Club Siglo XXI. Fraga, en la presentación. 
 Un compromiso mínimo puede empezar a ser realidad     
 
 Arriba.    28/10/1977.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Fraga, en la presentación

"Un compromiso mínimo puede empezar a ser realidad"

"Todos deben tener su oportunidad, dentro de la Ley y sólo a través de ella"

MADRID. (De nuestra Redacción.)—«No tengo, hoy, nada que decir sobre las disensiones en Alianza

Popular. Pregúntele al señor Fernández de la Mora, que por otra parte, ya ha desmentido esos rumores de

los que usted me habla», manifestó a ARRIBA don Manuel Fraga Iribarne en contestación a una pregunta

sobre los rumores de crisis en su partido a raíz de su intervención en el Club Siglo XXI, presentando a

Santiago Carrillo, que ayer pronunció una conferencia sobre el eurocomunismo.

Más adelante, el señor Fraga añadió que «una cosa es ser marxista o antimarxista y otra ser civilizado con

la gente que está ahí. Estamos en un país democrático», y terminó señalando que él personalmente tiene

todas las discrepancias con Carrillo.

Presentación de Carrillo

Fraga, como presentación, del líder comunista, pronunció las siguientes palabras:

«No necesito poner, a Dios por testigo de que la distancia política e ideológica entre el Partido Comunista

y Alianza Popular es muy grande, ni necesito recordar, por obvia, en qué consiste. Pero tampoco necesito,

ante un público ilustrado y cortés, como el que nos escucha, el dar explicaciones de por qué estamos

ahora juntos en esta tribuna.

En efecto, el Club Siglo XXI se ha caracterizado siempre por un alto nivel Intelectual, una gran apertura a

diversas tendencias y una gran curiosidad informativa. Estos criterios se han ido ensanchando, de acuerdo

con la evolución de la sociedad española y el crecimiento del arco de las fuerzas políticas incorporadas a

la vida constitucional. Sólo se ha exigido un planteamiento racional de las cuestiones, un respeto a las

demás opciones y una actitud de acatamiento a la Ley y del orden institucional.

En la aplicación de estos principios, la junta directiva del Club estimó este curso, correctamente, que esta

gran tribuna política debería, tras, las elecciones del 15 de junio, alcanzar en su abanico todas las fuerzas

representadas en las Cortes. Decisión razonable e incluso necesaria. Y aquí estamos, como consecuencia.

Santiago Carrillo y yo; él, como conferenciante, y yo, como directivo del Club que ha recibido el honroso,

aunque difícil, encargo de hacer su presentación.

Santiago Carrillo y yo venimos de dos polos opuestos del escenario político español. No tanto

sociológicamente. Su padre era un obrero asturiano, que llegó a ser un importante líder socialista. El mío

era un pobre campesino gallego, que a fuerza de trabajo y de sacrificios en la dura emigración ultramarina

pudo criar y dar estudios a 12 hijos. Don Wenceslao Carrillo fue vice-ministro socialista de la República;

Manuel Fraga Bello fue Alcalde de Villalba con Primo de Rivera y durante nuestra guerra, y presidió la

CEDA en aquella comarca durante la República. Políticamente, Carrillo milita en el marxismo, en el que

yo no creo: pienso que la esperanza de liberación que supuso para muchos no está justificada por lo que

en realidad ha sido el mundo creado en Rusia y en otros países del Este. Carrillo luchó en las guerrillas, al

final de los años 40; yo fui Ministro de Información en los años 60, y de la Gobernación en los 70, y

opuse las ideas de reforma a las de revolución.

Problemas nuevos

Ahora estamos en octubre de 1977. España se enfrenta con problemas nuevos de extrema gravedad. Y

pienso que tenemos que hacernos a unas cuantas ideas, nos guste o no.

La primera es que es inútil mirar hacia atrás. Todos tenemos historia. De lo que se trata es de saber si

queremos, de buena fe, intentar que la Historia próxima de España nos sea común. Hay que intentarlo.

Para ello, las líneas divisorias no pueden quedar rígidas en 1931, en 1936, en 1939, en 1945, en 1975, ni

en ninguna otra fecha rebasada. Las fronteras pasan por nuestros propósitos y nuestras conductas de hoy.

Los que pensemos que España, nuestra España, la que formamos todos los españoles, es lo más

importante; que todos deben tener su oportunidad, dentro de la Ley y sólo a través de ella; los que

renuncien a compromisos internacionales para resolver con realismo y generosidad los problemas de aquí;

los que usen el mismo lenguaje en el Parlamento y en la calle; esos deben tener algo en común.

Yo creo que hay una posibilidad, limitada, pero cierta, de que ese compromiso mínimo empiece a ser

realidad; realidad tremenda, cada día en peligro, muchas veces traicionada por unos y otros, pero efectiva.

En los años 30 esta coincidencia de hoy, que a muchos va a disgustar, y nos va a costar incomprensiones

e incluso injurias, no hubiera sido posible. Dios quiera que hoy no sea considerada como incoherencia,

sino como sentido de la responsabilidad.

Santiago Carrillo ha escrito varios libros importantes. El último, "Eurocomunismo y Estado", ha tenido

una resonancia ilimitada, porque, con más decisión intelectual que ninguno de los otros revisionistas de

los dogmas marxistas, ha rebasado no sólo al estalinismo sino también al leninismo. Creo que ello es

razón más que suficiente para que el Club Siglo XXI se dé a sí mismo la oportunidad de oír, de primera

mano, las tesis de su autor, incluso si cada uno, como es lógico, reserva su juicio último sobre la

credibilidad de esta o aquella tesis.

Y termino de abusar de vuestra benevolencia, puesto que es al señor Carrillo y no a mí a quien venís a

escuchar. No procede que yo añada hoy el tópico horilegio de elogios personales. Carrillo y yo nos

hemos dicho de todo en la campaña electoral. Lo que hoy puedo añadir, sin rectificar, es que nos

conocemos mejor; no sé lo que él piensa hoy de mí, pero yo he entrevisto en él a un español, con las

virtudes y los defectos de la raza, bastante bien plantado. Hace unos días estuve por su tierra. Asturias, y

leí unas declaraciones de la mujer de Lister mencionando al actual Partido Comunista español como un

partido desclasado, que ha renegado del internacionalismo proletario, de la dictadura del proletariado y

que ni siquiera levanta el puño, en fin, un partido colaboracionista de la burguesía».

Nada más lejos de la verdad. Estamos ante un comunista de pura cepa y, si él me lo permite, de mucho

cuidado. Por eso interesa oírle. Santiago Carrillo tiene la palabra.

Viernes 28 octubre 1977

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