La tentación del PSOE     
 
 El Alcázar.    11/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA TENTACIÓN DEL PSOE

CADA grupo político tiene su tentación peculiar. La del Partido Socialista Obrero Español

(PSOE) es el extremismo. Sus raíces marxistas se dejan sentir en medio de la floración

democrática cada vez que atraviesa un periodo de crisis. Le ocurrió en 1.917, en 1.929, en

1.934, en 1.936, y comienzan a notarse los síntomas en 1.977.

En 1.917, el PSOE, que sufría la crisis de la incapacidad electoral, sucumbió a la tentación y se

unió a los anarquistas para declarar la huelga general. En 1.929 después de haber paladeado

las dulzuras del poder a través de la colaboración con la dictadura del general Primo de Rivera,

cambió de bando cuando falló el brazo fuerte del dictador e ingresó en el Pacto de San

Sebastián que había de traer la República.

En 1.934, la derrota en las elecciones llevó a los socialistas a la salvaje revolución de Asturias,

preludio y anticipo de lo que había de ocurrir en 1.936, cuando media España, bajo un gobierno

socialista, se convirtió en la España Roja.

Nadie seriamente puede sostener que los socialistas no fueron los culpables del hundimiento

de la Segunda República en una revolución por ellos desatada. Frente a líderes social

demócratas, como Besteiro, o moderados como Prieto, la tentación revolucionaria llevó al

frente del partido a Largo Caballero, que se dejaba llamar el Lenin español, mientras en las

juventudes Santiago Carrillo preparaba su paso al comunismo.

En 1.933 había advertido Largo Caballero: "Con la misma violencia que hundimos la Monarquía

hundiremos la República si ésta es un obstáculo para nuestros planes".

La verdad es que la Monarquía la hundieron sin ninguna violencia. En cambio, la República la

hundieron con demasiada, aunque en apariencia la violencia no fuera dirigida contra las

instituciones republicanas, sino contra los sectores nacionales de oposición pese a que, según

los resultados electorales, supusieran un número de votos equivalente al del Frente Popular.

En 1.977 es visible que el PSOE, en su rama "renovada", se enfrenta con una nueva

frustración. No le basta el reconocimiento de la Internacional Socialista, ni la generosa ayuda

extranjera, ni la visible simpatía con que es acogido en la prensa, donde se exalta desde el

supuesto "sexy" de su secretario general, Felipe González, hasta la necesidad para la

estabilidad de España de un fuerte partido socialista, teoría que sostienen en vanguardia los

grupos derechistas a los que, en el pasado, los socialistas de la Zona Roja estuvieron a punto

de extirpar de la faz de la tierra.

La frustración viene del convencimiento, cada vez más acongojante, de que, pese a ayuda»,

simpatías, tolerancias y elogios, las posibilidades de que el PSOE (r) salga de unas elecciones

como partido vencedor o, arbitro de la situación, son cada vez más escasas. La frustración

excita la vieja tentación de romper la baraja cuando las cartas no salen favorables. En la

reciente asamblea de la Federación Socialista Madrileña se gritaba con el puño cerrado;

"España mañana será republicana´´.

Es que hay gente que se empeña en no saber historia. Y no lo decimos por los socialistas.

 

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