Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   Las condiciones del éxito     
 
 El Imparcial.    16/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LAS CONDICIONES DEL EXITO

ESPAÑA inicia un nuevo experimento constitucional: como en 1810, en 1820, en 1834, en l836-37

en 1845 en 1868, en 1873, en 1875, en 1931 (para citar sólo los más importantes). Tenemos una

larga experiencia de este tipo de asuntos: no podemos decir que además de larga sea confortadora.

Hoy nos jugamos mucho más que nunca: en primer lugar, porque sería monstruoso perder el avance

indudable que España ha logrado en los últimos años, en lo económico y en la técnica: en segundo

lugar, porque ese mismo despegue económico-social ha creado condiciones objetivas (una sociedad

de clases medias) que, quizá por primera vez hacen posible el experimento.

ES cierto que, como en 1931, el cambio político coincide con una mal coyuntura económica general,

pero ésta no es razón suficiente para un fracaso inevitable. Está en nosotros la decisión para

seguir hacia adelante.

CON algunas condiciones indispensables. Son estas, a mi juicio.

EN primer lugar, todos tenemos el deber de darle una oportunidad seria al pueblo español. Quiero

decir que no es aceptable el jugar a la catástrofe. El dar por imposible el éxito del experimento

democrático, como hacen algunos desde la nostalgia de una etapa histórica definitivamente cerrada,

no me parece aceptable. Menos aún lo es el de jugar, desde otros ángulos, al terrorismo, al

asesinato, a la coacción, al nihilismo destructor de todo. La responsabilidad de unos y de otros

es tremenda, la firmeza del poder público frente a la violencia debe ser mucho mayor. Basta ya de

desarmar al Estado sin contrapartida, o de tolerar comunicados que exaltan al crimen, o de

permitir que sectores grandes de la población vivan en la inseguridad y el temor.

A este respecto, debe quedar expresa constancia de que algunos estamos jugando muy claro y muy

responsable: asumimos el hecho del cambio político, contribuimos en una actitud posibilista a que

se realice en las mejores condiciones, y a la vez nos negamos a asumir errores, como la amnistía

por crímenes recientes de sangre, o el pacto político de la Moncloa, dejando clara la

responsabilidad de un Gobierno débil e ineficaz.

EN segundo lugar, hace falta un reequilibrio de las fuerzas políticas, en el sentido de que el

electorado tenga opciones claras en donde depositar su confianza. Eso no ocurrió el 15 de junio.

La razón fue clara: de modo maquiavélico se le presentó una falsa posibilidad de enfrentamiento,

a la que sólo se podía superar apoyando al conglomerado amorfo del llamado centro. Hoy está claro

que aquél riesgo no ha existido nunca: y que el partido de Gobierno carece del arraigo, de la

unidad, del programa, de la fuerza real para gobernar. Lleva dentro cosas muy diversas: los votos

que recibió se encuentran sorprendidos y frustrados: al hacer política de centro-izquierda, que

en realidad está muy a la izquierda del Centro, no sólo no quita sus programas a los partidos

marxistas, sino que los empuja más a la izquierda. En cambio, un amplísimo sector que esperaba un

gobierno centro-derecha, el que el país necesitaba en esta hora difícil, se vé engañado y sin

representación. Se impone, pues, la creación de ese gran centro-derecha, al que muchos venimos

propugnando hace tiempo, que hoy es más necesaria y más posible que nunca.

EN tercer lugar, todos los grupos políticos y sociales deberían aceptar un principio básico, el de

moderación de sus pretensiones. Las cosas no están para bromas. Las regiones, en el planteamiento

de las soluciones autonómicas; los sindicatos, en la legítima defensa de los trabjadores; los

partidos políticos, en la captación de votos, y así sucesivamente, deben reconocer la muy difícil

situación de España, y darse cuenta de que el momento no está para excesos ni para prisas. Esa fue

la cara buena de les acuerdos de la Moncloa, con todos sus defectos, en el pacto económico.

LA otra cara es la que hace inacepta-ble el pacto político, netamente inoportuno y demagógico: pedir

el desarme del Estado cuando la sociedad española está más necesitada de una defensa eficaz.

UNA última condición, para sacar esto hacia adelante: hay que restablecer un clima de confianza.

El pueblo español, en su conjunto, ha demostrado serenidad ante los cambios; ha comprendido que ha

pasado el momento de las explosiones de temperamente de 1868 y de 1931. Se le ha ofrecido mucho, y

ahora está intranquilo y desasosegado. Hay que restablecer un clima de verdad social, de reconocer

las dificultades, de abandonar las inútiles referencias al pasado. Y plantear unas empresas

nacionales claras, de presente y de futuro. Con ilusión y yendo más allá del puro materialismo de

las cifras. Importantes como son, en sus grandes momentos, España —bien inspirada- ha sabido mirar

más lejos y más alto.

Manuel FRAGA IRIBARNE

Secretario general de Alianza Popular

Mañana: El Sahara en un Africa desestabilizada, de Mariano Aguilar Navarro. 

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