Autor: Jurdao Arrones, Francisco . 
   La ley de Régimen Local: ¡ya!     
 
 Diario 16.    12/05/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La ley de Régimen Local: ¡Ya!

Francisco Jurdao Arrones

Por más que leo el programa urgente legislativo del Gobierno, no veo, ni que se parezca, una ley de

Régimen Local. La verdad es que no sé lo que piensa el Gobierno sobre el tema, pero me temo no tenga

prisa en que se ponga en marcha una ley que dé a los Ayuntamientos españoles la posibilidad de realizar

algo más que moverse con dificultad, tal como ocurre en estos momentos. Como ha dicho Tobalina:

«Por primera vez desde el constitucionalismo España carece hoy de una ley de Régimen Local fuera de la

«chapuza» que significó el texto articulado parcial de la ley 41/75 de Bases del Estatuto de Régimen

Local aprobado por el real decreto de octubre de 1977».

Tras las «chapuzas» de 1977, hemos asistido últimamente a una serie de normas legales sobre materia

local sin pies ni cabeza, hasta el punto de que los técnicos municipales comienzan a sentirse

desorientados. El confusionismo legal camina por cotas peligrosas, además de maniatar cada vez con más

energía la política y administración local. Y todo ello cuando los Ayuntamientos estrenan democracia y

son en mayoría de distinto signo político que el Gobierno.

Hasta ahora la gestación de una ley de Régimen Local ha sido una operación lenta, compleja, y, si se

quiere, conflictiva, como ocurrió con el proyecto de ley de Bases de 1972, que no pasó de ser un simple

proyecto de ley. Si esto ocurría en los años de la dictadura es de prever que hoy las dificultades serán

mayores, sobre todo si se quiere recoger la complejidad municipal de España, presentada en un ramillete

de municipios-tipo, donde pasemos de regímenes autonómicos al de tipología municipal. Y para esto hay

que conocer las distintas variedades de municipios y legislar para cada grupo de idénticas características

socio-económicas y dinámica urbana. Hay que llevar la imaginación al municipio. Y para esto, me temo

falten ideas y visión de lo que España es a escala local. El centralismo nos ha tarado para muchos años.

Existe un «atado y bien atado» para determinadas pautas de pensamiento.

Si una ley de Régimen Local reúne los requisitos de dificultad y lentitud alarma que el Gobierno ni

siquiera la incluya en su programa legislativo urgente. La urgencia de la ley preocupa a los actuales

políticos locales. Más cuando ven que gran parte de lo que ofrecieron, y el pueblo les pide, se sale de sus

competencias y recursos, si caminan dentro del ordenamiento jurídico vigente, carente de fluidez y

dinamismo, y sobre todo de capacidad económica. Lo que puede conducir a que sea el propio pueblo el

que arremeta contra la democracia local, al sentirse defraudado. Precisamente éste es el gran reto que

tienen ante sí las nuevas corporaciones democráticas de izquierda; lo que está en juego es el futuro

democrático de España.

Si el Gobierno, al sentirse vinculado a escala local, toma la maquiavélica iniciativa de despreocuparse de

la buena marcha de la gestión local mediante una actitud oportunista, que queme rápidamente los

políticos de izquierda afincados en los Ayuntamientos, me temo que los resultados van a salpicar a todos.

Los resultados sólo beneficiarán a aquellos que anhelen el desconcierto y la desesperanza del vecino

español. La ley de Régimen Local es algo que no espera, o se inicia ya, o mañana será tarde. Porque

pronto puede llegar la desesperanza a niveles concretos, de pueblo, de barrio, con lo que todos,

absolutamente todos, quedaríamos atrapados en un laberinto de difícil salida. Tocqueville estaba en lo

cierto:

«El municipio es la escuela de la democracia.»

 

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