Autor: Valcarcel, Darío. 
 La OTAN, hoy. 
 El referéndum y la ruptura del socialismo español     
 
 ABC.    12/03/1986.  Página: 54. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA OTAN, HOY

EL REFERENDUM Y LA RUPTURA DEL SOCIALISMO ESPAÑOL

Guando Guy Mollet fracasó en su empeño por conservar la Argelia francesa, no «matizó» su posición para defender de la noche a la mañana una Argelia independiente: el socialismo francés le apartó definitivamente de la vida política. Sobre las cenizas de la SFIO nació el nuevo socialismo de Mitterrand

No existe un partido político en las democracias europeas que pueda resistir, como si se tratara de un pequeño episodio, el paso de un programa anti-OTAN a un programa proOTAN. Es el giro más profundo que pueda darse, porque es un cambio de naturaleza en la ideología del partido. Con desenvoltura y desconsideración a la perspicacia de los ciudadanos, un dirigente socialista abordó el problema así: «Felipe González ha matizado en estos años su pensamiento sobre la OTAN.» ¡Menuda matí-zación! González defendió desde el 75 al 82 el neutralismo contra el modelo de democracia de libre iniciativa y libertades cívicas que defiende y garantiza la Alianza Atlántica. En su tendencia personal en favor del Polisario y de Daniel Ortega, en su incapacidad para entender lo que representa Gadafi o Castro, Felipe González representa también la incapacidad para comprender espontáneamente los valores comunes compartidos por las quince naciones de la Alianza. No se puede pasar del antioccidentalismo primario al atlantismo secundario. Cuando Guy Mollet fracasó en su empeño por conservar la Argelia francesa, no «matizó» su posición para defender de la noche a la mañana una Argelia independiente. El socialismo francés le apartó definitivamente de la vida política y nació sobre las cenizas del SFIO el nuevo socialismo del PS fundado por Francois Mitterrand. La falsedad que se quiere transmitir a los electores consiste en mantener que ésta es una pequeña adaptación sin importancia. Es un cambio gigantesco que ha roto e( eje doctrinal del socialismo español.

Esa fractura ha producido una suerte de vaciado ideólogico del partido, una patética renuncia a las convicciones. A partir de ese proceso se ha desarrollado una crisis de alergia a las ideas, a causa de la cual el PSOE de Felipe González no ha podido definir hasta hoy, y sigue sin definir, su proyecto de relación España-OTAN.

El desconocimiento de la realidad europea demostrado por Felipe González al convocar el referéndum desemboca en una primera ruptura de calado histórico. La unidad del socialismo era precaria, pero tendía a una mayor consistencia. Ahora, la ruptura en la izquierda y en el seno del mismo Partido Socialista Obrero Español es un hecho de incalculable magnitud, que afecta a la estabilidad institucional y al proceso de consolidación del régimen democrático.

Para salir del campo minado que él mismo ha tendido, González se ve obligado a pedir, con toda suerte de contrapartidas, el apoyo «tn extremis» de varios políticos europeos. Y así la petición desemboca en el deplorable espectáculo de los señores Brandt, Craxi o Lübber explicando a los españoles, en plena campaña electoral, lo que deben votar en el referéndum: situación vergonzosa, difundida por la televisión oficial, que ningún país europeo hubiera admitido. (Pequeño paréntesis: ya en 1981, González amenazó en el Parlamento con buscar en los Parlamentos europeos el apoyo necesario para evitar la incorporación de España a la Alianza: lo cual nos descubre una tendencia del actual presidente del Gobierno a propiciar intromisiones exteriores, aunque sean de signo contrapuesto y según la oscilación de sus incertidumbres personales.) La segunda ruptura es. pues, la del crédito de España como nación ante sus aliadas occidentales.

En un país de democracia consolidada, la vida política de Felipe González hubiera terminado con la convocatoria de un referéndum de esta naturaleza. La condición engañosa de la pregunta, las presiones ejercidas desde el Poder durante la campaña, el clima de coacción y la sensación de pérdida de pie ofrecida por el Gobierno han dado a Europa la medida de la fragilidad de una construcción que se creía más sólida. Ante los centros de poder españoles y ante los Gobiernos occidentales, Felipe González aparece como un gobernante al que apasiona lo circunstancial y horroriza lo fundamental.

El presidente es hoy en Europa el símbolo del triunfo de la apariencia sobre el contenido, de la imagen sobre la realidad. Felipe González ha escapado de los problemas verdaderos, profundos, tangibles que pesan sobre Europa. No ha entendido que un referéndum como éste no puede plantearse cuando et proceso decisivo -el de la reunificación subterránea de Alemania — reaviva todas las tensiones al este y a! oeste del río Elba. No ha entendido lo que representa toda la estrategia a largo plazo diseñada por Andropov (vigentísima hoy) para debilitar la estructura militar de la Alianza. No ha entendido lo que representa en el nuevo mapa europeo la baza de la Iniciativa de Defensa Espacial del presidente Reagan y la transformación que aporta el inestable equilibrio defensivo que mantiene la Alianza frente al Pacto de Varsovia. La situación europea admite hoy menos que nunca esta clase de juegos. El referéndum es una prueba de irresponsabilidad: es el capricho de un menor de edad empeñado en bromear con una carga de nitroglicerina. Su convocatoria es la confesión de la primacía de la política del partido sobre la política de la nación.

Lo de menos es que González gane o pierda aritméticamente este referéndum. Es previsible que lo gane por un pequeño margen, en una sociedad democrática presionada por una televisión no democrática. La gran desunión española, inducida, evitable, es, como ha escrito ABC, la derrota inevitable de Felipe González y la victoria postuma del embajador Dubinin.

Darío VALCARCEL

 

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