Sobre las declaraciones de don Felipe González     
 
 ABC.    10/02/1977.  Página: 1-3. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

SOBRE LAS DECLARACIONES DE DON FELIPE GONZÁLEZ

Publicábamos ayer, en nuestra sección «Cien españoles para la democracia», la

entrevista con don Felipe González Márquez, primer secretario del «Partido Socialista Obrero Español»

(renovado). Nuestro afán por ofrecer una panorámica de las opciones políticas que pueden ser calificadas

como democráticas nos obligaba a contar con la que encabeza, ejecutivamente, el abogado sevillano.

Sin embargo, a los lectores de ABC no puede extrañarles que, una vez publicadas las declaraciones de

don Felipe González, nos sintamos obligados a puntualizar con el máximo respeto algunos extremos, de

acuerdo con la línea política del periódico, aunque determinados puntos, en las opiniones del señor

González resultaran, bien a nuestro pesar, especialmente ambiguos e imprecisos.

Así, el líder del «P.S.O.E.» (renovado) afirmaba que «el Partido Socialista está en disposición de alcanzar

el objetivo de toda organización política: el poder político», autodefiniéndose como «alternativa al poder

actual». Aclaraba, asimismo, que su compromiso «estriba en lograr una Constitución que permita la

articulación federal del Estado para respetar la diversidad». Y que él «entiende por socialismo la

profundizaron de la democracia en el orden político, económico y sociocultural».

Respetando, como anticipábamos, sus opiniones hemos, pese a ello, de manifestar nuestra disconformidad

con algunas de ellas. No nos parece democrático pretender que toda forma de democracia que no sea la

del Estado socialista sea, obligadamente, una democracia superficial. Tampoco que se presuponga que la

única Constitución posible sea aquella que permita la articulación federal del Estado. Y mucho menos que

el socialismo se presente como alternativa al poder actual.

Aun contando con que cuando llegue el momento de la verdad será el pueblo quien decida si opta por la

fórmula socialista o por otra de entre las varias fórmulas democráticas que hoy están decantándose, en el

panorama político nacional, quizá sea un gesto autoritario y poco elegante descalificar de entrada al resto

de los partidos que apoyan el establecimiento y la acción de un Estado democrático, autocalificándose de

poseedor de la clave y de alternativa al poder de hoy mismo. Y nos lo parece porque, además de lo ya

dicho, no creemos que sea ético situarse en la oposición a un poder que ha admitido, como premisa

fundamental de gobierno, su transitoriedad, su papel de «puente» entre dos Estados.

Asimismo se entiende sin dificultades nuestra disconformidad con el modelo de autogestión que propone

para el futuro del mundo socieconómico español. En la teoría y en la práctica decir autogestión es tanto

como negar la libertad de empresa: principio definidor de las sociedades libres. El liderazgo empresarial

sólo puede asumirse eficazmente por quien real y genuinamente es un empresario, y no por cualquiera de

los burócratas designados desde el propio aparato socialista que controlaría el Estado.

Por otra parte, presuponer que sólo formando una España hecha de estados federales podrá respetarse la

diversidad, es, para nosotros, ciertamente aventurado. En más de una ocasión hemos manifestado nuestro

talante, decididamente regionalista, nuestra opinión de que a la España de las regiones, con vía libre para

las diferenciaciones culturales, sociales y geográficas, no cabe oponer, sin grave riesgo para la unidad

nacional, la España federal, España de reinos de taifas, proclive al desmembramiento y a las injusticias

sociales, económicas y políticas

La diversidad regional —escribíamos el pasado 21 del actual—, que es de España hermoso compendio de

singularidades y que ha sido, en un apasionante proceso de integración histórica, su más sólido y esencial

enriquecimiento, tiene, forzosamente, una proyección limitada. Y de acuerdo con ella debe mantenerse en

la unidad española, en el ancho, pero definido perímetro que a todos nos abarca y nos integra. Nuestro no

al federalismo que propone, como fórmula constitucional, don Felipe González, no os sino un sí a España

toda.

Hay aún otro punto que estimamos merecedor de comentario y glosa, en las declaraciones del primer

secretario del «P.S.O.E.» (renovado). Es el relativo a las relaciones de su partido con los comunistas.

«Desde nuestra perspectiva —decía—, sólo si el Poder se empeña en alguna operación que supusiera

condenar al ghetto a la izquierda política del país, podría pensarse en un tipo de alianza como las que

sugiere el frentepopulismo.»

La ambigüedad de la respuesta, la coartada que, para juzgar la ejecutoria política del Partido Socialista

supone achacar al Poder, con su supuesta actitud discriminatoria, la responsabilidad de formación de un

Frente Popular, no nos parecen justas. Será esa cierta izquierda la que se autodiscrimine con su actitud, la

que se ha colocado históricamente fuera del terreno democrático y la que acabará situándose allí cuando

se decida a mostrar cuál es su verdadera faz, cuando sus métodos de acceso al Poder acaben siendo

meridianamente claros para todos cuantos hoy prefieren aceptar su actual disfraz, por comodidad o por el

simple hecho de que «hoy se vende mejor la izquierda», como ya reconocía el líder socialista en unas

recientes declaraciones concedidas a nuestro fraternal «Blanco y Negro».

Saber que los socialistas agrupados en torno al «P.S.O.E.» de Felipe González juegan políticamente a ser

ellos mismos, sin extrañas alianzas totalitarias, que el pueblo español aún recuerda con lógica prevención,

ayudaría al futuro desarrollo democrático del país.

Fuente: ABC MADRID Fecha: 10-02-1977 Página 15

ABC. JUEVES 10 DE FEBRERO DE 1977. PAG. 3

 

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