Autor: Allué Escudero, Miguel. 
   Las cajas de ahorros, en su sitio  :   
 Tres asombros y tres seguridades. 
 Hoja del Lunes.    10/10/1977.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LAS CAJAS DE AHORROS, EN SU SITIO

• TRES ASOMBROS Y TRES SEGURIDADES

Por Miguel ALLUE ESCUDERO

Zaragozano, de cincuenta, y tres años de edad, Miguel Alllue Escudero ha dedicado su vida profesional al

servicio de las Cajas de Ahorros, cuya dirección desempeña en la actualidad, tras haber ocupado durante

siete años la dirección general de la Confederación Española de las Cajas de Ahorros. Su figura al frente

de esta institución, profundamente arraigada en la sociedad española, está estrechamente ligada a la

vida económica de nuestro país y su trayectoria profesional le ha llevado a la, Junta Rectora

del Fondo para la Investir/ación Económica y Social de la Confederación y al Consejo del

Instituto Español de Emigración, así como al Consejo Rector de la Asociación para

el Progreso de la Dirección. En esta misma linea de participación activa en la

vida española ha sido vicepresidente de la Comisión de Vivienda del Plan de Desarrollo,

miembro de la subponencia de la Pequeña y Mediana Empresa, y de la Comisión de

Financiación del Plan de Desarrollo. Forma parte de la Junta Rectora de la Fundación FOESSA,

del Patronato de la Complutense, de la Universidad a Distancia y de la Pontificia de Salamanca.

Hoy, cuando las Cajas de Ahorros están sobre el tapete de la discusión pública, Alllué Escudero expone

en esta sección divulgadora, de HOJA DEL LUNES su opinión de experto, como siempre, abierta y

valiente.

DENTRO del gran proceso de cambio que se ha operado en España en los últimos meses, también sus

Cajas de Ahorros durante las últimas semanas han sido objeto de la transformación posiblemente más

importante y rápida a lo largo de su más que centenaria historia. Las Cajas de Ahorros han sido, en virtud

de dicha transformación, noticia de actualidad casi constante en las páginas del "Boletín Oficial", en los

medios de difusión social y en la opinión pública. Entre las reformas que .la mencionada transformación

nos ha traído, las hay de signo claramente positivo y constructivo: bajada paulatina, pero importante, del

coeficiente de inversión obligatoria en valores con posibilidad de dedicación de más altos porcentajes de

los recursos que antes a sectores que por sus características son estimados por todos como especialmente

calificados para tal dedicación preferente; la regionalización de las inversiones; la reducción de los

circuitos privilegiados de financiación y de las distorsiones que los mismos producen en la rentabilidad y

en la asignación eficiente de los recursos; el acceso a los créditos de apoyo a la liquidez; la ampliación de

la operatoria para alcanzar la condición de entidades de crédito completas, etc. Otras han sido objeto de

mayores críticas o son susceptibles de originar determinadas preocupaciones o reservas en el juicio. Así,

por ejemplo, el nuevo cuadro múltiple y complicado de órganos de gobierno y las estructuras de cada uno

de ellos, pero incluso estas últimas reformas tienen facetas positivas y podrán serlo casi todas si los

hombres llamados a llenar de contenido real el marco que es la norma jurídica aciertan o acertamos a que

las consecuencias que se deriven de tan importante transformación sean también afirmativas, pues no todo

en la vida real son las normas, sino que el éxito o fracaso de éstas dependen en buena medida de que se

sepa responder al reto que la propia norma contiene.

PERO que se me permita ahora, desde mis conformidades y mis reservas o si se quiere, desde una

primera fila de espectadores de lo ocurrido, manifestar externamente algunos de los contenidos de mi

ánimo expectante durante las últimas semanas y aun en la actualidad. Los condensaría en tres asombros y

en tres seguridades.

Mi primer asombro ha consistido en que en algunos momentos parecía como si

uno de los grandes problemas del país fuesen las Cajas de Ahorros. Esto es radicalmente falso. Sobre

España pesan ´gravísimos y acuciantes problemas sin espera, pero las Cajas de Ahorros, que

evidentemente precisaban de una adaptación a un nuevo entorno y de una mejora perfectiva, exigida por

su propio desarrollo, han sido, eran y son uno de los sectores de la vida económica del país que han

funcionado bien, que han gozado de confianza y prestigio, que han progresado y ganado cuota de

mercado, que han proporcionado el acceso a la vivienda a millones de españoles, que han podido

compararse con ventaja con las instituciones análogas de los otros países europeos y. que lograron ante el

pueblo español, legítimamente, una buena imagen justamente merecida. No, en España no ha habido ni

hay un problema de Cajas de Ahorros. Por el contrario, las Cajas de Ahorros le han resuelto muchos

problemas a España, y _si su propio progreso y desarrollo exigía un traje más holgado, una mayor libertad

de movimientos, una mayor democratización y representatividad, una actualización y adaptación, en

suma, no ha podido por menos de asombrarme el desenfoque y el desmesuramiento que a veces parecía

adquirir el tema, como si los españoles quisiéramos con falsos problemas hinchados tapar la virulencia de

aquellos qué en verdad atenazan y angustian a nuestros conciudadanos.

Mi segundo asombro ha sido la cortedad de mira de ciertas gentes que parecían obsesionadas en aplicar

criterios propios de entes políticos a unas entidades de crédito que por su naturaleza misma los rechazan.

El norte de algunos parecía ser la politización de las Cajas, cuando éstas, por su esencia misma, tienen

que rechazar tal fenómeno, no deben ser partidistas ni de facción alguna, deben ser de todos y para todos.

Pero mi asombro subía de punto cuando veía que ciertos sectores caracterizados por su sentido

anticapitalista parecían dispuestos a prestar torpemente el mejor servicio en bandeja de plata al

capitalismo que rechazan, pues la politización de las Cajas hubiera perjudicado gravemente a este sector

social del sistema crediticio, que tan meritoriamente supo alcanzar el ocupar un tercio del sistema.

Y mi tercer asombro ha sido el desconocimiento que algunos medios de difusión han tenido, felizmente

sólo algunos y nunca los más prestigiosos, del deber que en cualquier país civilizado todo ciudadano

responsable, provisto de una pluma, tiene de cooperar al fomento del ahorro y a la defensa del mismo y

no intentar socavar la confianza en las entidades de crédito, confianza que es piedra angular del buen

orden y del progreso económico de un país.

PESE a estos asombros, me han acompañado en todo momento unas claras seguridades que en mi ánimo

no se debilitaron nunca.

Mi primera seguridad se ha basado en la fe que tengo en la capacidad de integración de nuestras Cajas de

Ahorros, capacidad de conquista de voluntades de servicio y cooperación con unas entidades que

consiguen despertar en cuantos con ellas se relacionan compenetración en la marcha hacia objetivos y

afanes comunes. Por vías de mayor democratización y representatividad, las Cajas seguirán integrando

ilusiones y entusiasmos en su constante caminar.

La segunda seguridad, que en mi ánimo no ha faltado nunca, es la de que proseguirá en las Cajas la

conjunción del fenómeno de adaptación con el de continuidad. Las Cajas de Ahorros seguirán siendo ellas

mismas, con viejos objetivos señalados por sus fundadores, con e! destino a obras sociales de sus

beneficios y, sin embargo, alineando medios, posibilidades e instrumentos más modernos, más completos,

más actuales, en consonancia con el tiempo que vivimos y con su condición de entidades de crédito

completas, a la que les. ha conducido su propio proceso de crecimiento y mayoría de edad.

Y mi tercera seguridad estriba en que perdurará en el talante de las Cajas de Ahorros el ser lo que sus

impositores quieran que sean. Ya de siempre hubo en ellas una última razón democrática, la de las

ventanillas abiertas, a las que acudieron los españoles libre y voluntariamente, sin que nadie lee forzara,

para confiar sus ahorros, fruto de su esfuerzo y trabajo. Treinta y dos millones de cuentas en las Cajas es

todo un ejemplo de confianza ganada y mantenida, y las gentes miran lo que hacen, más aún que cuando

depositan sus votos, cuando confían su dinero. El pueblo español no ve a sus Cajas como problemáticas,

sino como seguras y dignas de confianza. Esos sutiles lazos entre Cajas y pueblo, hechos de

entrañamiento y de confianza, también estoy seguro que perdurarán en el futuro, y si sabemos hacerlo,

podrán y deberán acrecentarse, incluso, con los instrumentos que la nueva normativa nos brinda:

integración de las representaciones de los impositores, de los empleados, de las entidades fundadoras y de

instituciones de arraigo en las regiones o zonas en que actúan.

¿OPTIMISMO ante el futuro de las Cajas de Ahorros? Simplemente confianza en que un organismo sano

asimila y digiere, reacciona y se desarrolla, supera dificultades y alcanza más altas tallas, pero en la

coyuntura en que nos encontramos el futuro de las Cajas, y no sólo de las Cajas, ya a depender, mucho

más que de su temática interna, del rumbo general del problema económico, financiero y aun político del

país. Nada será posible en España si no se doblega la inflación y renace la confianza, si no se modera el

consumo y se vuelve a invertir de nuevo, sí no se vuelve a trabajar de nuevo con afán creador auténtico a

todos los niveles, restaurando la existen expectativas de beneficios enoi productividad seriamente dañada;

si no existen expectativas de beneficios en las empresas en clima que permita la creación de puestos de

trabajo y el buen funcionamiento de una economía social de mercado. En esa misma línea de trabajar,

ahorrar y crear se sitúa la necesidad de que el Gobierno gobierne, de que exista en el país un orden

público aceptable y una autoridad respetada y ejercida como se debe ejercer en una democracia pero sin

olvidar que, tanto en los grandes procesos de cambio; y más cuanto mayor sea el cambio, así como en los

momentos de crisis económica, y la nuestra es de máxima gravedad, es cuando más se precisa el que

exista autoridad. De la existencia o no de un ambiente de paz,, de trabajo, de libertad con orden, si que va

a depender el futuro del ahorro y de las Cajas de Ahorros, pero también, por supuesto, el de nuestra

economía y el de España misma. Hace unos cincuenta años que hablaba Ortega "de la desmoralización en

que por fuerza ha caído el pueblo español, la desmoralización de quien no tiene nada que hacer". ¡Y hay

tantas cosas en España por hacer! Tanta necesidad de trabajar, de ahorrar, de invertir, de crear... En esa

línea, el pueblo español seguirá precisando cié sus Cajas de Ahorros, y después de !a gran reforma

reciente, confío en que las seguirá encontrando como los propios ahorradores las desean y a su servicio.

 

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