Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El fuego eterno     
 
 ABC.    09/03/1986.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

OPINIÓN

ABC/21

Escenas políticas

EL FUEGO ETERNO

DE aquí al miércoles, todavía le oiremos más amenazas a don Felipe González. ¡Y nos quejábamos de los profetas de la catástrofe! Toda clase de desgradas y maleficios caerán sobre nosotros, si no votamos «sí» en el dichoso referéndum: aislamiento, pobreza, orfandad tecnológica, bloqueo comercial, desestabilización política... Esto no es un referéndum. Esto es el fin del mundo. Al lado del referéndum, el cometa Halley es una hada madrina, y et fin del milenio, un emporio.

Sólo falta que don Felipe nos amenace con castigos sagrados, bíblicos o providenciales, Al que no vote «sí» se le secarán los ojos, fe sorberá el saín el sacamantecas, se le caerán los dientes rechinantes, le saldrá bocio, cogerá !a sarna, le entrarán los muermos, le nacerán los cuernos, se le caerá la carne a pedazos, como a los leprosos; padecerá de almorranas y de incontinencia de orina, sufrirá obstrucciones intestinales y, además, se quedará impotente. Vamos, que de lo de la educación sexual, se vaya despidiendo.

«Abomidad las bocas que predicen desgracias eternas», dice el poeta. Son tantas !as desgracias que nos anuncian que, conociendo el carácter y la índole de los celtíberos, estoy seguro que algunos de nosotros vamos a decir: «Pues, venga, a ver si es verdad que se me cae el mundo sobre la cabeza, pero no, yo no me achanto. Él que vote que "sí", mariquita.»

Y luego, los extranjeros. Reagan dice que espera que nos mantengamos en la OTAN. Los alemanes se meten en nuestra casa y nos explican cómo tenemos que lavar los trapos y fregar los platos. Los ingleses también nos dan consejos. ¡Pero, señores, que tampoco se hunde el mundo! Tenemos un jefe de Gobierno que ha metido la pata y ha armado un tiberio innecesario, y se ha pasado de picaro. De acuerdo. Pero esa insensatez no es suficiente para llevarse la península ibérica más allá de ios Urales. Nosotros somos Occidente y seguiremos siendo Occidente, y si sale el «no», no salimos, y si salimos, ya volveremos a entrar y, además, sin condiciones vergonzosas. Y, sobre todo, que aquí votarnos lo que nos sale. O sea, lo que nos da la rea) gana. ¿Conocen?

Y qué trajín se traen y se llevan con los muertos. Don Pablo Castellano dice que don Enrique Tierno habría votado «no». (Ahí, en esa actitud de don Pablo Castellano, hay gato encerrado. A lo mejor, existe alguien en la sombra que ya está preparándose para la sucesión de don Felipe.) En cambio, don Juan Barranco afirma que don Enrique Tierno habría votado «sí». Parece que se estén disputando las vestiduras ideológicas del «viejo profesor», que vaya usted a saber lo que habría votado. De pronto, doy un respingo.

«Franco habría votado "no", leo en un artícuto de mi amigo Ismael Medina. ¿Franco votar? No sé, no sé.

Y los banqueros, que dicen que van a votar «sí». O sea, que Franco votaría Jo contrario de los banqueros.

No sé, no sé. Franco, que no. Los banqueros, que sí. Cuevas, que da igual. Pablo Castellano, que no, o sea, como Franco. Y don Alfonso Guerra, que sí, o sea, como los banqueros. No me casa nada. Esto es un manicomio.

Sale por la tele José María García y dice que «sí», que no podemos ser como Zambia. ¡Pero, hombre, José María, si a lo mejor los de Zambia son los que antes dirían que «sí»! Y Mercedes Milá sonríe, como diciendo: «Qué bien lo he hecho.» En cambio, don José María Calviñp dice que, al oír a José María García, se quedó estupefacto. Bueno, estupefactos estamos todos, sobre todo después de escuchar la televisión. No sabe uno a quién admirar más, en cuanto a descaro, si a un José María o al otro.

Un día de éstos, don Felipe González nos dirá que si votamos «no», quedaremos condenados a la pena del fuego eterno. Pedro Botero nos pinchará con su tenedor para meternos en la caldera de aceite hirviendo. Y dan ganas de contestar: «¡Pues eso es lo que a mí me gusta: el cachondeo, el cachondeo!» Y encima anuncia que si no permanecemos en la OTAN, se perderán puestos de trabajo. ¿Más, señor presidente? Bueno, sí. Por de pronto, el suyo.

Jaime CAMPMANY

 

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