Un crimen y un error     
 
   02/05/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

UN CRIMEN Y UN ERROR

UNA suerte de cinismo político podrá incitar a muchos, ante los sucesos de ayer en Atocha, a exclamar:

"¡Es peor que un crimen, es un error!" No. Es un error y es un crimen. Para hacer memoria de algo

semejante al espectáculo de la dotación de un autoipatrulla cosida a puñaladas tenemos que remontarnos

en el tiempo a unos años que los más no conocieron y el resto de la población no quiere volver a conocer.

Lo de Atocha ha sido como un "flash back" de una violencia ciega y estúpida que si fue posible hace

tantos años en una nación raída y atrasada no puede tener cabida en la España de hoy.

El relato de los hechos es brutal y lacónico. Un subinspector de veintiún años, un funcionario modesto y

de humilde extracción, acuchillado y muerto. Cinco de sus compañeros igualmente apuñalados, uno de

ellos con graves heridas en la espalda. Todo ello en una manifestación "relámpago", de pocas personas,

pero indudablemente inbuidas de un rencor asesino. Crimen, error... y provocación. Se sabía fracasada la

incitación a los disturbios y algunos insensatos enarbolaron la política del cuchillo para intentar hacer de

la fiesta del trabajo un día de luto.

La sangre vertida ayer no altera la evidencia de que la inmensa mayoría del país se aferra con grapas de

acero a la convivencia, el diálogo y la paz social, y subraya la existencia de grupos de extremistas que no

ven otra salida que la de la espiral de la violencia.

Nos duele la juventud de los presuntos autores del crimen. Por pocos que fueren, por menguada que sea

su representativídad social, resulta amargo que en esta España que por vez primera en su historia "es

menor de treinta y cinco años", exista un grupo de jóvenes que aún crean que se pueden hacer caminos en

una sociedad tirando de cuchillo. El Consejo Nacional y el Gobierno trabajan ahora sobre una posible

"política de juventud". La existencia de una "fascinación terrorista" en una minoría de nuestros jóvenes

debe ser tema para estudiar profundamente.

Nos duele que pese a las peticiones de numerosos órganos de expresión todavía sea posible que unos

pocos policías queden cercados e indefensos ante un comando de agitadores. Medios. Medios de

disuasión y de autodefensa, que eviten la sangre de todos, es lo que está necesitando urgentemente la

Policía. En Londres y París, donde se esperaba un 1 de mayo "caliente", han pasado la jornada con

alteraciones considerables del orden, con huelgas, pero sin un solo muerto. Madrid, en calma y descanso,

ha visto morir a un joven policía acorralado con sus compañeros por un pequeño grupo subversivo. Es

una desproporción que merece ser meditada y corregida.

Permítasenos insistir en el carácter provocativo del crimen de ayer. Ni la sociedad ni las autoridades

deben caer en esa trampa. Los navajeros de ayer nada ni a nadie representan. Sólo son el exponente

mínimo de una izquierda irracional. Con ninguna violencia, venga de quien venga, está este pueblo que ha

aprendido la difícil lección de la convivencia y ha olvidado las viejas artes de la lucha en las esquinas.

 

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