Necesidad de un acuerdo democrático para después del referéndum de hoy     
 
 ABC.    12/03/1986.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

MIÉRCOLES 12-3-86

OPINIÓN

ABC, pag. 15

NECESIDAD DE UN ACUERDO DEMOCRÁTICO PARA DESPUÉS DEL REFERENDUM DE HOY

UNA situación tan peculiar y atípica como la creada por la convocatoria del referéndum sobre el que hoy se habrán de pronunciar los españoles, demanda, cualquiera que sea el resultado de la consulta, una solución atípica y peculiar también. Las actuales condiciones son peligrosas, potencialmente abiertas a desestabilizaciones asimismo importantes.

Pocas veces desde que terminó la Segunda Guerra mundial se han podido plantear en los escenarios europeos unas circunstancias tan propicias para que, desde la política exterior y de defensa, se generaran dinámicas de desestabilización tan peligrosas; peligrosas para la política interna y para las instituciones en que esta política se asienta. Cuando de una cuestión de política exterior en la que la diplomacia y defensa andan de la mano se hace un asunto de política interna, parece lógico y res uta altamente probable que se vengan a volcar sobre ésta muchos de los problemas exteriores. De tal manera pueden las tensiones internacionales formularse súbitamente en términos de cuestiones interiores, presentándose como asuntos estrictamente nacionales lo que son cuestiones de orden primordialmente internacional.

La manipulación de los grandes enunciados estratégicos internacionales para presentarlos como recurso de política interna, comporta precios en los que el Gobierno socialista no parece haber reparado, pese a que desde estas páginas hayamos insistido una y otra vez en los riesgos que podríamos arrostrar nacionalmente si este referéndum se convocaba. Pero toda vez hemos llegado a esta fecha del 12 de marzo, cuando no es posible la marcha atrás, creemos necesario advertir sobre la necesidad nacional de que, sea cual fuere el resultado de la consulta de hoy, todos los partidos democráticos del arco parlamentario establezcan un acuerdo para la política exterior. Pues desde la política exterior, por haber sido instrumentada, se ha dividido a los españoles en términos nada recomendables ni tranquilizadores, necesario será que se establezca un pacto —especialmente -si el resultado del referéndum es el de victoria de los noes- sobre esa misma política.

EL peso ingente de la desinformación y la inexperiencia aportada por los socialistas a la obra de Gobierno, ha tenido en economía un precio cierto en pérdida de tiempo, pues si antes hubieran rectificado antes habríamos estado en condiciones de aprovechar el regalo que supone la caída del precio del petróleo y del dólar. Pero si en economía ha sucedido así, en política exterior y defensa el precio puede ser infinitamente más alto. Cabe el riesgo de que tengamos qué pagar por el referéndum de hoy una factura en la que todos sus componentes sean fácilmente mensurables. El precio de la desestabilización de las intituciones democráticas podría ser quizá el más alto de todos. Nunca desde la, fundación de la OTAN se había puesto más claramente a subasta el equilibrio estratégico europeo ni, tampoco, nunca habían sido tnás atractivas y seductoras las condiciones de partida y para el comienzo de la puja. En cierto modo, España será hoy para quienes todos sabemos, y durante unas horas, tierra de nadie. No les importará que el referéndum sea consultivo y que, en todo caso, habría de transcurrir un año antes de que nuestros aliados de la OTAN aceptaran el eventual desistimiento, para el caso de que la consulta arrojara un resultado negativo. Las acciones de escalada no se hacen por la via del derecho, sino por la de hecho.

TODO esto, tal como decimos, tendrá repercusiones indiscutiblemente negativas sobre nuestra política interna, al haber hecho objeto de ella la cuestión de la OTAN. Al desconcierto internacional provocado por el" referéndum de hoy no debe seguir un desconcierto nacional consecuencia de los resultados de este mismo referéndum. La política exterior no debe generar, por prolongación del clima y desacuerdos provocados en la campaña del referéndum, disensos tan profundos para la convivencia nacional que sean, a la postre, capaces de desestabilizar las instituciones y de arruinar lo que los españoles hemos conseguido con tanto esfuerzo durante los últimos diez años. Contra el,riesgo de un repercutido disenso capital en política interna, todas las fuerzas políticas interesadas en preservar el sistema democrático deben ir a partir de mañana mismo, al margen y con independencia de cual sea el resultado del referéndum de hoy, a la busca de un acuerdo en las cuestiones claras de política exterior. Y es que, además de lo dicho hasta aquí, el consenso de los partidos democráticos en política exterior será necesario también para el propio decoro y correcto funcionamiento internacional de nuestro Estado. El consenso para la diplomacia es necesario, mientras que una diplomacia para el consenso imposible en materias donde se dirime el modelo de economía y el modelo de libertades políticas, nos haría retroceder diez años: al tiempo preconstitucional en que nada había pactado, convenido ni establecido para cualquiera de las cuestiones principales de nuestra convivencia.

ESE acuerdo para las cuestiones claras de política exterior al que deben acudir a partir de mañana todas las fuerzas democráticas, pero especialmente el Gobierno socialista y Coalición Popular, con los nacionalistas catalanes y vascos y los reformistas, es una operación necesaria y a la que habrá de aportar la parte que más ha contribuido a crear la actual situación. El Gobierno de Felipe González cayó en la tentación de plebiscitarse en el asunto de la OTAN. Habrá de pechar el PSOE con la obligación histórica de pactar la política exterior, al margen de cuál sea el resultado del referéndum.

 

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