En el día de hoy     
 
 Ya.    12/03/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

4 / Opinión EDITORIAL

En el día de hoy

ABIERTOS los colegios electorales, pendiente el país de la consulta sobre la permanencia en la OTAN, es de rigor que hoy digamos unas palabras sobre el tema para apelar al sentido de responsabilidad de los ciudadanos.

No se trata ya de que opinemos sobre el contenido de la consulta. La nota de la Conferencia Episcopal dejó claro en su momento que, desde el punto de vista de la conciencia cristiana, ninguna de las opciones posibles puede ser recusada. Pero lo que no dijeron los obispos ni podían decir es que sea indiferente tomar una actitud, la que sea, frivolamente, o hacerlo responsablemente. Esto es lo que pedimos.

En nuestras páginas hemos recogido pareceres de todos los colores. En el mismo número del domingo, las tres opciones principales, del sí, el no y la abstención, eran defendidas por tres calificados representantes de los partidos políticos que las han propiciado. Hemos procurado también facilitar a nuestros lectores toda la información posible sobre una cuestión ciertamente difícil y compleja. Tampoco han faltado de nuestras páginas las opiniones especialmente autorizadas desde el punto de vista de los principios que defendemos.

No hemos regateado las críticas a la clase política. No pretendemos aplicar a todos el mismo rasero (mayor en la responsabilidad de los que han desencadenado las cosas) y salvamos las excepciones que sean justas, pero creemos que, en general, pocas veces se ha manifestado más inferior a su cometido, más desconectada de los grandes intereses nacionales, más torpe a la hora de informar a la opinión de manera clara, objetiva y desinteresada. No nos parece necesario, como prueba, más que remitirnos a lo que se ha pensado de fronteras afuera. La estupefacción con que nuestros mejores amigos del extranjero han contemplado lo que ha pasado en España durante las últimas semanas no ha tenido límites. Sencillamente, no han podido entenderlo y tememos que pasará mucho tiempo hasta que nuestro país pueda librarse de la tacha de inmadurez política que tan justamente ha merecido.

Pero no sería la primera vez que el pueblo español, con su sensatez, ha enmendado los yerros de sus representantes, y éste debe ser el caso hoy. No hemos recatado nuestra opinión de que este referéndum no debió haber sido convocado nunca, pero el hecho es que ante él estamos, y en tal coyuntura, en menester que cada ciudadano advierta el peso de su responsabilidad.

El referéndum ha desbordado obviamente las previsiones de todos tos políticos, tanto del Gobierno como de la oposición. Nada ha resultado como ellos esperaban, y en este momento nadie puede alardear de prever lo que resultará. Igualmente puede desbordar y desbordará probablemente las previsiones de quienes lo presentan como una jornada de trámite sin importan-eia. P«ia no es así: muchas consecuencias de carácter internacional y de política interna, la serenidad o la crispación de la vida española dependen de la jornada de hoy y más valdrá darse cuenta a tiempo que lamentarse cuando la cosas no tengan remedio. Se puede votar sí, no o abstenerse de votar, pero después de pensarlo muy seriamente, apartar toda clase de consideraciones accidentales, desechar las reacciones meramente emocionales y medir ías posibles consecuencias. Es lo que pedimos, porque es lo que hay derecho a pedir hoy al pueblo español.

 

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