Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
 Diario de un espectador. 
 Los partidos y los sindicatos     
 
 Ya.    09/02/1986.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ESPAÑA

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DIARIO DE UN ESPECTADOR

Los partídos y los sindicatos

EMILIO ROMERO

Estos días se han divulgado informaciones sobre las afiliaciones, las militancias, los costes y las trampas de nuestros partidos y sindicatos. El asunto merece la pena. Los artículos 6 y 7 de la Constitución son muy claros. Los partidos políticos expresan las varias ideas y opiniones de un pueblo, y componen eso que llamamos «la representación pública» o la representación popular en ios actos de Gobierno. Los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales son los que contribuyen a la defensa y a la promoción de los intereses propios que sindicatos y patronales tienen adjudicados. Esto es el pluralismo político, económico y social de un país, y de donde nace es de la sociedad, del pueblo. Por todo ello hay dos exigencias para probar quién es quién: el número de gentes que los asisten y sus propios recursos para mantenerse.

Pues bien: los partidos políticos españoles, en función de nuestra población, son los que tienen menos militancias de toda Europa. Y su mantenimiento procede, en su gran parte, de la Banca, del Estado y de bajo» fondos de ayuda del mundo exterior. El único respaldo que tienen nuestro partidos es el electoral, en función de que la gente no tiene otro remedio, y se encuentra ante la obligación de elegir a unos hombres para la gobernación del país. Pero esos partidos pueden vivir en sus burocracias y en sus actividades por las ayudas externas que reciben y no por la procedente de sus militancias. Hay que hacer una excepción. La organización más nutrida de asistencias y de recursos es el empresariado, y tal vez por esa obligación a la que se le ha conducido, en todos estos años, de defenderse de dos incomprensiones y hasta hostilidades: el centrismo quería ser socialdemocrático a costa del empresariado, y el socialismo no tranquilizará jamas al sector privado de la economía de cualquier país. El caso es que nuestros partidos y nuestros sindicatos tienen unas militancias impropias de su papel político en la vida nacional y esto plantea problemas muy serios en orden a nuestra propia organización democrática. La sociedad española de esta década-de los 80 merece una remodelación en orden a ese concepto vago que llamamos «representación pública».

Los modelos

El jueves y el viernes pasado estuve hablando en dos organizaciones culturales valencianas. En una de ellas me referí a la construcción de los modelos de Estado y de sociedad. Y en la otra, a la Historia, a la Política y al Periodismo. Frente a las grandes responsabilidades que tenemos delante, estaba muy claro —a través de los coloquios seguidos a las conferencias— la estimación escasa que hace la gente a los que aparecen como instrumentadores estupendos de nuestra política. Este es el fenómeno que está ocurriendo en nuestro país: la gente asiste a las elecciones y después son muchos —sencillamente los más— los que se sitúan fuera de esos compromisos de las militancias. Nunca los partidos y los sindicatos obreros españoles han estado menos asistidos de militantes. Existe el desencanto y el temor, aunque luego aparece eso que no muere —tristemente— y que se llama la Izquierda y la derecha y se obliga a pronunciarse por una cosa u otra. La izquierda ha sido abastecida de dinero exterior, por eso que se llama «la solidaridad o la fraternidad internacionales». Y después esta misma izquierda aparece entrampada con los Bancos, a quienes en su fuero interno quieren nacionalizar, y solamente por estrategia están interviniendo. Los Bancos son una mezcla, entre inteligentes y asustados, y dan dinero a todos. Cuando se lo dan a los comunistas —por ejemplo—, yo me lleno de burla quevedesca. Tal vez pagan sus deudas, y ya no se sabe cómo; pero los Bancos ayudan a vivir a aquellos que si tuvieran el poder se convertirían en sus devoradores. Luego aparece el dinero que sale deí Estado —los contribuyentes— para una ayuda de financiamiento a los partidos y a los sindicatos, a través de diversas fórmulas. Esto me trae a la memoria el modo de financiamiento del antiguo Régimen a su organización política y a su sindicalismo. La organización política era atendida —sin generosidad— por parte del Estado. La Banca no daba una perra.

Y el sindicalismo era atendido —aunque por cuota obligatoria— por parte de los trabajadores y de los empresarios, en razón de una parte de los trabajadores y tres partes los empresarios. Estos modos de cotización —en lo sindical— me parecían más correctos que los actuales. Ahora es dinero negro, o dinero bancario, o dinero del Estado. Los empresarios se sostienen a sí mismos.

Las burocracias

Los partidos y ios sindicatos se han visto obligados a crear sus burocracias, y esto necesita grandes manantiales de financiación. Pero a lo que íbamos: los partidos españoles tienen pocos militantes, medios económicos raros e insólitos, y grandes burocracias. Y los sindicatos reciben dinero del Estado, sus militantes no les ayudan a vivir y en ocasiones están obligados a acudir al préstamo bancario.

Efectivamente, tenemos un sistema democrático y lucen las libertades; pero los modelos de la representación pública, nacidos de la sociedad, para la defensa de ideas, de intereses o de modos de gobernar, tienen todo este espectáculo. Y hasta los que quieren acabar con la iniciativa individual, con el sector privado y con los accionistas de esas empresas se nutren oficialmente de sus pesebres.

La actualidad

La actualidad de estos días es el Congreso de Alianza Popular, ese gran partido que, en unión de otros, forma la alternativa al socialismo en el poder. Ya me ocupé de este asunto el viernes, y lo haré como resumen en mi artículo del martes, porque el Congreso termina hoy. Este partido —a lo que parece— ha subido su militancia. Esto es bueno. Los españoles están ante el deber de su propio compromiso con los instrumentos de representación pública. En cualquier caso, parece muy claro que nuestra situación política, con una democracia estabilizada en sus formas, está constituida por dos grandes fuerzas. La de un solo partido, el socialismo, y una coalición de partidos que representan el centro-derecha. Esto es ya una realidad plena. Con una sola distorsión, y es la que producen tres derechas nacionalistas de sus regiones —la vasca, la catalana y la gallega—, con escasas disposiciones para colaborar con su prima hermana, que es la derecha nacional. La síntesis de dos grandes fuerzas me parece el gran hallazgo de nuestra democracia actual.

 

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