Autor: Pastor Ridruejo, Félix. 
   Fraga     
 
 Informaciones.    28/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

FRAGA

Por Félix Pastor Ridruejo

La presentación de Santiago Carri llo en la conferencia del Club Siglo XXI por Manuel Fraga Iribarne ha

sido, ha venido siendo desde que la noticia corrió como rumor, algo situado en las fronteras del asombro

y del escándalo. La irritación de una parte de la derecha, notable especialmente entre los homólogos

políticos de Fraga, y la ironía de sus contrarios de izquierda, colocan de nuevo el nombre del secretario

general de Alianza Popular en el candelero político. La pregunta del día en este país es dónde queda

después de este gesto, en apariencia insólito, la credibilidad política de un hombre, que ha sido hasta hoy

el mayor adversario político de Carrillo.

Se argumenta, frente a Fraga, que lo sucedido es una demostración de oportunismo político, el inicio de la

búsqueda de una nueva clientela y un gesto que hace saltar por los aires, hecha añicos, la imagen de

Fraga, líder de la derecha.

En realidad se trata exactamente de todo lo contrario. El gesto de Fraga es la antítesis del oportunismo. La

presentación de Carrillo es una demostración de que Fraga toma la democracia con todas sus

consecuencias, incluso las personalmente incómodas. Su real figura aparece ante el país, frente a una falsa

imagen de intolerancia que se le quiso crear. El talante de Fraga es convenientemente intelectual y

dialogante. Como todo político, está sujeto a la posibilidad de errar. Pero si hay alguien que desde hace

años ha dado muestras de coherencia y consistencia ha sido él. Su voluntad de reforma le lleva a aceptar

en su plenitud las consecuencias de ésta. Fraga quiso que el cambio político se hiciese desde la legalidad

vigente en todo momento, pero aceptando las consecuencias de la nueva legalidad.

Las objeciones pueden venir por otro camino. Fraga ha actuado en contra de sus propios intereses, ha

cedido una baza política a un adversario. La entrada de Carrillo en el Siglo XXI es un éxito más en la

línea de la respetabilidad y en su evidente propósito de ocupar el espacio político del P.S.O.E. (Por cierto,

un P.S.O.E. no compuesto precisamente por neófitos y catecúmenos, como insinuó Carrillo.)

Pensemos seriamente si esta respetabilidad es una baza sólo para el señor Carrillo o si la cortesía y el

diálogo del Siglo XXI es una baza para el país entero. Y pensemos también, en un riguroso y auténtico

examen de conciencia, si los que tenemos una idea de la política absolutamente diversa a la del señor

Carrillo estamos dando la batalla allí donde se nos presenta, y donde realmente se debe librar; en el

terreno de la cultura, en el de la dialéctica, en el de la imaginación y en el de la justicia. Cuarenta años de

medidas represivas y de ausencia de diálogo político han producido en pocos meses de democracia al

tercer grupo parlamentario del país, cuya implantación social va mucho más allá de su fuerza en el

Congreso. Meditémoslo seriamente, y no acusemos de incongruencia política a un hombre como Fraga,

coherente en su respeto a la legalidad y que debe presentar batalla a Santiago Carrillo allí donde se libran

las polémicas de la democracia.

Las ediciones de «Eurocomunismo y Estado», el libro de Carrillo, se agotan una tras otra sin que haya

aparecido respuesta suficiente, ni desde sus más próximos competidores de la izquierda socialista, ni

desde el centro y la derecha española. Este es el verdadero motivo de escándalo, y no la presencia de

Carrillo en el Siglo XXI. El libro de Carrillo está muy lejos de constituir una fortaleza ideológica, sino

que mezcla de falacias y de verdades, tampoco es un texto baladí. Quienes hoy se escandalizan, piensen

primero si están carentes de culpa y tienen derecho a lanzar la primera piedra. Este es el verdadero

problema para los que pensamos que el ser o no ser en política de hoy es plantar cara o ceder frente a la

ideología que defiende, que sigue defendiendo desde sus actitudes renovadas, el señor Carrillo.

 

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