Partidos Políticos. 
 Fraga: No pensamos ser los misinos de nuestro parlamento  :   
 Nunca pretendimos vover atrás, ni hacer neofranquismo. 
 ABC.    01/07/1977.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 43. 

ABC. VIERNES, 1 DE JULIO DE 197 7.

PARTIDOS POLÍTICOS

FRAGA: «NO PENSAMOS SER LOS "MISINOS" DE NUESTRO PARLAMENTO»

«Nunca pretendimos volver atrás, ni hacer neofranquismo»

Tras las elecciones, las distintas fuerzas políticas que en ellas tomaron partí se plantean la situación

derivada de los resultados obtenidos en las urnas. Hemos pulsado la opinión de partidos que no lograron

obtener escaños (ver ABC del domingo 26 de junio de 1977), y en nuestro último número don Joaquín

Ruiz-Giménez analizaba las perspectivas de la Federación de la Democracia Cristiana cara al futuro.

Don Manuel Fraga Iribarne, secretario general de Alianza Popular, designado portavoz de los grupos

parlamentarios de la federación de partidos en el Congreso, responde hoy al siguiente cuestionario. En sus

respuestas, Fraga Iribarne pone de manifiesto cómo A. P. era más optimista que los resultados habidos, y

traza las líneas maestras de lo que será la próxima actividad del grupo político.

—Señor Praga Iribarne, ¿qué expectativa de resultados tenía Alianza Popular antes de las elecciones?

—Ciertamente éramos más optimistas que los resultados habidos, aunque éramos también conscientes de

las dificultades con las que luchábamos. Tuvimos enfrente a una coalición con todo el apoyo

gubernamental, a todos los niveles; a toda la izquierda, con un Partido Comunista afirmando que se podía

votar a cualquiera menos a nosotros; a amplios grupos de los medios de información, con campañas de

agresión personal, como alguna, que fue necesario llevar a los Tribunales. Los sondeos de opinión (tema

muy discutido en todos los países) en algunos momentos más parecían destinados a orientar el voto que a

producirlo. Dicho esto, es lo cierto que Alianza Popular ha tenido millón y medio largo de votantes; que

les rinde pública gratitud por su confianza; que espera no defraudarles al servicio de España, que es lo

único importante.

—¿Considera que los motivos del revés electoral de Alianza Popular son ideológicos, de planteamiento

técnico o de ambos a la vez?

—Dudo que sean ideológicos; nuestro programa común ha tenido buena acogida y de hecho no ha sido

criticado por nadie, e incluso ha sido copiado por algunos.

De carácter táctico, es posible. Pero conviene decirlo todo. Alianza Popular, al salir en septiembre,

preocupó a muchos y tuvo enemigos en todas partes: pero, por su mera existencia, acabó con la sopa de

letras obligando a los demás a agruparse también; aisló a la extrema derecha, trayendo los votos

conservadores a un terreno razonable y democrático; plantó cara al rupturismo, que a su vez le declaró la

guerra a muerte. Esos son servicios a España, que justifican cualquier sacrificio.

—Se ha dicho que Alianza se aferró demasiado en sus planteamientos al franquismo y que eso ha

sido una de las causas de la derrota, ¿comparte usted esa opinión?

—Nosotros hemos defendido tres cosas: que una época constructiva y creadora debía ser respetada; que

España no debe volver al sistema de bandazos, sino practicar una política de continuidad social, y, fin,

que la situación económico-social no aconseja desmontes, sino la creación de reservas y la cooperación

de todos. Nunca pretendimos volver atrás, ni hacer neofranquismo; somos reformistas, de lo que yo creo

presentar un buen historial a lo largo de varias épocas. En resumen: yo creo que la lealtad as una gran

virtud, para todas las estaciones; la hemos demostrado al pasado, pero pensando, sobre todo, en el pueblo

español y en su futuro.

—¿Cree usted que Alianza Popular sigue siendo una opción política válida para el futuro o tendrá que

cambiar radicalmente en su planteamiento, en su programa y, quizá también, en sus hombres?

—Esta es, sin duda, la cuestión fundamental. Por supuesto, ninguna fuerza política sale definitivamente

configurada en su primera salida política; debe practicar constantemente la autocrítica, la reforma, el

sentido de adaptación, propio de los seres vivos. Sólo los minerales no cambian. Nosotros estamos

examinando seriamente la situación y lo haremos lo largo de los próximos meses, teniendo también en

cuantía lo que hagan los demás. Nosotros, por otra parte, tentemos un compromiso con quienes nos han

votado y ayudado de muchas formas verdadera mente patrióticas y con profunda y ejemplar entrega.

Dicho esto, no podemos tan improvisar; aceptaremos gustosos toda clase de sugerencias y de críticas, y

procuraremos conectar, sobre todo, y de buena fe, con nuestras bases, que han de decir la última palabra.

No hace falta decir que, en concreto, nuestras personas quedan a su incondicional disposición.

Pero yo no dudo sobre dos cosas: la primera, que el país no va a dar muchas vueltas en los próximos dos

años; la segunda, que una fuerza nacional conservadora, democrática, reformista y absolutamente

dedicada al progreso y a la justicia social, tiene un lugar claro, en el panorama político español.

—Dado el escaso número de escaños alcanzado en ambas Cámaras, ¿qué papel pretende desempeñar en

ellas su grupo parlamentario? ¿No sería mejor intentar un acercamiento o una fusión coa la Unión de

Centro?

—El número de escaños es suficiente para una presencia, correcta y eficaz, que procuraremos cumplir con

redoblado esfuerzo. El respeto al mandato recibido de los electores nos obliga en conciencia a hacerlo

desde una clara identidad y responsabilidad. Por otra parte, no declináramos ninguna colaboración viable,

con todas las fuerzas políticas, al servicio del país.

—Olvidándose que es usted hombre de partido, como profesor de Derecho Constitucional, ¿cree usted

que estas elecciones han producido unos resultados buenos para España?

—Creo que el resultado ha sido razonablemente bueno, en diversos aspectos. En primer lugar, en una

primera simplificación del confuso panorama político, eliminándose muchos partidos de una escena

demasiado abarrotada; en segundo lugar, eliminando a los grupos más extremistas de ambos lados del

espectro.

Lo demás está por ver y lo veremos muy pronto en las Cortes. Personalmente, y aunque mi criterio

discrepa de alguno muy autorizado expuesto en los últimos días, creo, en todo caso, que el sistema de

partidos no está definitivamente establecido, y dependerá mucho de la marcha general del país en los

próximos dos años.

—Volviendo al tema electoral, ¿cómo explica usted ese gran número de votos socialistas?

—Lo primero que habrá que decantar es si se trata realmente de votos socialistas, o de votos que

simplemente apuntabas a un ritmo más pronunciado de cambie social y político. Por otra parte, el Partido

Socialista Obrero Español ha hecho una doble campaña; una, dentro de sus Congresos y mítines, más

marxista: otra, cara a los medios de comunicación, más socialdemócrata.

En todo caso, ahora vamos a ver su verdadera actitud. Dios quiera que acierten en darle al país una

versión aceptable del cambio sin traumas, como correspondería a un verdadero partido a la vez socialista

y democrático.

—¿Cómo ve usted el porvenir de Alianza Popular después del mediocre resultado electoral obtenido?

—Es indudable que el resultado no ha sido satisfactorio; piense usted, por otra parte, lo que hubieran dado

otros grupos, como la Democracia Cristiana, por haberlo obtenido. Dicho esto, la política es algo

dinámica, que no termina un 15 de junio, sino que continúa y sigue permanentemente; una batalla no es,

necesariamente, el final de la guerra. Hay en Alianza Popular elementos coyunturales; era lógico y

natural, abierta la carrera hacia la formación de un sistema de partidos políticos, que un grupo de

ciudadanos decidieran unir sus fuerzas para crear una más grande o capaz de actual en serio. Si se

consideran las circunstancias, más parecidas a las de 1931 que a cualquier otro momento histórico, y se

compara la composición de estas Cortes con las Constituyentes de entonces, se verá que no fue tan poco

lo conseguido.

Pero aquellos siete partidos iniciales se han ido perdiendo, se han ido interpenetrando y hoy sabemos que

hay una base cara un partido moderno, realista, nacional, abierta, no marxista, reformador, defensor de la

Ley y el orden, superador del pasado sin deslealtades, integrador, sin demagogia, sin copias foráneas,

capaz de subsistir en los dos próximos difíciles años. Ahora hay que buscar la mejor fórmula de

organización, el perfeccionamiento de la imagen y, por supuesto, las mejores figuras (sobre todo, figuras

jóvenes y nuevas) pata dirigirlo y representarlo. Esa será la tarea de los próximos meses que ya hemos

iniciado, llenos de buena fe y esperanza.

—¿No teme usted el desánimo de muchas personas en estos momentos?

—Ello es inevitable, para algunos; pero yo soy más optimista en cuanto a la mayoría de nuestros

militantes y simpatizantes. No creo se considere jactancia el decir que nuestros votos han sido votos

convencidos y leales; y es notable que precisamente en la semana siguiente a las elecciones, el promedio

de fichas de miembros suscritos ha aumentado. Hemos recomendado a las organizaciones territoriales un

examen desapasionado de lo hecho hasta ahora, un contacto redoblado con la base real resultante de las

elecciones, una preparación de la necesaria reestructuración de las Juntas provinciales, y comenzaremos

pronto una serie de viajes para estudiar la nueva situación. Pero no dudo de que en los próximos meses

muchas cosas se van a aclarar en favor de tos que pensamos que «España es lo único importante».

—¿Cómo espera usted, lograr esa imagen de partido renovado, que no mira al pasado, sino hacia el

futuro?

—Pronto empezarán a funcionar las Cortes. Nuestros grupos parlamentarios, que ya han comenzado a

reunirse, van a dar su medida exacta ante la opinión. Pronto se verá lo absurdo que es esperar de nosotros

actitudes nostálgicas, o menos reaccionarias, ni intransigentes. No pensamos ser loa mismos de nuestro

Parlamento. Defenderemos nuestro ejemplar programa en sus propios términos; un programa moderno,

abierto, profundamente social, con visión de futuro. Si alguno cuenta con nosotros para representar otro

papel se equivoca de medio a medio.

—¿Cómo ve usted el desarrollo inmediato del acontecer político en España?

—Hay un hecho cierto: las responsabilidades principales del Gobierno y de la oposición corresponden a

los dos partidos que, en este momento, tienen mayor número de escaños. A ellos corresponde el

protagonismo, y también la responsabilidad ante quienes les han votado.

Si los unos aciertan a dar al país las argentes iniciativas para sanear la economía, ordenar constitucional y

administrativamente el Estado, arbitrar el complejo problema de las autonomías, liquidar el terrorismo y

restablecer la confianza, todos contentos. Si los otros, en un momento de auténtica emergencia nacional,

aciertan a moderar sus deseos de cambio radical, desisten de actuar fuera de las instituciones, no insisten

en desenterrar las viejas querellas, no pretenden aprovecharse de las dificultades para imponerse a corto

plazo, también será bueno y conveniente.

Si, por el contrario, unos y otros nos sitúan en una falta de las acciones indispensables, nos abocan a una

grave crisis económica y social, y toleran la desintegración del Estado español, todos sufriremos las

consecuencias y tomaremos buena nota también. En todo caso, ha llegado la hora de las realidades,

pasada la de las gracias fáciles y las fantasías de campaña.

—¿Espera usted una correcta convivencia entre los diferentes partidos y sus dirigentes?

—Esta será una de las medidas más interesantes de las próximas semanas. Para mi, viejo observador de la

vida parlamentaria en varios países, a lo que he dedicado varios libros, me parece que si eso no se logra

desde el primer momento, y los salones parlamentarios se convierten en desfogadero de resentimientos y

en disimulo de incapacidades, el porvenir será malo.

Por el contrario, si (como nosotros, desde luego, lo intentaremos) se lograse un mínimo de consenso, de

espíritu de cooperación, de comprensión mutua, desde las inevitables distancias, el porvenir sería más

prometedor.

—Cuando nadie hablaba de centro en este país, usted lanzó el concepto a la arena política. Ahora, ese

lugar político lo ocupan otros. ¿Qué posición política le queda a Manuel Fraga?

—Nunca he creído que las posiciones políticas sean como las de una mesa, o las de un baile de trajes. En

cada momento be defendido lo que creí más conveniente para España; cuando predominaban las

posiciones inmovilistas defendí la reforma; cuando presionaron los rupturistas, defendí también la

reforma, y, en cada momento futuro, defenderemos, con el nombre que sea, lo que más pueda servir al

conjunto de los españoles.

Más pronto o más tarde, todos hemos de comprender que, para defender nuestro trabajo, nuestro nivel de

vida, nuestro bienestar, todos tenemos que aportar algo también a esa comunidad que se llama España.

Nosotros ahora vamos a buscar nuestro sitio natural, sin que nadie, de un lado u de otro, nos lo imponga.

Por supuesto, reconociendo que ya se ha vuelto la página, y que empiezan problemas nuevos. Pero

siempre desde los principios básicos del ser y de la Historia de España.

—Hay mucha gente que cree que Manuel Fraga hubiera obtenido un resultado más favorable de haberse

mantenido sólo con Reforma Democrática. ¿Qué opina usted?

—Que estas consideraciones son inoperantes: lo hecho, hecho está. Uno de los servicios que Alianza

Popular ha prestado, con su mera aparición, fue inclinar a los demás a agruparse también, reduciendo la

famosa sopa de letras a un número reducido de coaliciones. Esto era necesario, en mi momento de

eclosión de múltiples grupúsculos políticos, con cuantos sacrificios personales hiciera falta.

Ahora, en el nuevo empuje hacia adelante, más que nunca recurriremos a las ideas de reforma decidida,

en todos los planos, en los que espero que muchos volveremos a encontrarnos. En esto hay unanimidad en

las conversaciones que estamos teniendo; mirar siempre hacia adelante, por España.

—¿Qué les diría, finalmente, al millón y medio de españoles que ha votado a Alianza Popular?

—Un mensaje de profunda gratitud; un testimonio de lealtad; un propósito de no defraudarles. A las

gentes de mi pueblo, de Villalba, a los que nos han ayudado de mil maneras, a tantas mujeres y jóvenes

que nos han dado un gran ejemplo de entrega, a todos, una promesa formal de enmendar las muchas

faltas, para servirles mejor a ellos y a nuestra nación. Y a los que ahora no nos han votado, nuestro

respeto y nuestra esperanza de ofrecerles pronto alternativas serias y justificadas por los hechos. Pues

todos hemos de encontrarnos en los destinos de España.

 

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