Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 El puño y la rosa. 
 España no fue una fiesta     
 
 Diario 16.    13/03/1986.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

«EL PUÑO Y LA ROSA»

España no fue una fiesta

Abel Hernández

EL voto del miedo se ha impuesto. Las presiones desde el poder han conseguido sus propósitos. Las encuestas han quedado pulverizadas. Felipe González se ha salido con la suya.

Esta vez, los españoles han acudido a las urnas sin alegría en el rostro. Casi nadie se acercaba a las mesas electorales con ilusión. Para la mayoría se trataba de cumplir un trámite penoso. España ayer no fue una fiesta.

El triunfo del «sí» ha sido, al final, amplio y holgado. Los dirigentes del Gobierno socialista se han apresurado a disipar uno de los temores más extendidos: han prometido, con buen criterio, que no se van a dedicar ahora a la explotación interesada del éxito.

Existe, sin embargo, el riesgo de que, enfriadas las primeras emociones, los socialistas se dispongan a capitalizar el resultado. Felipe González ha conseguido su objetivo de convertir al PSOE al atlantismo y de dar la vuelta, como un calcetin, a la opinión general. La tentación de «caudillismo» inquieta a no pocos observadores.

Los aliados occidentales y los sectores financieros españoles son los que más han agradecido la noticia, después del propio Gobierno español. España se había convertido, por unos días, lo mismo que hace medio siglo (en aquella ocasión trágicamente), en campo de experimentación internacional. El gran problema de los bloques militares y de la identidad de Europa, con la desenfrenada carrera de armamentos, queda en pie. La Alianza Atlántica ha quedado reafirmada. España es el único país atlantista por voluntad popular desde ayer. No puede decirse que éste no sea un pueblo dócil y sumiso.

Ahora —y esto es posiblemente lo más importante— el asunto ha quedado cerrado. Sólo los grupos más extremistas, sin representación parlamentaria o con muy escasa participación, quieren mantener izada esta bandera. Tanto el Gobierno como los partidos de la oposición parecen dispuestos a fuñar ahora un pacto de Estado.

Por primera vez en dos siglos, España está en condiciones de establecer un consenso en política exterior.

Este aparece, sin duda, como el fruto más apetecible de este controvertido referéndum.

El holgado triunfo permite al Gobierno apurar la legislatura. Ahora hay que dar tiempo a que cicatricen las heridas. Felipe González ha sufrido esta temporada un desgaste y un descrédito considerable. En el interior del PSOE y de la familia socialista las heridas están abiertas. Esta es una tarea delicada. Se impone la sumisión o la depuración.

El comportamiento andaluz en el referéndum, extraordinariamente favorable al Gobierno, puede aconsejar a Felipe y a Guerra recuperar todas las energías en su feudo de Andalucía en junio. Las elecciones generales quedarían, definitivamente, para octubre. Las buenas perspectivas económicas y el previsible triunfo andaluz, tras el éxito del referéndum, pueden garantizar al PSOE —estás son sus cuentas— una instalación en el poder durante cuatro años más.

La alternativa de derechas, a pesar de los intentos desaforados por capitalizar toda la abstención, los votos blancos, los votos nulos..., no han´mejorado precisamente sus posiciones con su actitud en este referéndum, ni con los resultados del mismo. Fraga empieza a ser considerado un político sin futuro.

El «no» de Cataluña y el País Vasco, junto con Navarra y Canarias, da pie a consideraciones muy serias sobre el papel de la OTAN para coartar movimientos disgregadores. Los nacionalisas vascos y catalanes —tan atlantistas— tendrán que dar algunas embarazosas explicaciones.

En fin, el presidente González ha superado con éxito —con más o menos malas artes— el obstáculo más importante de su mandato. Muchos españoles —que no se equivoque— le esperan a la vuelta. Porque España ayer no votó con ilusión, España ayer no fue una fiesta.

 

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