Elecciones municipales     
 
 Informaciones.    16/10/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Elecciones municipal

Poco cabe decir de las elecciones municipales de ayer. Todo lo que había que decir sobre el tema estaba

ya escrito a raíz de las pasadas elecciones de 1970. De entonces acá apenas ha cambiado nada ni se han

aprovechado las lecciones de una Reglamentación electoral anacrónica y restrictiva. Ni «Gundisalvo», el

célebre personaje ideado por Mingote, ha sacado al ciudadano dé su apatía ante las elecciones que más

directamente pueden afectarle: las municipales. Las campañas de Televisión Española y los murales

publicitarios y los anuncios de Prensa, urgiendo a la participación en la jornada electoral, no han podido

al final evitar que más del 50 por 100 del censo haya preferido no molestarse en acercarse a las urnas.

Se argüirá, sin duda, que las elecciones han sido un ejemplo de civismo —lo han sido—, y que la

abstención electoral es una tónica europea, olvidando ´en este caso que nuestros sistemas de

representación política son distintos de los europeos y no cabe, por tanto, equiparar resultados ni para

bien ni para mal.

Jornada electoral en suma, en la que el más noble sentido que encierra la palabra «política» no ha podido

hacerse ver y en la que se han perdido cientos de miles de horas de trabajo —cuatro por votante en

potencia, haya votado p no— y se han gastado muchos millones de pesetas. Tal como se vienen

celebrando, las elecciones municipales puede decirse sin sonrojo que a los efectos casi da lo mismo que

los concejales sean elegidos por los ciudadanos o sean designados libremente por los alcaldes. Acaso,

dada la imposibilidad práctica de discernir la bondad política de los candidatos, la designación «desde

arriba» fuera más acertada que estas votaciones llevadas a cabo a ciegas y sin entusiasmo.

Escribimos sobre unos datos provisionales de votación del 40 por 100, pero mayor atención merecen esos

bajísimos porcentajes —menos del 30 por 100— de las grandes metrópolis como Madrid o Barcelona. En

los pequeños municipios donde todos se conocen, donde se puede discutir en la taberna con los

candidatos soslayando reglamentaciones electorales, es lógico que los índices de votación sean más

elevados y hasta masivos. Pero en las grandes ciudades, cuyos habitantes tienen mayores y más graves

problemas municipales, es donde se advierte la insuficiencia de la mecánica electoral actual. Con todos

los respetos y inéditos a que son acreedores los candidatos a concejales presentados por Madrid, parece

que «no están todos los que son». Figuras importantes y prestigiosas del urbanismo, arquitectura,

sociología de las grandes ciudades, etc., hubieran entrado presumiblemente en liza electoral si la

concejalía llevara aparejadas mayores responsabilidades ejecutivas y políticas (como la elección del

alcalde) y si en la campaña electoral existiera posibilidad de abordar sin restricciones los problemas del

electorado.

 

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