Autor: Javaloyes Berenguer, José. 
   Sahara y Gibraltar     
 
 ABC.    27/02/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MERIDIANO MUNDIAL

SAHARA Y GIBRALTAR

Ni con la aprobación por la Yema´a del Acuerdo tripartito de Madrid, ni con la despedida del

representante español en la Administración temporal conjunta - tripartita - del territorio, varia el estatuto

jurídico internacional del Sahara. Tal es, en mi opinión, la almendra de las argumentaciones expuestas por

el embajador Piniés al secretario general de las Naciones Unidas.

La retirada española no puede suponer, en este sentido, desde punto de vista alguno, cesión de soberanía,

por nuestra parte, a Marruecos y Mauritania. El sujeto de tales derechos soberanos no es otro, conforme la

doctrina y Resoluciones de las Naciones Unidas, que la población saharaui. Pautas a las que España se

atiene, admítalo o no Argelia cuando impugna que la Yema´a sea cauce legítimo para ejercer el derecho

de autodeterminación.

Para garantía suficiente al normal ejercicio de tales títulos soberanos exigió la O. N. U. - en la Resolución

3458 B, del 10 del pasado diciembre - que el pronunciamiento de la Yema´a - forma de autodeterminación

convenida en el Acuerdo tripartito de Madrid, y no invalidada posteriormente por la O. N. U. - se hiciera

en presencia de un delegado español y otro de las Naciones Unidas. La ausencia de éste (ayer no llegó a

El Aaiun el representante de Waldheim, quizá como consecuencia del informe presentado por el

secretario general adjunto de las Naciones Unidas) invalida, pese a la presencia del delegado español,

todo intento o pretensión de presentar el comido saharaui como acto de autodeterminación.

Pienso que lo único que queda claro en este complejo e intrincado proceso - incluso aún - de

descolonización, es la decidida voluntad española de realizar un juego limpio, en armonía con las pautas

«onusinas» y sin involucrar las exigencias de lo justo con las aspiraciones, naturales y lógicas, de amigos

y vecinos. Un día ha correspondido poner los puntos sobre las íes a las argumentaciones de Argelia; otro,

toca deslindar claramente las cosas con Marruecos y Mauritania. A nuestra diplomacia no le es dado en

esta ocasión del Sahara hacer una apuesta política por uno o por otro de loa intereses puestos en liza. La

única política posible y justa es la del Derecho. Y la de la prudencia. ¿Cómo podría España salir sin

ulteriores y graves compromisos del Sahara si su posición de ahora mismo no fuera de una no

beligerancia con las pretensiones en pugna jurídicamente probada? No puede, por ejemplo, la Liga Árabe

presumir de manos más limpias que las de España en esta hora final de nuestras obligaciones en el

Sahara. Donde, desde luego, no cabe encontrar esa, misma limpieza de intención es en las abundantes

especulaciones surgidas en la Prensa británica a propósito de las declaraciones de Areilza sobre Gibraltar

y otros temas a la televisión norteamericana. No se sostiene en pie, verbigracia, el alegato de que la

política española sobre Gibraltar había hecho hasta ahora abstracción de los «llanitos». La oferta de un

Estatuto para ellos data, precisamente, de los tiempos de Castiella. - José JAVALOYES.

 

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