es un instrumento legítimo y democrático para expresar la voluntad popular en cuestiones concretas, se ha convertido en una amenaza para la convivencia pacífica, el normal funcionamiento de las instituciones y el mismo sistema democrático. El Gobierno socialista está consiguiendo hacer realidad cosas que parecían imposibles: está uniendo a los grupúscutos de la extrema izquierda en una causa común, va a unir en una misma opción a ta extrema derecha y a la ultraizquierda, va a conseguir que muchos partidarios de la OTAN voten no e se abstengan y que muchos antiatlantistas convencidos lo hagan favorablemente y, to más sorprendente de todo, va a hacer necesario, para salvaguardar la democracia, que tos ciudadanos, el día 12, renuncien a ejercer su derecho al voto.

Porque, en efecto, en interés de la democracia hay que abstenerse en esta ocasión. El referéndum no es más que la gran coartada del Gobierno socialista para justificar su espectacular «cambio» de posiciones en este asunto. Pasar en tres años de «OTAN, de entrada no» al «En interés de España, vota si», no es de recibo. Máxime cuando es la misma persona la que decía entonces aquello y ahora esto otro, sin explicar ni una sola razón de semejante pirueta política Habrá que pensar que si en 1982 Felipe González y el PSOE se opusieron a la OTAN fue exclusivamente por creerlo electoralmente rentable.

En consecuencia, engañaron deliberadamente al pueblo español. Pero ya se sabe que es posible engañar a todo el mundo algún tiempo y a unos cuantos todo el tiempo, pero que no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y al final hemos descubierto el «farol». Alfonso Guerra podría ahora aplicar a su jefe aquella definición famosa «tahúr del Mississippi» con ta novedad, importante, de que su jefe, además, hace trampas.

Ahora pretenden que el pueblo español dé su conformidad a aquel monumental fraude, quieren que nos hagamos cómplices de su tremenda mentira.

Esto, naturalmente, no es bueno para el sistema democrático. La democracia se resiente cuando el presidente del Gobierno se hace merecedor de fama de tramposo, embustero, fullero y oportunista. No es bueno para el sistema que el presidente empiece a ser conocido como Pinocho González.

En cualquier democracia consolidada tienen una solución muy sencilla y eficaz para estos casos: la dimisión instantánea e irrevocable del político que donde dijo «digo» dice «Diego» y su sustitución por algún otro líder de la mayoría. En España tenemos algunos socialistas que no destacaron tanto en su oposición frontal a la OTAN; quizá Luis Solana, Fernández Ordóñez o Miguel Boyer. Aunque, sin duda, to más correcto seria ta disolución de las Cámaras y la celebración de elecciones a tas que concurrirían los partidos con sus programas actualizados. Eso, al menos, sería una prueba de honradez política. Pero a nuestros socialistas en tres años se les han olvidado los cien.

En lugar de actuar conforme a los usos parlamentarios prefieren celebrar un referéndum absurdo y costosísimo que les exculpe de sus comportamientos anteriores, creando un nefando precedente para cualquier político avispado que llegadas las elecciones podrá hacer cuantas fáciles promesas se le ocurran, por disparatadas que sean, porque sabrá que cuando tenga que cumplirlas basta con celebrar un referéndum convenientemente manipulado y todos contentos. El PSOE no busca el si ni el no, busca la absolución.

Pero el referéndum es un atentado a la democracia no soto porque choca con los más elementales principios de ética política, sino porque, además, amenaza en convertir a la democracia parlamentaría en dictadura plebiscitaria y porque está elevando la «temperatura» política y la crispacion a niveles peligrosos. La opinión pública está dividida y las posturas son cada vez más radicales y encontradas. Ya se han producido heridos y salidas de tono de algunos dirigentes (V. gr., Guillermo Galeote, dispuesto a repartir «mamporros», aunque el empleara otros términos). Parece como si el país viviera en las nubes, como si el desempleo, la delincuencia, la droga o la educación no fueran problemas preocupantes. El debate sobre la OTAN ha alcanzado un protagonismo inmerecido. Tal como están las cosas, parece claro que el día 13 de marzo, conocidos los resultados, seguiremos ignorando la opinión popular.

Se efectuarán múltiples lecturas del referéndum; cada cual tratará de presentarlo como victoria propia y derrota ajena, y la sociedad continuará escindida y enfrentada. Es lógico que esto suceda, dada la confusión en que la pregunta ha sumido a la opinión pública.

Soto será daro el resultado si el porcentaje de abstenciones es amplio. Significaría que el pueblo español se niega en redondo a ser cómplice de una farsa de tal magnitud. Por ello, la abstención no es sólo una postura inteligente y sensata, sino una auténtica necesidad.

Un joven como yo, que ha dedicado varios años a pedirles a otros jóvenes que participen en la vida pública, se comprometan e integren, he de decir que en esta ocasión la mejor forma de participar, la más honesta, ía mejor que sirve a España y a la democracia es no votando. Porque votar sí no es votar a favor de la OTAN, sino de la frivolidad del Gobierno. Votar no es alinearse con tos trasnochados y extremistas de izquierdas. No votar es decir s/ a la OTAN, pero no a la demagogia socialista. No nos equivoquemos y actuemos con la cabeza. Es necesario no votar.

 

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