Autor: Muñiz Rodríguez, Mauro. 
 Señor presidente. 
 Los militares, silenciados     
 
 ABC.    11/03/1986.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Señor presidente

LOS MILITARES, SILENCIADOS

QUIENES podrían aportar la máxima información técnica, documental, estratégica, de´posición y acción, en el tema de la OTAN, los militares, han sido Silenciados. Nos preguntamos por qué, señor presidente.

Un poder preconstitucional que está amparando la vitalidad y permanencia de la propia vertebralidad democrática nacional no tiene audiencia, ni institucional ni espontánea, en la televisión, en la radio, en la propaganda del Estado, que está costando, en este caso, muchos miles de millones. Usted dijo no. Serra dijo no. Alfonso Guerra dijo no. Un silencio forzado, un fórceps político, una orden de extralimitación originada por el miedo indocumentado que padecen nos priva a los españoles, a quienes la misma Carta Magna nos garantiza el derecho a una información veraz, objetiva, plural, de un dato que muchos suponemos, con sólida argumentación no sólo dialéctica, que podría resultar decisorio para el rumbo final de la catástrofe nefanda electoral que han organizado los socialistas. Es cierto que puede resultar enriquecedora la opinión y el testimonio de los políticos, de las masas, de tos grupos, de las instituciones culturales, de los periodistas, etcétera, en el dilema otánteo, pero ¿cómo prescindir de quienes por profesión, experiencia, contactos y educación están en la médula de lo que se discute? A mí que me hablen un general o un almirante, un oficial de Estado Mayor, un especialista en armamento, un jefe de escuadrilla. Esos sí tienen que decir cosas y cortar posibilidades y definir conceptos. En cualquier caso, de sus comparecencias devendría una reflexión alineada con estas preocupaciones: en primer lugar, la unidad de España; después, lo que haya que saber de la guerra, incluida la de tas galaxias, y tercero, las ponteciatidades, muchas o pocas, de nuestra nación. Todo dicho con mesura, con seguridad, con la tremenda seriedad de quienes saben que la guerra se evita con (a paz armada, con los treinta y dos costados de la patria guarnecidos por la lealtad, el valor y e) aprovechamiento del paisaje. En cambio, hemos asistido a las intervenciones balbuceantes en el Congreso del ministro de Defensa, en tales grados de supuesta indocumentación e inseguridad argumental y polémica que me prevería a adjetivarle de ministro de la indefensión.

Yo le acuso a usted y al Gobierno socialista de haber escamoteado al pueblo una referencia de alta responsabilidad institucional, como es la explicación que el Ejército podría dar a los ciudadanos, en un nivel profesional y concreto, y sobre la solidaridad del patriotismo probado, sobre los problemas y la situación otánica de España, en el concierto europeo, a cuya libertad y seguridad queremos y debemos contribuir, como ha señalado el Rey en su más reciente viaje de Estado a la Alemania federal. Muchos ciudadanos estamos en precario en cuanto al entendimiento de la situación porque no hemos escuchado a quienes por definición y vocación saben más en el problema.

No desean ustedes desde hace años la comparecencia pública de los militares -que, en todo caso, se regla por la asunción de sagradas disciplinas porque se derivaría, quiza, de ella la inviolabilidad de la seguridad española en la máxima integración otánica militar que nos libraría del aislamiento, el empobrecimiento y la colonización. Graves cosas que exigen graves compromisos. Porque el «sí» significa en el referéndum la indecisión dentro de la OTAN y el «no» la indefensión fuera. En los dos casos gana Dubinin.

¿A qué jugamos? ¿A qué conspiración asistimos? ¿En qué secreto está el que los militares sean convidados de piedra y calle por honor lo que pudiera ser para el pueblo profunda convicción? ¿Qué tiene su Gobierno contra o sobre la OTAN de los militares que no puede conocerse en la OTAN del pueblo?

A esa respuesta que pide el referéndum te falta el dato de la entrañable e insobornable mayoría de los cuarteles a los que el señor ministro que no ha jurado bandera en público ha ordenado silencio, silencio...

Mauro MUÑIZ

 

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