Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   La desigualdad socialista     
 
 Ya.    07/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

7-V-77

ver, oir y... contarlo

La desigualdad socialista

Don Gonzalo Fernández de la Mora escribe en "ABC": "Un socialismo que tiene que mantenerse con

el telón de acero y los archipiélagos Gulag es evidente que no ha instaurado la libertad, sino

la tiranía. Un socialismo que depaupera a uno de los países más desarrollados de Europa

—Checoslovaquia— y que se caracteriza por el despilfarro inversor, la minimización de las rentas

salariales y la baja productividad, es evidente que no conduce al paradisíaco bienestar, sino a

la austeridad forzada.

La primera gran denuncia fue la de Djilas en su famoso libro "La nueva clase"; pero aquélla fue

una descripción anecdótica, no una interpretación estructural. A lo largo de la última década se

ha avanzado bastante en esta línea, sobre todo a partir del poco conocido informe de dos

universitarios polacos posteriormente expulsados del partido, K. Modzelewski y J. Kuron

(traducido al castellano bajo el título "Socialismo o burocracia"), y de numerosos estudios

monográficos sobre los países colectivistas. Estos son los hechos esenciales:

1. En el Este, más que "socializar", se ha estatizado la economía. El capitalismo mixto del

mundo libre —propiedad privada y subsidiariamente pública de los medios de producción— ha sido

sustituido por el capitalismo monopolista de un dueño único, el Estado.

2. Todos los trabajadores han pasado a depender de un solo patrón, que fija autoritariamente

los salarios, las inversiones y el reparto de la renta nacional. Se produce así una inapelable

y permanente militarización de la mano de obra. El empleado ya no tiene nada que negociar, sino

que ejecutar.

3. Para planificar, dirigir y controlar toda la actividad económica se crea un extensísimo y

complejo mecanismo de gerentes, técnicos y administrativos que, a su vez, requiere una

organización fiscalizadora.

4. Como el Estado asume simultáneamente todos los poderes políticos y económicos, y como el

"Partido Comunista" monopoliza la autoridad, es el Partido quien domina la economía y la política.

5. El Partido es una minoría férreamente estructurada en una pirámide de funcionarios

seleccionados por cooptación, según su ortodoxia y disciplina.

6. Esta burocracia es la nueva clase, que es supercapitalista en el sentido de que dispone de

todos los medios de producción internos, salvo la mano de obra; pero que es burguesa en el sentido

de que, salvo excepciones, tiene unos ingresos relativamente discretos. La desigualdad no es tanto

salarial cuanto jerárquica: la burocracia o aparato del Partido, a diferencia del resto de los

ciudadanos, detenta el Poder, con lo que ello entraña de prestigio y capacidad de realización

individual.

7. Esta burocracia tiene su interés de clase, que es mantener y perfeccionar su posición

hegemónica; aspira, como los grandes empresarios, a poseer más fábricas y, como los mariscales, a

disponer de más fuerza. Para ello destina la mayor parte posible de la renta nacional a la

acumulación de capital, a servicios de información y propaganda, a la política, al Ejército, y a

la subversión exterior, lo cual le permite extender su área de influencia.

8. A fin de satisfacer ese interés, típicamente clasista, la burocracia tiende a reducir el

consumo y, por lo tanto, los salarios hasta el mínimo vital y aún por debajo de él. Esto es

bastante factible, puesto que el proletariado está indefenso ante un empresario único y

todopoderoso. En ningún otro sistema económico se encuentra el obrero tan inerme. Análogamente

a lo que ocurre en el capitalismo occidental, en el capitalismo estatal del Este hay un excedente

entre producción y salario, una plusvalía, cuya administración se reserva el aparato del Partido.

Según el informe antes citado, en la Polonia de 1962 el trabajador industrial percibió como

salario poco más de la cuarta parte del valor de lo producido; el resto lo empleó la burocracia

en multiplicar su potencia. Y los salarios, que en 1949 representaron el 78 por 100 de la renta

nacional, descendieron al 60 por 100 en 1953.

9. Independientemente de las gravísimas contradicciones económicas del sistema, la desigualdad

creada por el marxismo es la mayor de las actuales por la exigüidad de la minoría preeminente y

por la abismática distancia que separa al trabajador y a la oligarquía del Partido. Es, además,

una desigualdad trágicamente alienadora, porque afecta no tanto a los bienes materiales cuanto a

la identidad personal: sólo una fracción de la burocracia puede ser ella misma y pensar." 

< Volver