Autor: Baró Quesada, José. 
   Thomson y las elecciones     
 
 ABC.    18/11/1970.  Página: 28. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA JORNADA DE AYER

THOMSON Y LAS ELECCIONES

Lord Thomson está en Madrid. Llegó ayer. Es un señor que posee, en diversos países, ciento ochenta y

dos periódicos, cuarenta emisoras de radio y televisión, varias agencias de viajes, una editorial y

otros negocios relacionados con la información y el turismo. Es, ante todo, propietario del "The Times",

de Londres, uno de los rotativos más importantes del mundo. Su padre era barbero. Este último dato,

significativo de un origen humilde, revela el talento, la capacidad de trabajo y el temple de luchador de

nuestro visitante ilustre. Madrid recibió al señor Thomson en plena jornada electoral. El destacado

personaje inglés vio., fui vez de pasada, un movimiento un poco desusado. Se votaba a unos cuantos

candidatos a cargos concejiles. El Municipio tiene honda tradición en España. Nuestros capitanes del

Imperio lo llevaron a América. Es la célula primaría de nuestra sociedad política. Conocer los problemas

locales, presupuesto Ineludible para resolverlos, no es nada fácil. Esos problemas los han conocido,

concretamente en Madrid, concejales como Ramón de Mesoneros Romanos, Ángel Fernández de los Ríos

y Andrés Saborit, y alcaldes -cómo el marqués viudo de Pontejos, Alberto Aguilera, el conde de

Vallellano, José Moreno Torres, y Carlos Arias Navarro, actual regidor. También Pedro Rico, al margen

de la pasión política, sabía algo de esas cosas.

Lord Roy Herbert Thomson, que viene Invitado por el ministro Sánchez Bella, se encontró con una

España que metía papeletas en las urnas y trabajaba en el diario quehacer. Una España más equilibrada y

pacífica que la descrita en el siglo pasado por su compatriota Borrow, aquel increíble viajero cargado de

biblias y de pintorescos propósitos evangelizadores. Una España, acaso presentida por otro connacional

suyo, el heroico general John Moore, amigo y defensor nuestro, sepultado por los españoles con todos los

honores, de cara al mar, en un romántico jardín de La Corona. Sobre su tumba cantan los pájaros y

alrededor pasean los novios y juegan los niños. Con el ocaso de la tarde envejeció y quedó marchita la

propaganda electoral de las paredes. Al encenderse las luces eran ya papeles muertos, cadáveres muchos

de ellos de una ilusión fallida. Lord Thomson saboreó seguramente la noche de España con la delectación

de un buen catador de "sherry".—José BARO QUESADA.

 

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