El otoño caliente de Fraga     
 
 Diario 16.    21/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El otoño caliente de Fraga

Un pan como unas tortas haríamos los españoles si después de los avances parciales, pero reales logrados

en estos meses acabáramos dando el Poder otra vez a los herederos políticos de Franco. Las próximas

elecciones no van a ser todavía una decisión entre varias opciones democráticas, sino que tendrán como

alternativa la novedad democrática o la continuidad dictatorial. En política no se aplica lo de "muerto el

perro se acabó la rabia", porque las posibilidades de escamotear a un pueblo las libertades son enormes y

los candidatos a salvadores providenciales casi hacen legión. Cualquiera podría señalar en el actual circo

político español unos cuantos aspirantes.

Nadie puede ser tan ingenuo que acepte el sofisma de Alianza Popular según el cual este país necesita una

democracia dura —o fuerte, como dicen otros más suavemente— sobre todo en una primera etapa. Fraga

sabe mucho de dureza, pero poco de democracia. Su proclividad al ordeno y mando le llevaría

inmediatamente a una especie de democracia marcando el paso. Pero, sobre todo, llevaría al país a una

situación catastrófica e irreversible. Un "ejercicio de simulación" de lo que ocurriría si en las elecciones

triunfasen los neofranquistas puede ser muy conveniente.

Unas Cortes dominadas por Alianza Popular significarían por lo pronto el arrinconamiento de los

proyectos de una nueva Constitución. Las Leyes Fundamentales de Franco continuarían en vigor, sin

muchos más retoques que los que ya supone la ley de Reforma Política, si es que no se daba marcha atrás

introduciendo elementos corporativistas en el Parlamento. Los vencedores exigirían al Gobierno y Fraga,

desde la Moncloa, iniciaría una campaña de saneamiento nacional bajo el lema de ley y orden. Sus

intentos de meter en cintura a los partidos políticos y al movimiento obrero provocarían una reacción

masiva y el de 1977 podría pasar a la historia como el otoño caliente de Fraga. Vitoria y Montejurra

quedarían como simples escaramuzas al lado de lo que podrían ser los últimos meses del año.

Todo lo conseguido en estos últimos tiempos en el orden internacional quedaría gravemente perjudicado

y las sonrisas de ahora se trocarían nuevamente en ceños fruncidos. TVE volvería a quejarse de las

injerencias extranjeras y a protestar por las campañas antiespañolas y Fraga reinventaría el "España es

diferente", aunque ahora con finalidades distintas de las turísticas. La imagen democrática conseguida por

la Monarquía se empañaría sin remedio y algunos empezarían a identificar democracia y república. En

nombre de la variedad de España el tema regional quedaría irremediablemente paralizado y una

sistemática caza de brujas modern style sería la respuesta de poder a una contestación creciente y

generalizada. Mientras tanto la oligarquía continuaría la expoliación del país con brío renovado, al grito

de "sálvese quien pueda". La oposición se retiraría al aventino y cual nuevo Sansón, Fraga podría

obsequiarnos con un final wagneriano: Los filisteos derrotados bajo los escombros del débil templo

democrático.

El futuro no va a ser fácil porque consolidar una democracia es un empeño costoso. Ni aquí ni en ningún

país es sencillo gobernar respetando las libertades. Pero el gran error histórico de España en este

momento sería volver la vista atrás después de haber puesto la mano, decididamente, en el redo

democrático. Ceder a la tentación de la comodidad representada por Alianza Popular supondría, en

realidad, ceder a la tentación totalitaria.

D16

21/IV/1977

 

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