Autor: P. R.. 
   Felipe     
 
 Arriba.    09/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

nombres propios

FELIPE

El problema de este señor consiste en ser un sex-simbol, pero de izquierdas. La Izquierda y la osa, cuanto

más fea, más hermosa. Para llegar físicamente a un Iñigo Oriol, por ejemplo, la Derecha ha necesitado

luengas generaciones ejercitándose en el duro oficio del Poder. La Izquierda tiene la palidez de la

catacumba y el prognatismo de la incertidumbre. El caso Felipe González es un cromosoma que se saltó

el código genético del antiguo régimen. Felipe, como Piñar en Canarias, no estaba en el minutado del

sistema, y algunos servidores del ancien regime lo que hacían con los felipes era lo que algunas chachas

con el polvo, echarlo debajo de la alfombra, hasta que se notó demasiado.

Ahora Felipe es el chico de la película. El galán es Suárez, pero el chico de la moto y los blues jans, es

Felipe. Le ha pasado estos días lo que a las azafatas de la BEA: que ha salido muy mejorado del «Meliá».

La verdad es que el muchacho iba a ser el latin lover de la Ruptura, pero como Suárez se la ha quitado de

las manos, se ha quedado en el boy friend de la Reforma, que también está muy buena y es más de su

casa. Estos días, en el ascensor del "Meliá», Pietro Nenni miraba a Felipe con una infinita ternura, como

diciendo que quién lo iba a decir. La verdad es que decir, lo dijimos Novais y un servidor el día que en

Suresnes lo lanzaron, como lanzó la Ford el "Fiesta", mientras los iniciados de entonces se preguntaban:

«¿Felipe Qué?»

En el fondo, el Felipe Qué sueña con llenar la plaza de Oriente, y cuando la dictadura del proletariado y la

instancia unitaria se lo permite, le gusta estar en casa para acostar a sus churumbeles. Cecea como Solís y

por éso es por lo que ha lanzado lo del «compromiso constitucional», porque, por ejemplo, el Partido

Nacionalista Vasco, por mucho que se esfuerze, no podrá nunca pedir un «compromizo», ozú. Felipe

«vende imagen» y, en el fondo, cree en montañas nevadas con fascistas muriéndose de frío, y en banderas

al viento solano. Viste de «pret a porter» en El Corte Inglés, sección de lagarteranas, y pasa ante el

mostrador de las corbatas como Ulises ante las sirenas, mientras Múgica le ayuda a resistir la tentación

con una bufanda. La verdad es que lleva siempre una corbata, con dibujitos naif, en el attaché del

"Mercedes» por si estallara la revolución. Una cosa es ser ministro sin cartera, y otra, ministro sin corbata,

que ése va a ser el lío cuando jure los principios —los que haya para entonces— como Senador por

Sevilla. Un ministro de la Gobernación lo recibió hace tiempo en su despacho con éste lance a la

verónica: «Yo soy la autoridad, y usted la ilegalidad, así que haga el favor de apagar la pipa.»

Felipe sólo saca la pipa y el puño por necesidades de guión. Lo que necesita saber el proletariado es si

pertenece al Sevilla o al Betis. Es para seguir gritando ¡Viva Felipe, manque pierda...!

P. R.

 

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