Autor: Onega López, Fernando. 
   ¿Quién manda aquí?     
 
 Ya.    09/02/1986.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¿Quién manda aquí?

FERNANDO ONEGA

Viene de la portada

Pero es obvio que un cronista político como el arriba firmante no ha venido a estas páginas a hablar de teatro, sino de otros menesteres públicos. Porque lo más interesante no estuvo ni en los guiones de las obras puestas en escena, ni en la labor de los progatonistas, sino en lo que se comentó fuera del escenario.

Fue don Felipe González y dijo a la crítica, cuando terminaba la representación: «Si España rompe con la Alianza Atlántica, por ejemplo, la inversión de ATT en tecnología de punta no se produce en España.» Dado que don Felipe González había mantenido antaño serias diferencias de principio con la OTAN, y dado que protagonizó un cambio realmente honroso y honesto, la pregunta elemental del cronista tenía que ser: ¿Qué razones supremas ayudaron o promovieron al cambiazo? Esta pregunta, por mucho que han discutido en los escenarios, nunca fue contestada. Y, por fin, entre bambalinas, aparece el fantasma causante: La ATT. ¿Sólo la ATT?, siguió preguntando ei cronista. Y entonces surgieron las dudas. Si la ATT tiene ese poder de convicción, ¿qué no tendrán todas las multinacionales juntas? El gran mérito de la representación de González fue, por tanto, haber asumido como convicción propia lo que, leído literalmente en el pasillo, era imposición de los nuevos poderes tácticos de la democracia occidental española.

En el otro escenario, en Galicia, la representación fue mucho más realista, incluso estuvieron a punto de llegar a las manos. Pero, ahondando en las esencias del desenlace del drama, apareció una explicación similar: Coalición Galega, esa fastuosa creación montada sobre ruinas de UCD, nacionalismo redescubierto, capitalismo moderno, progresía que no llega a ser izquierdista, reformismo a medias y otros ingredientes, resultó que debía dinero después de la última peripecia electoral. Exactamente, ciento trece millones de pesetas. Los enviados especiales del Noroeste llegaron a Madrid, se entrevistaron con los poderes económicos, banca y gran patronal, y descubrieron la gran verdad, la única gran verdad: si hay alianza con el PSOE, no hay esos ciento trece millones. Y ahí tienen ustedes toda la filosofía del gobierno de progreso, toda la gran teoría política de la necesidad de sacar a Galicia del caciquismo, que se cae ante la contundencia de ciento trece kilos de monedas. Nunca hubo en este país ciento trece kilos de ideas.

Después de todo lo cual, uno, que es un ingenuo de un pueblo de Lugo, no tiene más remedio que preguntar quién manda aquí. Si en la OTAN manda la ATT, y el futuro gobierno de los gallegos lo define la patronal y la banca, ¿qué está ocurriendo? ¿Acaso que esta-mos volviendo al imperio dejos poderes fácticos? Los teóricos de la política dirán que esto es la normalidad democrática occidental: una suma de pesos y contrapesos, donde los grupos de presión adquieren también un papel representativo. No son capaces de hacer un gobierno por sí mismos, a Dios gracias, pero son lo bastante poderosos para inclinar la balanza en caso de duda o en medio de una crisis. No hay nada de anormal en todo esto, pero, por lo menos, ¡que no nos cuenten películas de vaqueros! En el caso de la OTAN sería mucho más hermoso ver a Felipe González explicando la verdad de sus cambios de opinión que narrando episodios emotivos de su transformación ética. En el caso de los parlamentarios de Coalición Galega, sencillamente, se les notó que eran nuevos en el reparto de papeles en el gran ceremonial.

Ahora, después de lo dicho, veo que don Fernando Suárez, en el congreso de Alianza Popular, ha pretendido adelantar por la izquierda al Partido Socialista en materias de política social. Cualquiera diría, al escucharle, que AP es la izquierda y el PSOE la derecha. En política de pensiones, derecho del trabajo, programas de empleo y asistencia, los socialistas son los reaccionarios y Alianza Popular es la progresista. Los compromisarios asistentes aplaudían como diputados. Más aún: como antiguos procuradores. Y yo me quedo mirando a don Fernando Suárez, y haciendo mi ingenua pregunta de siempre: si llegan ai poder, ¿les van a dejar hacer esa impresionante política social? ¿Van a poder más, desde la derecha, que Nicolás Redondo, con toda su fuerza en la calle y las empresas? ¿Habrá descubierto don Fernando Suárez quién manda aquí?

 

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