Autor: JASA. 
   La defraudación Fraga  :   
 o la caída de un hombre de Estado ante el miedo a la impopularidad. 
 El Alcázar.    15/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

La jornada política

LA DEFRAUDACIÓN FRAGA

(o la caída de un «hombre de Estado» ante el miedo a la impopularidad)

No es un secreto para nadie que las serias tensiones en Alianza Popular se inscriben en un contexto más

amplio, que es el de la estrategia de la derecha, para articular su preponderancia. Las dos ramas del

llamado «neofranquismo» (UCD y AP) están librando la dura batalla de la ingravidez, a base de soltar

lastre continuamente entre sus, hasta ahora, más firmes pertenencias políticas. En el caso de Unión de

Centro Democrático, el «striptease» ha revestido tonos casi lúbricos. Alianza Popular, ha preferido

realizar su metamorfosis más tímidamente, pero, al final, ambas facciones han llegado a un mismo nivel

de confluencia: su desnaturalización.

Lo hemos dicho más de una vez: la gran batalla organizada desde el poder antes del 15 de junio, para

reconvertir el «franquismo sociológico» en principal fuerza motriz sustentadora del cambio, está

concluyendo. Alianza Popular, disgregada, desdibujada, reducida al mero reflejo opaco de una materia

inerte, busca su acomodación incorporándose humildemente en vasallaje ante el prohombre de Cebreros.

¿Qué representa, en términos políticos actuales, la culminación de la maniobra? Así me lo han

interpretado varios dirigentes decepcionados de AP; en primer lugar dicen , la ampliación de la base

ucedista al ámbito rural, a base de incorporar los reductos conservadores controlados por Alianza para la

estrategia del Gobierno ante las municipales. Es de anotar que varios miles no me atrevo a precisar la

cifra de alcaldes en toda España, formaban un importante sustrato aliancista. En segundo lugar, el

trasvase de sectores influyentes del capital a la expectativa atenta de las evoluciones del Gobierno. No

pueden sentirse representados por una fuerza que no nace más que servir de dócil comparsa al partido

mayoritario, ni pueden tampoco transigir con las veleidades de un equipo ministerial que puede dejarles

en bancarrota, merced a sus alegres combinaciones en la ruleta de la improvisación y la audacia.

Lo que está sobradamente claro, es que Alianza Popular ya no existe como tal entidad política sustentada

sobre un programa estable y una linea de conducta propia. Con la pérdida de ambas, ha querido

ganar torpemente en popularidad, cuando resulta que, en definitiva, tan sólo ha sido derrotada, y

estruendosamente, en personalidad propia. Fraga pudo ser una especie de Chirac al frente de la derecha

conservadora, pero ha defraudado por completo al no tener la suficiente valentía como para cargar, sin

miedo, con la impopularidad. Triste situación para un político: verse desprestigiado y hundido,

precisamente por la misma fuerza que controló, la prensa. Pero el caso de Alianza no es el único.

Aparte de proporcionar libertad de conducta a muchos militantes decepcionados, la disolución de A P, ha

sido solamente el primer paso en el proceso de asimilación gubernamental de otros grupos minoritarios,

que van desde Reforma Social Española, hasta la antigua ANEPA. UCD ha comprendido que necesita

abarcar por completo su espectro político —clases medias, tecnocracia, sectores conservadores—, para

intentar su consolidación como partido. Por eso está engullendo a estas minorías extraparlamentarias con

tanto apresuramiento como despropósito. Otra vez, tan sólo cuentan los votos. El PSOE, por su parte,

hace otro tanto con el PSP y demás fuerzas más o menos próximas. De nuevo. Tierno es el gran obstáculo

con su intransigencia personal y política. La unidad socialista se está convirtiendo en algo así como una

estelequia cada vez más distante y etérea, a fuerza de mencionar y reiterar su "inexcusable necesidad".

Mientras tanto, se nota cada vez más que entramos en el dominio informativo de la objetividad. Si señor,

hay que ver con qué sutileza la controlada parlamentariamente RTVE, y demás medios de comunicación

social del Estado, ocultan discretamente a radiotelevidentes y lectores, los atentados contra miembros de

la Fuerza Pública, en una maraña de informaciones oficiales. Hay que preguntarse, objetividad ¿para

quién? ¿Para favorecer los intereses de los grupos con mas escaños? ¿Quién defenderá los derechos a una

información libre y responsable, de quienes no estén patrocinados por UCD y PSOE? Objetividad, no.

Tan sólo, deferencia al más fuerte.

JASA

 

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