Autor: Ussía, Alfonso. 
   Urgen los baberos     
 
 ABC.    12/03/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

«Cosas que pasan»

URGEN LOS BABEROS

TAN amordazada está la libertad1 de expresión en Televisión Española que el director de su Informativos, Enrié Sopeña, no sabe hablar si no es con la boca cerrada. La primera vez que le vi, durante una lamentable intervención en el programa de Mercedes Montseny -también Milá-, tuve la sensación que Sopeña era un periodista que sufría de dolor demuelas. Esa manera de hablar, de articular las palabras, es habituaren quienes experimentan el doloroso trance de la picadura bucal. No les niego que inchjso, por aquel cercano entonces, admiré su sentido de la responsabilidad y su concepto del deber cumplido. «En lugar de acudir al dentista, ahí le tienen cumpliendo con su obligación», me dije a mí mismo, porque mi mujer se había traspuesto y uno carece suegras a mano, como Jaime Campmany, para comentar los hechos y polemizar los avatares.

Quien se alegra y regocija con los dolores de muelas del prójimo, aunque el prójimo sea Sopeña, no es una buena persona. Tampoco pretendo engañarles asegurándoles que aquella noche no pude dormir de la preocupación, mas lo cierto es que una elímera sensación de lástima solidaria se manifestó en mi colon, que es donde se muestran, según el inolvidable don José María Pemán, y no en el corazón, los reflejos anímicos humanos. «Lo siento de todo colon», «te quiero con todo mi colon» y «lamento de colon lo que te ha ocurrido», son expresiones, pues, perfectamente correctas y adecuadas, y yo sentí de colon el dolor de muelas de Enríe Sopeña, que hablaba entre dientes, emitía sonidos, apenas movía los labios y decía muchas tonterías, propias, seguramente, de la fiebre.

Pero el otro día volví a ver en televisión al señor Sopeña y seguía con la boca mustia. Le vi participar en la patraña más redonda que haya montado nunca Televisión Española. A su lado estaban Manuel Campo Vidal, Rosa María Mateo, Ramón Cotom y un novedoso Vidal, que fue presentado al numeroso y perplejado público como subdirector de los Informativos del pobre «Pirulí».

Frente a ellos, por separado, y para que no se sacaran los colores unos a otros nuevo y eficaz sistema de debate manipulado, tomaron asiento Gerardo Iglesias, Manuel Fraga Iribarne y Felipe González. Con Iglesias y Fraga, el «Quinteto de la Tramoya» anduvo inquisidor y agudo. Cada vez que Sopeña formulaba una pregunta a don Manuel Fraga, cerraba aún más la boca, como acentuando su aguda crisis molar por medio de la expresión de asco. Y como Fraga contestaba correctamente y con argumentos poco rebatibles, el señor Sopeña clausuraba todavía más los morros y no había cristiano que le entendiera.

Cuando ya estábamos los españoles en un tris de descolgar el teléfono para enviarte a don Enric un odontólogo a cobro revertido, apareció en la pequeña pantalla el presidente del Gobierno, don Felipe González. En ese preciso instante, los cinco periodistas de TVE cambiaron de actitud. Una corriente de respetuosa amabilidad les invadió los ánimos, y hasta cierto cococnileos de traviesa complicidad no pasaron inadvertidos. El novedoso subdirector aparcó la cáustica y se entregó a la bucólica; Ramón Colom, que está preocupante de gordo, se turbó de mofletes; Rosa María Mateo exageró su belleza, como una faisana ante la proximidad del ídolo; Campo Vidal acentuó su buen gusto, y a Enric Sopeña le desapareció el dolor de muelas.

O engulló un analgésico aprovechando un respiro de la cámara o fue por la emoción, que siempre anestesia. De otra manera no se podría entender su heroica y extastada apertura de boca.

Pero, una vez más, TVE falló. Se olvidaron de los baberos.

Alfonso USSIA

 

< Volver