Autor: Jiménez Losantos, Federico. 
 Referéndum OTAN. Balance de una consulta polémica. 
 Gana el Oeste, juega el Este     
 
 Diario 16.    13/03/1986.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

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13 de marzo-86/Diario 16

REFERENDUM OTAN

SI/NO

NACIONAL

BALANCE DE UNA CONSULTA POLÉMICA

Gana el Oeste, juega el Este

Federico Jiménez Lozanitos

CUANDO hace algunos años se empezó a hablar de hacer un referéndum sobre la OTAN en España, Henry Kissinger declaró que esa consulta se perdería hasta en Estados Unidos, porque las simplificaciones del «sí o no» favorecen siempre el éxito de argumentos demagógicos o, si se quiere, ternuristas. Siempre es más fácil convencer a una viejecita de que el dinero del Estado debe gastarse en un hospital antes que en un tanque. Y no sólo a las viejecitas.

A la vista de los resultados del referéndum plebiscitario de ayer, los políticos extranjeros pueden pensar que nuestro país es un crisol de la agresividad occidental, un valladar de la estrategia de la disuasión, un misil a lomos de la urna. No es que sigamos renqueando el paso defensivo occidental, es que hemos sobrepasado a Europa a toda velocidad. Si al «sí» felipista le sumamos la abstención y el voto en blanco, preconizados por la oposición (entre otras cosas porque esta OTAN descafeinada les parece poca OTAN), resulta que nuestro país cuenta con un número de partidarios del atlantismo absolutamente abrumador.

La paradoja de este referéndum se extiende, sin embirgo, desde su planteamiento hasta sus resultados. Lo que ha triunfado, siendo el «sí» a la OTAN, lo es también a los más tercermundistas de los líderes occidentales. El derrotadísimo «no» supone, sin embargo, con más de seis millones de votos, una fortísima inyección electoral para los comunistas y sus aliados, que han pasado de no poder asegurar su presencia parlamentaria a presumir una lucida representación dentro de unos meses. Y en cuanto al futuro occidentalista de España, puede asegurarse que Felipe González intentará dejar a Olof Palme que en paz descanse muy a la derecha antes de convocar otra vez a su electorado.

Triunfo, pues, de Occidente en este referéndum, pero no del pluralismo democrático que da su razón de ser a la OTAN. Se engañaría lord Carríngton si creyera —o le importase— que los hispanos han asumido masivamente las fórmulas de la sociedad liberal anglosajona. Este ha sido un triunfo a la panameña en una consulta que ningún occidentalista sensato hubiera planteado jamás. El éxito del sí es, sin duda, el éxito de un caudillo nada parlamentario y, sobre todo, la suma de dos factores añadidos: el voto fervorosamente europeísta y el voto del miedo, provocado de forma deliberada a través de un abuso de los medios de comunicación —particularmente la TV— absolutamente inconcebible en una democracia que se respete. A lo mejor, los partidarios de la OTAN, con Kissinger a la cabeza, están encantados de que lo que se haya votado aqui no sean los euromisiles, pero los que seguimos gobernados por los que han organizado este descabellado referéndum tomamos estos datos con mayor frialdad. Evidentemente, nos alegramos —los que nos alegremos— del triunfo de la OTAN, eso es lo primero, pero hay que ver hasta qué punto las opciones occidentales no socialistas salen favorecidas o perjudicadas con este resultado.

En primer lugar, la derecha abstencionista puede presumir de un nivel de abstención, voto en blanco, bastante elevado.

Sin hacer campaña, y pidiendo expresamente que no se votase «no» —es decir, favoreciendo el «sí»—, parece claro que, aun descontando la abstención técnica, varios millones de ciudadanos han seguido la consigna de Fraga y sus aliados. Siendo la abstención una opción puramente testimonial y condenada a no ganar, no puede decirse que haya salido derrotada. El resultado es decoroso y Fraga ha evitado una catástrofe personal. Pero tampoco es como para echar las campanas al vuelo. Porque, al cabo, lo que ha triunfado es el felipísmo.

Este triunfo, por un lado, refuerza la soberbia de Supermán González y garantiza la prepotencia ilimitada de los suyos, pero, por otro, rompe por la izquierda su electorado de 1982. El centrismo que le amenaza por la derecha ha sido incólume —mejor Roca que Suárez metido debajo de una piedra— y, sobre todo, la Plataforma Cívica, convertida ya en plataforma electoral, puede morder mortalmente mayoría absoluta si conserva sólo la mitad de los votos ahora obtenidos.

Ahora, el futuro de ese bloque de votos depende de la URSS: si empuja a la unidad a Gallego y la CEOP con el PCE y la Plataforma, debilitarán al PSOE de forma irreparable. Así que vamos a asistir a una catarata de acciones tercermundistas por parte del felipismo para congraciarse con la izquierda y con el Este. A mi juicio, la clave del futuro está ahí: ha ganado el Oeste, pero ahora juega el Este. Y las cartas las siguen repartiendo los mismos.

 

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