Autor: Aguilar, Emilio. 
   La importancia de llamarse obrero     
 
 Pueblo.    14/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE OBRERO

Emilio AGUILAR

Un militante del P. S. P. escribe una especie de carta abierta al profesor Tierno Galván y, entre otras

cosas, señala acertadamente la importancia que —a la hora de captar votos— ha tenido la «O» que el P.

S. O. E. incluye entre sus siglas. Esa «O» evidentemente ha sido una nasa pescadora de votos que ha

llevado millones al cómputo. Las marcas conocidas siguen teniendo una importancia capital y las

veteranas siglas del P. S. O. E. han pesado en la balanza de una forma decisiva. Pero, a mi juicio personal,

la importancia de esa «O» revela cierto grado de subdesarrollo político, en el que aún tienen importancia

diferenciaciones superadas por la simple evolución sociológica. En tiempos de Pablo Iglesias tenía

sentido; hoy sólo cabe la distinción entre los que trabajan y los que no.

Al hilo de este razonamiento pasados ya largamente los días de contienda electoral, parece interesante

comparar los resultados de estos dos partidos para establecer algunas conclusiones de validez universal.

Aparte de la apuntada, hay que señalar la importancia de la imagen, el impacto del atractivo físico de

Felipe González, que ha arrastrado voto femenino en proporciones importantes. Las mujeres han sido más

sensibles a la barba cerrada y jura, el pelo en pecho y la bemba de González, que al porte sereno, pacífico

y modesto de Tierno. La estampa del primero ha vencido al verbo del segundo.

Otra deducción —tan evidente que avergüenza escribirla— es la tremenda importancia de los medios

propagandísticos, su calidad y cantidad. Comparativamente, ni calidad ni cantidad eran similares. La del

P. S. O. E., ademas de más abundante, era de gran categoría artística. Resalta, con mucho, un gran cartel

en el que aparece Felipe González rodeado de campesinos, con un dibujo moderno, de línea y color muy

«in», que era una auténtica obra de arte.

La conclusión de este brevísimo examen comparativo entre los dos partidos es que, como en cualquier

lugar del mundo, el triunfo en la política es una empresa que se diferencia bien poco de la promoción de

un detergente. Se acaba de confirmar en España algo archísabido. No se trata, pues, de descubrirlo, sino

de atestiguar su vigencia, y, de paso, expresar un inútil y romántico lamento por ello.

 

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