Autor: Casado, Antonio. 
 Suceso original en Cádiz. 
 Todos los diputados, al lado del presidente cesado     
 
 Pueblo.    15/09/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

TODOS LOS DIPUTADOS, AL LADO DEL PRESIDENTE CESADO

CADIZ, 15. (Por teléfono, de nuestro enviado especial, Antonio Casado.) — Por primera vez en esta

provincia, un asunto público despierta tanto clamor popular como el Torneo Carranza o los famosos

carnavales de Cádiz: el inesperado cese del presidente de la Diputación, don Fernando Portillo

Seharffausen. Pero, a diferencia de los otros clamores populares, el buen humor brilla por su ausencia en

esta circunstancia. Verdaderamente los gaditanos están, pero que muy serios, preguntándose unos a otros,

«qué es lo que ha, pasado con don Fernando, nuestro presidente», como ellos dicen.

Indignación: no es otra la palabra para describir el ambiente que reina entre los diputados provinciales.

Todos ellos se reunieron en sesión urgente el pasado viernes, luego de confirmarse la noticia. Al término

de dicha sesión hicieron pública su «dolorosa sorpresa» ante la orden del cese —producido

inesperadamente y de forma totalmente inexplicable—, así como su «total y absoluta identificación» con

la labor provincial realizada por el señor Portillo durante los dos años de su mandato. Hicieron constar,

asimismo, que jamás e) señor Portillo habla tomado una decisión sin ser previamente aprobada por ellos;

ni siquiera aquellas decisiones con atribución preceptiva del presidente. Los diputados calificaban de

grave ei perjuicio que se causa a la provincia, al interrumpir una ingente labor de realizaciones

proyectadas bajo el mandato del señor Portillo.

Al fina] de la nota hecha pública por la Corporación a raíz de la citada sesión, hay una, frase que puede

ser el principio de una situación nada airosa para la Administración Central. Me refiero al pasaje donde se

dice que la «Corporación se siente totalmente incluida en la decisión tomada por el Ministerio de la

Gobernación». (Se refiere al cese.) Si esto hay que tomarlo al pie de la letra, el problema que se presenta

es peliagudo.

Vayamos despacio. Para empezar, recordemos que un diputado provincial es elegido (por seis años y por

cada uno de los tres tercios; entidades culturales y económicas, municipal y sindical) y no designado. En

consecuencia, un diputado no puede dimitir, sino cesar. Y, en todo caso, nunca obedece a una decisión

voluntaria o de arbitrio personal, sino a una causa de fuerza mayor, incompatibilidad de cargo, o bien por

falta administrativa, como la no asistencia a un determinado número de Plenos.

Hay una segunda parte, más inmediata, del problema. Para la ceremonia oficia] de relevo de presidente es

imprescindible la presencia de la Corporación provincial. Y es el caso que aún está por ver si los

diputados accederán a ello. (Permítaseme decir, entre paréntesis, que tengo firmes razones para expresar

esa duda. Si aún es duda y no certeza, es porque todavía no he hablado con la totalidad de los diputados.

Eso lo haré mañana en una mesa redonda, para la que estoy emplazado con todos ellos.) Vistos los

acontecimientos, existe la posibilidad de que, . por primera vez en España, se plantee una situación

semejante a ésta.

El secretario particular de don Fernando Portillo, don Antonio Sancho, me ha dicho que se están

recibiendo centenares de cartas, telegramas y llamadas telefónicas desde toda la provincia. Asimismo, en

el diario local se reciben cartas de gaditanos espontáneos. En todas estas comunicaciones se pone de

manifestar la adhesión más incondicional de los gaditanos a la persona del presidente cesante.

E] mismo día de confirmarse la noticia en Cádiz, la Comisión Municipal permanente de la capital aprobó

por aclamación, a propuesta de la alcaldía, elevar al Pleno municipal una moción solicitando que don

Fernando Portillo fuese nombrado hijo predilecto de Cádiz. Se justificaba la moción «interpretando el

sentir general de la ciudad, por el sentimiento causado al ser conocida la noticia de su cese como

presidente de la Diputación Provincial, y en atención a las grandes realizaciones culturales, de viviendas,

asistenciales y deportivas, .que durante los últimos dos años se han llevado a efecto».

Por otra parte, múltiples telegramas de diputados provinciales y otras jerarquías de la capital y provincia

han sido enviados al vicepresidente del Gobierno y al ministro de ¡a Gobernación. Significativo es el

ejemplo, el dirigido por don Baldomoro García, procurador familiar por Cádiz en las Cortes, al ministro

de la Gobernación. Dice textualmente: «Un Fernando Portillo necesita cada provincia española como

presidente de Diputación. Protesto, por representatividad que ostento, enérgicamente decisión tomada.»

Entre las gentes con quienes ayer charlé sobre el caso, hubo varias que me subrayaron esta información

aparecida en el. diario «Ya»:

«Don Fernando Portillo había celebrado reuniones con los presidentes de las diputaciones de Andalucía

oriental y en todo momento pretendió dar una mayor vitalidad a su provincia. Un informe dirigido por él

y editado con el título de "Dos años de acción provincial" fue distribuido recientemente en los Ministerios

y direcciones generales. Del libro son estos párrafos.

«Sin embargo, la situación actual de ios cuarenta y dos municipios de nuestra provincia está muy lejos de

permitirles ninguna acción eficaz. Su incapacidad para efectuar inversiones que mejoren la .situación de

los pueblos que rigen es tal. que el porcentaje de cantidades destinadas a inversión sobre total de sus

presupuestos es, en la mayor parte de los casos, inferior al 1 por 100. Es´ decir, prácticamente inexistente.

A este respecto basta decir que de los cuarenta y dos municipios de nuestra provincia, veintitrés destinan

a inversión menos del 1 por 100 de su presupuesto; diez, entre el 1 y el 4 por 100, y los nueve restantes,

entre e] 4 y el 6 por 100. En cambio, los gastos de personal del presupuesto municipal absorben la mayor

parte de sus ingresos y asi por ejemplo, de nuestros cuarenta y dos municipios, catorce dedican entre el 50

y el 55 por 100 del total de su presupuesto al pago de los funcionarios; veinticuatro dedican a esta

mismo fin del 55 al 75 por 100, y solamente cuatro dedican menos del 50 por 100.

El mayor número de los municipios de nuestra provincia tiene, una absoluta incapacidad para prestar los

servicios básicos obligatorios y necesarios para un normal desenvolvimiento de nuestros núcleos urbanos,

y éste es, quizá, el mayor problema con que actualmente nos enfrentamos en la provincia. Por eso es muy

difícil actuar con eficacia sobre los municipios, cuando los mismos carecen totalmente de vitalidad pro-

pia".»

Hay un segundo capítulo de hechos a mencionar, que tuvieron un curso paralelo entre las ciudades de San

Sebastián y Cádiz. Pero yo no soy el más indicado para relacionarlos. En el larguísimo Consejo de

Ministros del pasado día 12, y parte de) 13, se decretó el nombramiento de un nuevo gobernador civil de

Cádiz, don Luis Nozal. Sólo unos horas antes se había conocido en Cádiz la dimisión, a petición propia,

del anterior don Julio Rico de Sanz, «por tener que atender a sus intereses particulares», según rezaba la

nota entregada por el propio Gobierno Civil al periódico local. Naturalmente, la dimisión —aceptada por

el ministro de la Gobernación— se había presentado algunos días antes. Y algunos días después de que el

señor Rico de Sanz hubiera terminado sus vacaciones.

Por su parte, el ministro de la Gobernación, don Camilo Alonso Vega, había dirigido un telegrama al

señor Rico de Sanz, en el que lamentaba las «circunstancias que decidieron a vuestra excelencia a

formular ¡a dimisión de su cargo». ¿Cuáles son realmente esas circunstancias? Por aquí dicen que

guardan relación con el cese del señor Portillo; pero es algo que nadie —de entre las muchas personas

autorizadas con las que he hablado— puede confirmar a título de evidencia.

Si movido fué el viernes 12, no menos movido fue el sábado 13. que no debía querer perder su condición

de número fatal. Durante todo el día los ánimos estuvieron muy exaltados en todos los ambientes. Había

mucha gente preparada para manifestarse, incluso con pancartas (puedo afirmarlo, por lo que se refiere a

Cádiz y al pueblo de Ubrique). En el comercio de la capital pensaban cerrar dos horas, en señal de

protesta contra el Gobierno Civil. La noticia de la dimisión del gobernador fue lo que aplacó los ánimos e

hizo desistir de tales iniciativas. En segundo lugar, el propio señor Portillo hizo llegar a todo el mundo su

repulsa por semejantes procedimientos, precisamente en un momento en que es más necesario que nunca

mantener, la calina.

El mismo día 13 un portavoz del Gobierno Civil confirmó el rumoreado nombramiento de la persona que

ve a sustituir al señor Portillo en la presidencia de la Diputación. Se trata de don Manuel Paredes

Quevedo, hasta ahora presidente de la Cámara de Comercio y conocido industrial gaditano.

Ayer hablé con ambos: con el señor Portillo y con el señor Paredes. El primero me recibió cordialmente

en su residencia del Puerto de Santa María, donde descansa, en compañía de su esposa y sus cinco hijos.

Con un gran sentido de la prudencia política ha preferido no hacer ninguna declaración en momento tan

confuso, que ni él mismo se explica. Lo mismo por lo que se refiere al señor Paredes Quevedo. De todas

formas, a este último le he pedido permiso para poner en duda su aceptación del cargo, haciéndame eco

de un rumor que corre por ahí. Y él me lo ha dado. Realmente, aún no sabe si va a aceptar o no. Y de

nuevo yo he vuelto a pensar en el problema peliagudo que se le acaba de plantear a ese Madrid donde

reside el Gobierno.

 

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