Autor: Cavero, José. 
 Miguel Boyer. 
 La izquierda del centro     
 
 Arriba.    06/03/1977.  Páginas: 4. Párrafos: 69. 

MIGUEL BOYER la izquierda del centro

Por lo menos hasta la fecha, no ha sido habitual el baile de personajes de uno a otro partido. Miguel

Boyer podría, en este sentido, haber iniciado una moda a todas luces inevitable, "para que cada cual esté

donde debe estar", por decirlo con frase del anterior entrevistado de esta sección, Felipe González.

Nuestro personaje de hoy es Miguel Boyer, economista de prestigio, por muchos años militante del

PSOE, y baja reciente de este grupo. Boyer «ha fichado» por el Partido Social Demócrata de Francisco

Fernández Ordóñez.

Llega a estas páginas, sobre todo, para hablar de su especialidad: la economía. Y, más concretamente, de

la economía de esas, en alguna forma, empresas «stil generis» que son los partidos políticos. Aunque

habrá, previamente, que enmarcar al personaje.

- ¿Es usted la izquierda del centro?

- El Partido Socialdemócrata, sin duda, lo es.

- Y usted es la izquierda del PSD.

- No conozco todavía bien al PSD para hacer comparaciones. Pero, efectivamente, yo vengo de la

izquierda socialista histórica, si bien como no marxista. Es de suponer que los aficionados a la

catalogación me clasificarían así.

- Su caso, ¿es el caso de un converso?

- No. Quiero decir que no he cambiado apenas en mi vida política de planteamiento ideológico. En

repetidas ocasiones me definí como no marxista. En el pasado siempre esperaré que el Partido Socialista

integrara sin dificultad y diese cabida suficiente a quienes no éramos marxistas. Comprendo que puede

existir una socialdemocracia marxista. Leon Blum y Guy Mollet decían que lo eran.

De cualquier forma, no es mi caso. Pero no es conversión. Yo creo que es, más bien, un cambio

instrumental, tras meditar muy detenidamente sobre cuál es el instrumento con el que se puede desarrollar

una línea como la mía. Ya desde hacia meses venía dudando de lo adecuado de mi inserción en el Partido

Socialista Obrero Español.

- ¿Es un marxismo, en su opinión, dogmático, el predominante en el PSOE?

—Muy poca gente se reconoce dogmática, o puede ser calificada así de modo exacto. Además, es un

calificativo que suele utilizarse con intención insultante. La terminología que ahora se maneja en el PSOE

es la de marxismo metodológico, frente al marxismo como conjunto de proposiciones. Pero si uno

reconoce que las proposiciones del marxismo tradicional son falsas —teoría del valor trabajo y de la

plusvalía, depauperación creciente del proletariado, socialismo primero en los países más avanzados,

tendencia a caer da la tasa de beneficio, etc.—, es que el método marxista tampoco sirve, puesto que sería

un método con el que se obtienen resultadas erróneos.

—Felipe González, sin embargo, viene propugnando un ala socialdemócrata dentro del PSOE.

—Felipe González, efectivamente, afirma con cierta frecuencia que dentro del PSOE caben desde los

socialdemócratas, hasta los marxistas democráticos. Cada, cual tiene derecho a desear lo que le plazca y

la conciliación de los opuestos. Yo, sinceramente, pienso que en el Partido Socialista que se ha definido

como marxista —si ello no es una broma o una insinceridad —, quien no lo sea, difícilmente podrá

encontrarse a gusto. Eso no tiene arreglo. Admito, por otra parte, que haya socialdemócratas que

consideren que pueden estar perfectamente en un partido marxista, y de clase, y que propugna la toma del

poder por la clase obrera. Estos tienen en el PSOE un lugar.

LO ECONÓMICO EN LOS PARTIDOS

—El programa económico, o buena parte de él, del Partido Socialista Obrero Español, se le debe a Miguel

Boyer?

—Yo cooperé, efectivamente, en la elaboración del programa económico, y ese programa refleja muchas

de mis ideas, de las que no reniego.

- El PSD también le ha encargado ahora la elaboración de su programa económico.

—No, no exactamente. Yo, ahora, presido la Comisión que va a redactar el programa de PSD en lo

político y en lo económico. Es decir, que, en definitiva, yo organizaré o coordinaré trabajos de las

distintas comisiones que van a trabajar en estos aspectos.

Creo que no me voy a dedicar específicamente al tema económico. A mí se me ha encargado la labor de

coordinar especialistas en derecho constitucional, sociólogos o economistas que ya estaban en el PSD o

que se han incorporado recientemente.

—Lo económico, el programa económico, ¿habrá de ser una de las cuestiones más consideradas, uno de

los platos fuertes de la socialdemocracia?

—Si. Creo que en el terreno constitucional debe haber y deben buscarse unas posiciones que sean

auténticamente democráticas, en las que haya el denominador común más amplio posible. Se trata de

establecer unas reglas de juego. Entonces, a la hora de decidir unas condiciones de consenso político

básico, creo que debería buscarse la mayor coincidencia posible entre los partidos democráticos y no

buscar originalidades especificas. Y, probablemente, en el terreno económico será donde cada uno pueda

afinar más sus diferencias especificas. Por otra parte, el Partido Socialdemócrata está en muy buenas

condiciones para desarrollar un programa económico realista e interesante. Porque se

trata de un partido que desea la reforma de la sociedad en profundidad, pero sin apriorismos, sin

mitologías decimonónicas, ni recetas simplistas. De modo que creo, efectivamente que el

programa económico socialdemócrata será verdaderamente atractivo. Y luego, la calidad y la experiencia

práctica de las personas que van a participar en la elaboración de esos programas, es grande.

- ¿Serán precisamente los aspectos y programas económicos los que más van a distinguir entre sí a los

partidos en las próximas elecciones?

—Piensa que los programas a medio y largo plazo, sí, porque en los referentes al corto plazo va a haber

una coincidencia bastante notable. Yo mismo he mantenido una serie de contactos últimamente con

economistas de diversos partidos y, en general, se puede afirmar que estamos de acuerda en las medidas a

corto plazo para capear la crisis, para enderezarnos hacia el equilibrio interior y exterior y para bastantes

reformas de estructura da la economía española Ahí no va a haber grandes diferencias.

El problema es reunir la voluntad política y el respaldo político para adoptar esas medidas y para

presentarle al país la situación y explicarte su gravedad. En cambio, en los programas a medio y largo

plazo se van a acusarse más las características de cada uno de los partidos. En ellos, es muy verosímil que

puedan advertirse las discrepancias de fondo, más aún que en el terreno constitucional, aunque

ciertamente también en lo constitucional hay temas muy discutibles y discutidos, que van a hacer surgir

importantes diferencias entra los partidos. Por ejemplo, el tratamiento de las regiones y de las

nacionalidades, la relación entra el poder ejecutivo y el parlamento, etc.

NACIONALIZACIONES Y REFORMA FISCAL

—Dos cuestiones parece que serán claves a la hora da elaborar y discutir los programas económicos de

los distintos partidos me refiero a la cuestión de las nacionalizaciones y a la cuestión de la fiscalidad, de

la reforma fiscal ¿Es así y cree usted que son las dos cuestiones clave?

—Son, en efecto, significativas para definir la vocación de los partidos. Los partidos de la izquierda,

tradicionalmente, dan una importancia grande a un refuerzo del sector público por la vía de las

nacionalizaciones. Por ejemplo, el PSOE, que ha sido el partido que ha desarrollado con más extensión en

los últimos meses un programa a medio plazo.

Insiste en un cierto número de nacionalizaciones. Sin embargo, creo que el tema más importante a corto

plazo, por la generalidad y alcance de sus repercusiones, va a ser el de la reforma fiscal, el tratamiento

que se vaya a dar a la fiscalidad: qué transferencias de renta entre sectores se van a verificar, qué seriedad

va a haber en la administración fiscal, qué destino tendrá la mayor recaudación.

Hay aquí un difícil y urgente camino que recorrer, en nuestro país, simplemente para aproximarse a la

media europea, no digamos ya para modificar la sociedad a fondo. Tendremos que pasar de una presión

fiscal de un 20 por 100 del Producto Nacional, a un 30, y luego, a un 35 por 100 en pocos años para poder

atender a las obligaciones sociales del Estado en una sociedad moderna, asi como a las derivadas de la

crisis económica: subsidios de paro, fomento de las exportaciones, creación de empleo con inversiones en

infraestructura.

- ¿Es decir, que el grado de izquierdismo o de progresismo se va a poder advertir en el número de

nacionalizaciones que se propugnen?

—Yo no diría que el criterio fundamental es ya el del número de nacionalizaciones Porque, por ejemplo,

el Partido Comunista Italiano no propugna ahora ninguna nacionalización y varios partidos socialistas

piensan que no conviene avanzar más en esa línea, de una estatalización de la economía, sino que es muy

preferible avanzar hacia una participación o hacia un control creciente de los obreros y de los trabajadores

en general, en la orientación de las empresas.

Puede decirse que ahora, el socialismo, o una parte al menos de los partidos socialistas, ha pasado de la

tesis de la estatalización de la economía a una tesis autogestionaria, si está en la zona más izquierda del

espectro, o de una participación en la gestión si está en una zona menos extrema. En cualquier caso, no

creo que haya ya una relación directa entra las nacionalizaciones que se propugnan y el «progresismo»

social de un partido. Naturalmente, los maoistas o los troskistas siguen preconizando una economía

completamente colectivista. Va a ser más importante, por más práctico, a efectos de calibrar el impacto

social de cada partido, considerar su actitud ante la reforma de la empresa o el tema de la autogestión y,

ciertamente, ante el tema fiscal, más que observar su entusiasmo nacionalizador. El instrumento fiscal,

precisamente, ha sido uno de los que, en varios países europeos —notablemente en los escandinavos—,

ha permitido avanzar hacia las sociedades más igualitarias y más democráticas que conocemos.

La fiscalidad, si se utiliza a fondo, será una de las grandes fuerzas de la socialdemocracia. Permitirá

reorientar la economía descentralizada de mercado, que ya ha demostrado su superioridad teórica y

práctica, sobre las formulas centralizadas. Puede, asimismo, corregir la distribución de la renta que resulta

d

las fuerzas del mercado o de las injusticias históricas y de la desigualdad de oportunidades y conseguir

una seriedad más igualitaria. Hay ahí un campo donde se van a perfilar, con bastante claridad, las distintas

opciones.

- Usted mismo, en el PSOE, ¿qué grado de nacionalizaciones propugnaba? Algunas de ellas, ahora como

socialdemócrata, ¿ya no las propugnará?

Todavía no conozco, por llamarlo así, el pensamiento colectivo del Partido Socialdemócrata. Repito lo

que antes dije los programas de los partidos son siempre un compromiso entre el pensamiento de muchas

personas y la estrategia política y la propaganda.

Hay constricciones y ni en el programa económico del PSOE es a mi gusto enteramente —aunque me

sigue gustando bastante— ni lo será al del Partido Socialdemócrata. Tiene poco interés que yo diga

cuántas nacionalizaciones propugnaba cuando iniciamos el programa del PSOE y cuántas voy a programa

del PSOE y cuántas voy a este tema debemos llegar a un acuerdo los socialdemócratas y adoptarlo todos.

Lo que pienso, a título estrictamente personal, seria lo mismo en uno como en otro partido. En general, y

reitero que hablo por cuenta propia, soy partidario de nacionalizar algunos sectores con escasa

concurrencia y en los que existen situaciones monopolísticas, por razones de dimensión o históricas, que

obligan al Estado a intervenir, así como en los servicios públicos. Por ejemplo, en el sector del acero, o en

la industria eléctrica, que tiene características acusadas de servicio público, yo sigo, efectivamente,

creyendo deseable la nacionalización.

Hay una justificación perfectamente ortodoxa de la economía neoclásica para la intervención estatal en

estos casos. Pero tanto en el PSOE como ahora, yo me muestro más partidario de tender hacia una

reforma de los órgano de decisión de la empresa y no tanto a una estatalización de la economía, que

presenta graves riesgos de ineficacia, burocratización e incluso oportunidades de reforzar una eventual

dictadura política.

LA DERECHA, TAMBIÉN

- Los partidos, ¿han revelado ya por completo la parte económica de sus programa o siguen teniendo

secretos?

—Ya el año pasado, principalmente pera atender a ia expectación que había por parte de la opinión

pública y de la Prensa, se expusieron repetidamente las orientaciones económicas de los partidos de la

izquierda. Incluso han quedado recogidas en un par de libros colectivos. Ahora bien, en el caso del

Partido Socialdemócrata, es preciso redactar el programa por haberse constituido recientemente este

partido tras la separación de varios sectores de esta tendencia. Luego vendrá una adaptación de los

programas económicos a la campaña electoral.

Los programas económicos suelen ser muy extensos, muy detallados, no pueden presentarse de esta

forma al electorado Los programas deberán ahora concentrarse en las medidas a corto plazo y en unas

opciones generales para el futuro. Pero es evidente que no se pueden dar los programas completos en una

campana electoral. Es necesaria una simplificación y una ebreviación. Los partidos presentarán

programas para las elecciones y para presentarse ellos mismos ante el público.

Nos estamos refiriendo siempre a los programas de la izquierda. Pero también la derecha tiene programa

económico.

La derecha, es decir. Alianza Popular, tiene un programa económico, a mi juicio, muy genérico,

excesivamente inconcreto, y además, continuista. Esto último representa, en mi opinión

que es la de un hombre de izquierda, naturalmente—, un grave error en la medida en que, fueran cuales

fuesen sus ventajas y desventajas, no se puede estar ya con el modelo anterior, porque las bases sobre las

que se sustentaba el desarrollo de los años sesenta se han venido abajo.

Pensar que con un plan de desarrollo al estilo de los que patrocinaba el señor López Rodó y que eran más

descriptivos que operativos— saldríamos de la crisis, es pura propaganda vana. Hay otros partidos de

derecha o de centro-derecha que han expuesto sus programas, pero en general han ido a niveles de

concreción muy pequeños, quizá porque piensan que la campaña electoral va a ser muy simplista o que si

dicen algo preciso, a lo peor los ciudadanos les toman la palabra.

Se han limitado a exponer los objetivos que, más o menos, todo el mundo desearla piadosamente: hacer

compatibles un mayor empleo, con una reducción del déficit exterior, con una menor inflación, etc. No

van a mayores concreciones y precisiones sobre el procedimiento o el calendario, limitándose a expresar

vaguedades y a decir que los hombres nuevos y los partidos nuevos lo van a hacer mejor que los antiguos.

Lo cual no es tan fácil, pese a la favorable renovación de la clase política, porque la etapa tan propicia de

la economía occidental de los sesenta y picó no va a volver, al menos en bastantes años.

- Será que los economistas, predominantemente son de izquierdas.

—Los economistas, es cierto, están predominantemente en la izquierda. En la izquierda en sus distintas

matices. Incluso podría decirse que en esta alianza electoral del Centro Democrático, la mayor densidad

de economistas se encuentra a la izquierda. Es decir, que es cada vez mayor su densidad, si vamos desde

el PP hasta el Partido Socialdemócrata.

Una concentración semejante de economistas políticos no se vuelvo a encontrar más que en el Partido

Comunista. No cabe duda de que se trata de una profesión que favorece las posiciones de la izquierda y

no las posiciones del conservadurismo, que tiende a una sociedad igualitaria y no a respetar simplemente

lo dado, a intentar corregir el fruto de la casualidad y de la Injusticia histórica con una acción deliberada,

independientemente de que se estime que la economía descentralizada es preferible.

Porque no se adoran las fuerzas ciegas del mercado cuando se es economista, porque se conocen los

límites que tienen, y se conocen los supuestos de partida que pueden alterar el resultado final y hacerla

indeseable, se conocen efectos externos que eliminan la optimalidad automática. El economista ve estos

problemas con una tendencia profesional a buscar soluciones de reforma y de corrección de los

mecanismos naturales.

LOS SOCIALTECNOCRATAS

- Desde un vespertino, hace pocos días, se bautizaba o tachaba a los socialdemócratas, o a determinadas

personas de esta ideología, de «socialtecnócratas» ¿Es válido el mote?

- No lo creo, aunque el mote es inocente y tiene gracia. El escrito tiene una primera incoherencia, al

describir a quienes ataca como "señoritos de buena familia", «tenidos de azul» y luego calificarles de

"socialtraidores". Ese término se empleaba a principios de siglo, para calificar a los obreros que

abandonaban sus posiciones de clase, identificadas, claro está, con el bolchevismo.

Si no hay obrero, no hay «socialtraición», ni abandono de posiciones marxistes revolucionarias y de clase,

por definición. Pero al mote, desde luego, me hace menos gracia que eI otro, porque me recuerda a Stalin

y a los momentos peores de la literatura socialista. Era un articulo de un miembro del ala mis gauchista y

folklórica del PSOE de Madrid, en perpetua oposición a Felipe González y a la ejecutiva, sea cual sea,

partidaria de la dictadura del proletariado, de la abolición de la familia, etcétera.

Pero, Intentando elevar el debate a un problema de fondo, es evidente que los que tienen una concepción

de la política como pura agitación —y ese articulo sale muchas veces y se contrapone al técnico con el

que pega carteles y con el que tira octavillas en la calle no entiendan la política en un país moderno. Esa

concepción puede ser desastrosa para un cierta izquierda española.

Porque yo creo que la izquierda siempre ha estado asociada con el progreso científico, con las ideas

rigurosas y con el esfuerzo intelectual, frente a la inercia mental de los intereses creados. Entonces, si

resulta que eso se bautiza, superficialmente, como "tecnocratismo", y se cree «pie lo que hay que hacer

para tener una traducción política es sólo dar gritos en la calle, pegar carteles, arrojar octavillas o

mantener chacharas de café en las trastiendas de las librerias, la sorpresa de quienes piensan así va a ser

muy grande, porque las reformas sociales profundas y duraderas se hacen mucho mis efectivamente

reflexionando y sabiendo qué instrumentos técnicos hay que tocar y conociendo la relación de causalidad

de unos fenómenos con otros, que tirando octavillas o pegando carteles.

Sin desdeñar, naturalmente, todas las tareas de propaganda política. Puesto a elegir entre el sarampión y la

viruela, prefiero una izquierda con «socialtecnócratas" que no vayan muy lejos, que nutrida de

«socialineptos" destructivos. Quiero mejorar, no destrozar, es pretexto de utopias románticas reveladas.

- Parece que se ha dado muy por aludido...

— Si, porque uno de los aspectos más penosos que supone dejar un partido es que algunas personas

que han sido amigas de uno, pues dejan de serlo y pasen con facilidad del compañerismo al insulto.

En esos momentos la pasión política —no la razón politice— me resulta aborrecible.

- Usted, según creo, sigue siendo muy amigo de Felipe González ...

— Sigo considerándome muy amigo de Felipe González, de Múgica, de Guerra, de Gómez Llorente y

de tantos otros con quienes he trabajado politicamente muchos años, con alguno de los cuales he pasado

bastantes meses de cárcel.

Y en cualquier caso, sigo considerando que su partido es un gran partido, con dirigentes de categoría

verdaderamente notables. Y lo que siento es que el partido no se haya abierto lo suficiente como para que

los no marxistas estemos en él. En otra ocasión he explicado que, hasta hace pocos meses, a todos los

hombres del PSOE nos unía el antifranquismo, pero que ahora la situación es diferente. Ha llegado el

momento de opciones más concretas. Y yo venia advirtiendo que cada vez se hacía más profundo mi

aislamiento respecto a los militares o con determinados núcleos de militantes del partido. Sin que —

también quiero que conste perfectamente esta actitud— guarde menosprecio alguno hacia las

posiciones que no comparto de mis antiguos compañeros del Partido Socialista. Ellos están en su derecho

y yo en el mio.

COHERENCIA PERSONAL

—No ha faltado quien se pregunte qué coherencia puede haber en una persona —Miguel Boyer que ha

pasado, sucesivamente, por la Agrupación Socialista Universitaria (ASU), por la cárcel, por el Banco de

España, por el INI, por el PSOE y por el Partido Social demócrata, que está en el Centro Democrático.

Si, soy coherente. En la medida, primero, en que la practica demuestra que he sobrevivido bien a esos

avatares: me gano la vida, conservo la familia y los amigos y nadie me considera ininteresante.

Durante diecisiete años he permanecido en el PSOE. Y mientras militaba en este partido he estado en el

INI, y he estado en el Banco de España, y he estado en la cárcel, y he seguido en ese partido haciendo

compatible la militancia con la práctica profesional. No ha sido muy cómodo, pero ha sido coherente. Un

buen número de profesionales, que hemos tenido que vivir ejerciendo la carrera que estudiamos, hemos

llegado a ocupar puestos de cierta responsabilidad técnica, en el INI o en el Banco de España, a pesar de

ser antifranquistas declarados. Este es un fenómeno que en España se ha producido históricamente en

multitud de casos. Azaña fue director general de la Dictadura y Largo Caballero consejero de Estado.

Es un fenómeno normal de los países con una Administración mínimamente desarrollada. Yo creo que

muchos técnicos con posiciones democráticas semejantes a la que hemos mantenido nosotros han sido

piezas importantes en la disgregación del franquismo, hayan militado o no en los partidos.

—¿Los partidos son ya o van a tener que funcionar como empresas?

—Hay en estas organizaciones una lógica interna en parte algo parecida a la de las empresas, parecida

también a la del Ejército o a la de la Iglesia. Son estructuras de decisión y de transmisión de

informaciones que tienden a conformarse a las formas más desarrolladas, más flexibles y más versátiles

que existen hoy, y que resultan ser las empresas. Lo que pasa es que los objetivos de los partidos son,

naturalmente, distintos.

Uno de los objetivos es movilizar, hacer participar en la vida política a grandes masas de población, y este

no se haca mediante los procedimientos por los cuales las empresas obtienen sus objetivos. Las empresas

tienen sus propias estructuras burocráticas y sus instrucciones, y, en cambio, los partidos necesitan mover

gente en la calle, necesiten expresar y difundir una série de ideas. Habrá una parte, la parte de la dirección

de los partidos, que sea muy compleja y que termine por parecerse, efectivamente, a la estructura interna

de la empresa. Pero siguen teniendo sus células de base y sus tentáculos a todos los niveles, que esos no

son asimilables a otros aspectos más visibles y más prácticos de las empresas.

LA RENTABILIDAD

—Tampoco tiene la rentabilidad como objetivo, ¿o sí?

—No, no tienen la rentabilidad como objetivo, sino que, para desgracia suya, se ven obligados a gastarse

el dinero, a perder dinero...

—¿Y de dónde sacarán, de dónde están sacando ya los partidos ese dinero que gastan y pierden?

—Ese es uno de los problemas más serios, que lo único que tiene de bueno es que está simplificando el

panorama electoral, por la penuria con que van los partidos a la campaña electoral. Los partidos, que

están empezando ahora a ser legalizados, a poner en marcha su aparato de recaudación de cuotas y

ayudas, se van a encontrar ya encima la campana electoral. Bien entendido que el Gobierno está

estudiando la posibilidad de devolver, o de subvencionar a posterior, según el numero de votos a los

distintos partidos, con lo cual, entre tanto, los distintos partidos van a ir a buscar el dinero donde está , es

decir, en los Bancos. Y van a pedir créditos a los banqueros, a cuenta del dinero que esperan recibir del

Gobierno. Y según la prudencia y la megalomanía de cada cual, asi será la cantidad de dinero que pedirán

a los Bancos. Según mis noticias, prácticamente todos los partidos, o casi todos los que yo conozco, se

están dirigiendo a los Bancos para pedirles créditos con vistas a la campaña electoral.

—¿Y los Bancos se fian de los partidos y de sus promotores?

—Yo creo que sí . Que los Bancos se fian. Aunque quizá no lleguen hasta prestar dinero a la CNT o el

GRAPO. Tienen esa agradable costumbre de prestar dinero. Y creo incluso que si los partidos no se lo

devolvieran, verosímilmente harían un buen negocio.

—¿Cómo dice...?

—Porque tendrían entonces a los partidos, o a determinados partidos, mucho más cogidos, si encima les

deben dinero...

—¿Pero es que los partidos, o algunos de ellos, dependen ya de los Bancos?

No, no. Es broma. A pesar de todo, a pesar de esa falta de dinero, los partidos siguen sin depender de

nadie, en su mayor parte por lo menos. Los créditos que concedan serán, supongo, casi todos créditos

personales, por lo que los préstamos sólo correrían el riesgo de insolvencia personales, a las que, por otra

parte, ya están acostumbrados... De acuerdo con el futuro que los Bancos atribuyan a cada cual, se verán

más o menos dispuestos concederles créditos.

El PRECIO DE LA DEMOCRACIA

—¿Algún partido nada en la abundancia económica en esta hora?

—No lo sé. No me atrevería a aventurarme. Creo que algunos disponen de bastante dinero. Tanto en la

derecha como en el centro o en la izquierda. Lo que pasa, como le decía, es que algunos ni siquiera

podrán llegarse a dar a conocer, por falta de medios económicos. Creo que quienes más se han movido

por obtener dinero de los Bancos son los de la Alianza Popular.

—La cuota de los militantes, ¿es fuente de ingresos importantes?

—La cuota de los militantes es algo casi simbólico, que apenas permite a los partidos mantener un

aparato administrativo mínimo de secretarias, o de pisos, o para algún viaje. Pero en absoluto serán

suficientes para hacer frente a una campana en la que hay que alquilar espacios publicitarios, realizar

muchos viajes, disponer mítines, editar folletos, semanarios o periódicos durante la campaña... Todo eso

significa gastos muy importantes.

—¿Los partidos hacen o se verán obligados a hacer «fichajes» de figuras, a adquirir, por asi decirlo,

figuras para su propio lanzamiento, de que paguen a técnicos?

—Yo creo que la mayor parte de los técnicos españoles ya tienen determinadas simpatías o inclinaciones

por unas u otras ideologías o partidos. Aunque la política española me parece que peca todavía de

imprecisión y de confusión. Muchos españoles, que podrían ser figuras de cualquier partido, no se han

inclinado todavía hacia ninguno, aunque puede que lo hagan próximamente, porque el panorama español

era hasta hace poco demasiado confuso, existían demasiadas siglas. Igualmente verosímiles —o

inverosímiles—, había demasiadas personalidades dispersas... Yo creo que las elecciones van a imponer

una simplificación tal que ese elemento de confusión va a desaparecer. De modo que habrá, en la medida

en que todavía no se ha producido, una agrupación de los partidos, y en torno a ellos, de las

personalidades más notables en los diversos campos de la actividad: científicos, profesores, escritores,

artistas... Lo duradero que eso sea ya lo veremos. En los países que tienen una larga tradición democrática

tampoco la mayoría de los intelectuales está afiliada a un partido. No es que no sigan de cerca la vida

política y se interesen por ella, pero no como hombres del aparato de un partido. Más bien son raros los

intelectuales que hacen vida de partido, incluso política, por la cantidad de inconvenientes que presenta:

es aburrida, tiene un elevado coste en tiempo, distancia...

—Suele decirse que la democracia es cara...

—Lo es. El bienestar social —y la democracia es uno de sus aspectos esenciales— solamente se alcanza

en sociedades evolucionadas cultural y económicamente.

—¿Los mil dólares per cápita?

—No, no. Yo no me refería sólo a nivel económico, sino a nivel de organiza. clon, educación y cultura.

Un nivel que España alcanzó hace ya mucho tiempo, y no precisamente cuando lo situaba López Rodó, en

razón a la renta per cápita, sino bastante antes. La podríamos haber puesto en marcha en los años treinta, a

no ser por las perturbaciones Internacionales y por la crisis mundial que nos afectó. Y qué duda cabe de

que se trata de una forma superior de vida. Lo que se olvida es que las dictaduras tienen otros costes que

se podrían medir, y que resulten desastrosamente caras. Por ejemplo, ¿cuál es el precio que ha pagado

España por no estar a tiempo en el Mercado Común, por haber sido un mendigo en todos los organismos

internacionales durante estos cuarenta últimos años? Eso supone un coste gravísimo... ¿Y cuál es el coste

social de haber forzado emigraciones en masa sin haber preparado la Infraestructura urbana, tal y como ha

ocurrido en España? Son costes también enormes que tienen las dictaduras, y que no suelen contabilizar.

O, por no haber contado con el divorcio, ¿cómo se medirán los sufrimientos familiares que han debido

pagar los emigrantes? Son costes grandísimos.

—Se ha calculado que un diputado costará entre medio millón y millón y medio de pesetas. ¿Es

demasiado?

—No, no me parece inexacto. Tenga en cuenta la promoción, los viajes, la organización de todo tipo que

se requiere. Y me temo que en esa cifra no se contabilice el esfuerzo personal, el tiempo que se exije del

candidato durante el periodo de la campaña. Y es evidente que no todos los partidos están en disposición

de pagar estos gastos. Por eso serán muy pocos partidos, o muy pocas coaliciones, los que sostendrán la

serie de gastos que supondrá una campana. Como pasa en cualquier país.

—Lo que quiere decir que podrá salir elegido sólo quien cuente con esos apoyos de partido.

—Aunque no es sólo una cuestión da apoyo económico. Existen partidos muy minoritarios que, aunque

contaran con financiación, no sacarían diputados. Pero es evidente que está enormemente vinculada el

coste de una campaña electoral con el éxito electoral...

—¿Usted, personalmente, impuso condiciones para su "traspaso" al PSD desde el PSOE?

—No. Yo no soy partidario de poner condiciones desde fuera de una organización a esa organización,

sino de trabajar en ella. No, no he tenido que Imponer ningún tipo de condición. He hallado un ambiente

y una acogida muy favorables. Es un bálsamo que viene bien el salir de la agrupación del PSOE de

Madrid.

(El periodista no ha podido menor de solicitarle, al final, el premio de una sonrisa. Porque la seriedad, el

mismo gesto, se han mantenido en los tres cuartos de hora de esta conversación Boyer, según él mismo se

explica, siempre ha sido escasamente extravertido. Pero sonríe, por esta vez.)

José CAVERO

(fotos ROMERO.) (Caricatura C. VIGUERAS.)

 

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