Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Las alfombras     
 
 ABC.    12/03/1986.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

OPINIÓN

ABC/ 17

Escenas políticas

LAS ALFOMBRAS

YO creo que lo que te sucede a don Felipe González no es que deje de cumplir las promesas electorales.

Don Felipe cumple las promesas, sólo que al revés. Por ejemplo, prometió qus crearía ochocientos mil puestos de trabajo, y lo que ha hecho es crear ochocientos mil puestos de desempleo. Prometió un referéndum para sacar a España de la OTAN, y lo ha convocado para dejarnos dentro. Prometió entronizar la ética en la vida pública y en la gestión política, y lo que ha hecho es permitir el ancha es Castilla. Prometió profundizar en las libertades democráticas, y, como nos descuidemos, nos regresa al despotismo, en este caso, al despotismo desilustrado. Prometió levantar las alfombras del Palacio de la Moncloa, y lo que ha hecho es llenar la Televisión de alfombras de la Moncloa. O sea, que, como diría mi chacha Felisa, al revés te lo digo para que me entiendas.

El domingo pasado me quedé a ver aquel inesperado programa de televisión en el que entrevistaron a tres líderes políticos: don Gerardo Iglesias, don Manuel Fraga y don Felipe González. Digo «inesperado» programa porque nadie, sino ellos mismos, sabían que se iba a celebrar, ni siquiera los personajes que intervenían. A don Manuel Fraga le avisaron a las cinco de la tarde -la hora lorquiana de las cornadas y a Gerardo Iglesias más o menos al mismo tiempo. Los cinco periodistas que interrogaban a los líderes políticos tenían dos caras: una para entrevistar a la oposición, y otra para preguntar al presidente del Gobierno. Para la oposición eran como jabalíes, y para el presidente eran alfombras de la Moncloa. A don Gerardo iglesias le acosaron de manera inmisericorde. A don Manuel Fraga, le prepararon cepos insidiosos y trampas dialécticas. Y a don Felipe González le tendieron a los pies el felpudo.

El espectáculo que programaron mis colegas era, sencillamente, sonrojante. Don Manuel Fraga había propuesto un programa, en radio o televisión, al modo y estilo de los que se celebran en los países verdaderamente democráticos: un mano a mano entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición.

Don Felipe no salió al campo. Hizo bien, porque habría quedado malparado. Seguramente conoce sus limitaciones dialécticas, y no quiso correr otro riesgo como el que corrió en e! debate del Congreso. A don Felipe lo que le va son estas entrevistas con alfombras a los pies. Necesita entrevistadores que se las pongan como a Fernando Vil, y que le dejen hacer las carambolas de bola a bola, y además que le escuchen con la boca abierta para tragarse las ruedas de molino como si fuesen bocaditos de Lyón. Solo así se siente seguro, y no se atreve a enfrentarse con alguien que no le pase los «errores de cálculo», que no le corrija las fechas históricas que conoce cualquier bachiller, que no le haga ver la debilidad de sus argumentos o la contradicción de su discurso, y que al menos se sonría cuando el señor presidente dice «desolaridad», «Islanda» o «discursión». Don Felipe González necesita entrevistadores «preparados», tragaldabas, sacristanes de amén, felpudos y siseñores. El día que se decida, si es que se decide, a encerrarse en una plaza con tres entrevistadores bravos no va a salir del burladero.

Don Enrique Sopeña, ese chico que tiene la virtud de hablar con la boca cerrada, como si fuese ventrílocuo, y don Ramón Colom, a quien se le pone gesto de pasmarse be sus propias palabras, y Rosa María Mateos, que sólo usa el lápiz como adorno o como batuta, y ese otro chico Vidal, que habla frunciendo la nariz, como si le olieran mal sus propias locuciones, y Campo, que ya tiene experiencia en estos trances del alfombrado, se encuentran ante un claro porvenir profesional. Si alguna vez son desterrados a los pasillos de Prado del Rey, podrán colocarse en el suelo de los salones de la Moncloa.

Jaime CAMPMANY

 

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