Autor: Martínez Esteruelas, Cruz. 
 Más allá de las sombras (I). 
 La necesidad de soñar     
 
 ABC.    28/04/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

MAS ALLÁ DE LAS SOMBRAS (I)

LA NECESIDAD DE SOÑAR

LA confusión existente en la vida nacional produce, entre otras cosas, la pérdida de vista de

todo horizonte con lejania bastante para estimular un quehacer colectivo.

Estamos sumergidos en acuciantes problemas cotidianos no siempre afrontados con acierto. Se

consumen importantes energías humanas en salir al paso de insidias, negaciones, conjeturas y

especulaciones. Cuantas fuerzas restan de ese desgaste no bastan a paliar una situación

socioeconómica cada vez más grave. Y, en definitiva, pese a cuanto se habla de futuro, poca es

la atención efectiva que se presta a su preparación con la necesaria profundidad. La profundidad

exigida por un porvenir que afecta, ya, a treinta y cinco millones de seres humanos.

Configurar una nueva forma de convivencia política es tarea importante. No cabe duda. Pero las

cosas no pueden parar en esto. Los gobernantes y las fuerzas políticas que se queden en ello

no estarán a la altura ni de su misión histórica ni de su función social.

Hay otros retos que piden respuesta: ¿qué vamos a hacer los españoles?; ¿qué tipo de comunidad

queremos construir?; ¿qué relaciones económicas y sociales van a constituir su entramado

esencial?; ¿cuál va a ser nuestra aportación específica al desenvolvimiento de la humanidad

en estas décadas esenciales para ella?

La reforma política, si se hace a modo, enriquecerá a esta nación con valores positivos de

libertad y participación. Para ello será preciso que al sistema jerárquico le sucedan unas

limpias y eficaces reglas de juego. Naturalmente ni la cacicada ni el caciquismo. Pero la

reforma política no es la panacea universal. Ni los problemas del presente nos vendrán

resueltos por ella, ni la construcción ambiciosa del futuro consiste sólo en ella.

Concurrentemente, las fuerzas políticas han de esmerarse en la ensoñación de un trabajo común

en el que converjan buena parte de todos los esfuerzos.

Pues el esfuerzo personal, en una sociedad humanista, habrá de tener siempre esas dos deseables

metas: la realización de cada uno y la contribución al quehacer colectivo.

Aquel trabajo común tendrá que reunir una serie de caracteres. Posiblemente podrían resumirse

éstos en tres: ética, decoro y eficacia.

Las exigencias éticas demandan, entre otras cosas, la creación de determinados climas: de

igualdad, de libertad y de seguridad. Y, naturalmente, el desarrollo de todos los valores

espirituales, la aceptación del bien común como una realidad superior al bien personal —es decir,

el compromiso con la comunidad— y la voluntad decidida de ayudar desinteresadamente a todos los

pueblos de la tierra que son presa de la miseria y del dolor.

La respuesta adecuada a estas exigencias comporta el decoro de ese quehacer colectivo. Restituir

la identidad profunda de ser español no sólo con la recordación de la Historia, sino desde la

conciencia de estar haciendo juntos algo valeroso para el género humano. No para la

magnificación triunfalista y chauvinista de la propia nación, sino para dar testimonio de un

sentir generoso de la vida; para someter a los enemigos de la esperanza, cual son la angustia,

la duda y el miedo; para desterrar el tedio, subproducto de una civilización desolada, que

atenaza las almas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y para contribuir, en fin, al

establecimiento de aquella alegría humana, profundamente humana, que los españoles somos capaces

de contagiar cuando sabemos liberarnos de nuestros arrebatos.

Y eficacia. Hemos visto a este pueblo, del que formamos parte, trabajar y trabajar creadoramente.

Ha sabido ser eficaz, sin perderse por ello en los caminos del eficacismo o de la obsesión

eficacista. Somos capaces de sentir y laborar al mismo tiempo. Es decir, ser, a la vez, humanos

y eficaces, simplemente eficaces. No es ésta pequeña cosa.

Sobre la base de esta feliz conjunción es preciso tomar conciencia de que no podemos permitirnos

el lujo de movernos como las ardillas. No hay espacio para el derroche de energía. Lo que se

conciba ha de ser, ante todo, viable, hacedero, y lo que se obre, útil, constructivo.

Es preciso preparar el futuro. Cuanto esto tiene de impulso originario, visión global y acto

de imaginación es, en definitiva, soñar. Cuanto tiene de planeamiento y programación cuidadosa

supone aplicar a los fines últimos todos los medios que la experiencia y la técnica ponen a

disposición del hombre moderno.

Así que tenemos por delante tres conjuntos de cuestiones: primero, remontarse por encima de

las cosas pequeñas y bajas a que algunos pretenden reducir la política de hoy; en segundo lugar,

afrontar clara y decididamente —aun con propia quiebra— los problemas que agobian la vida

española en estos momentos; y, en fin, preparar soñadora e imaginativamente el futuro de esta

nación.

Más allá de las sombras hay un horizonte estimulante o, si se quiere, una nueva frontera. Es

preciso descubrir y diseñar sus perfiles. Es, en definitiva, una obra de imaginación. Una obra

humana por excelencia.

Cruz MARTÍNEZ ESTERUELAS 

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