Autor: Cerón, Julio. 
   La liberación silenciosa     
 
 ABC.     Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

CULTURA

ABC,pág. 31

LA LIBERACIÓN SILENCIOSA

Por fin despierta el leen ensopado. Enseopado, el león las masas, digo por cuarenta años sin voz ni voto y diez sin voz. Una vez más, esta extraña Península inquietante -espléndida también- aporta su novedad al resto del mundo (llamémoslo así). De ella salieron, y las demás lenguas las recogieron, palabras como camarilla y guerrilla, junta y liberal, camarada y pronunciamiento! Ahora, vamos a presentar en el escenario general la novedad de una liberación silenciosa: unos votantes que se sublevan contra las consignas de sus pastores naturales, y no en proporciones pequeñas, que esto puede ocurrir en todas partes, sino a lo descarado, a lo desproporcionado. Según tos variopintorescos sondeos, la mitad de los votantes socialistas no quieren saber nada del SI y varí a votar que no. En vez de abstenerse como es su consigna, los de derechas van a votar que sí -lo cual ya es rebelarse en la proporción de un 50 por 100; peor aún, más grave todavía, y más consternador para sus mentores, de un tercio a la mitad van a votar que NO. Esto, según los sondeos. Porque, si aplicamos el índice corrector, derivado de esa inercia sociohistórica que es la actitud de recelo ante el atildado sondeador de las masas, cabe pensar que los rebeldes de ambos bandos unos y otros pronunciándose en el mismo sentido del NO (¡si esto no es una novedad mundial...!) serán muchos más.

Y no es que la gente de orden que nos gobierna no haya echado toda la carné en el asador movilizando a ía gente de orden que nos administra las cosas, en la persona de los presidentes o directores de -comprimo- Butano (¡ Butano I: no te puedes fiar de nadie). Y desde la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, el sector de explosivos de Río Tinto, los Servicios Funeraros de Madrid y la Empresa Nacional Santa Bárbara (se acuerdan ahora de ella) hasta la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y la Sociedad General de Autores de España, la cual resulta ahora ser una empresa. Todos ellos partidarios del SI en anuncio de pago, nadie lo ignore.

En 1969, De Gaulle estaba en el cénit de su gloria. Porque, en un momento difícil anterior había prometido un referéndum sobre un tema, en definitiva secundario en proporción a su obra —referéndum sobre el Senado y la regionalización-, y convencido de que lo tenía ganado, lo convocó. Los sondeos anteriores eran malos para él, pero el Poder ensoberbece, el Poder atonta.

Los sondeos finales fueron más severos todavía, y recuerdo su última aparición en la televisión, horas antes: él, que era el orgullo desmesurado, el mesianista absoluto, implorando a los franceses, por vez primera humilde, mendicante. En su suplicación de máximo orgullo herido, se ofreció a no terminar su mandato de presidente y a retirarse un año después, al cumplir los ochenta, pero «dejadme un poco más en el Poder», vino a decir. El paralelo impresiona: Felipe González y su «si quieren aplicarme un voto de castigo, esperen a las elecciones generales». De Gaulle se murió a poco, de tristeza, según sus familiares

De tristeza y de no comprender por qué, de pronto... El de nuestro símil, Felipe González: «Hay veinte puntos de diferencia entre nuestra puntuación y la de la siguiente fuerza política», y luego, para sus adentros: «¿Cómo, entonces, va a pasarme ahora esto de golpe?»

En sus entrañas, que no acertamos a ver, ni tampoco ellas mismas, las masas fallan, las masas sentencian. Entre nosotros se está gestando, y se ha gestado, un bloque heteróclíto y disparatado, palabra de la Historia. Repudio común, a lo mejor incomprensible y, desde luego inesperado. Tal ha sido el mensaje -quiero decir, mi constatación desde que escribo estas cosas: a envilecimiento de las masas máximo, esperanza máxima. Porque no hay mansurronería que cíen años dure, porque todo cansa, hasta el hastío, porque del montón de estiércol más descompuesto acaba naciendo una flor carnosísima, y porque todo tiene un límite, sencillamente.

(Y, sin embargo, me puedo equivocar de medio a medio en mi pronóstico de un 80 por 100 de NOES, y hasta puede que salga un 50,001 de SÍES. Porque, dejémonos de rodeos: aparte de unos cientos de miles de derechas y de otros tantos activistas del PSOE y en él interesados, el grueso del SI será el voto de quienes, de izquierdas y hostiles a la OTAN o al Poder de ahora, o a una y a otro, temen que lo que venga después sea la derecha, dado que no hay alternativa en la izquierda, sino difíciles convergencias laboriosas, con el lastre de muy comprensibles, pero nocivísimos, personalismos. «Después del PSOE ¿qué?», en suma. A cada vez, el mismo apocamiento, constado y contesto yo: de esas cosas subalternas se ocupa el instinto general; las masas proveerán, las masas darán con la persona.)

Nota para Carlos Luis Alvarez, Miguel Ángel Aguilar, Juan Cueto, Tomás Llorens, Javier Pradera y José Miguel Ullán.

Aun no estando de acuerdo con vosotros, entiendo perfectamente que propugnéis el SI. Pero no así: estampando vuestra firma al pie de un texto semejante, que pasará a la Historia.

Empieza con un galicismo de moda «(pui échappent á)». Viene luego un crescendo casuístico, que ni los padres Escobar y Sánchez, con tanta razón zaheridos por Pascal en sus provinciales: «desfiguración (del) sentido unívoco el NO, «la abstención ha quedado adulterada»; de lo que se deduce que el único sin desfigurar ni adulterar, la suprema univocidad, es el SI, inmaculada concepción según el siglo, por lo visto.

Texto, sobre todo, en el cual viene la mayor abominación: la palabra «ciudadanía». Cifra y compendio, espejo de los diez años de gofio blando. A una cosa que se está viendo que es el pueblo y que son las masas, a algo que de toda la vida ha sido, y es, pueblo y masas, lo Haman ciudadanía.

Quedan unas horas. Si todavía podéis cambiar de opinión, retirad del engendro vuestra firma. Si seguís aferrados al SI, lo mismo: retirar vuestra firma del engendro, ora suscribiendo entre los seis un texto nuevo, ora explicando que os pasáis al otro documento, el de los catedráticos, partidarios también del SI, pero que, por lo menos, dieron una redacción castellana y sin casuismo a sus razones.

Julio CERÓN

En círculos allegados a otros círculos, me cuentan que el David (hijo de Lázaro) de esta noche en Radio Cero (de 10 a 12: 107.5 FM) y de mañana por la mañana en «Tiempos modernos» (a ¡as nueve en punto: 92.3 FM en Madrid) viene muy bien, y rto como el de la semana pasada, que fue flojo.

 

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