Autor: Borbón Parma, Carlos Hugo de. 
   Mi regreso     
 
 Diario 16.    29/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Mi regreso

Carlos Hugo de Borbón Parma

Hace nueve años salí para el exilio. Pero en el exilio durante cuarenta años ha estado toda España: la de la

cultura, la de la libertad, la de la solidaridad.

A lo largo de todos estos años todos los exiliados, los de tierra adentro y los de tierra afuera, hemos

estado trabajando solidariamente para que surja otra vez la España de la libertad, la de la creación y la de

la tolerancia, que es también la España de la afirmación de su propia personalidad.

Y ahora está resurgiendo, recobrando su faz democrática y auténtica, esta España sepultada desde hace

tanto tiempo, moviendo una a una las losas que le impedían levantarse. La última, quizá, mi exilio y el de

mi familia.

Mi saludo, por tanto, a todos los que han estado luchando a nuestro lado, a todos los que vivían en la

esperanza de estos momentos. Vuelvo sin rencor, sólo con esperanza en el corazón, esperanza construida

lenta y difícilmente, junto a los compañeros de lucha de todos los partidos democráticos y muy

especialmente a los carlistas que han vivido y luchado a mi lado. Esperanza que empieza por la re-

conciliación entre todos, base necesaria de la reconstrucción común.

Las dos democracias

Son las presiones de las fuerzas democráticas populares, dentro del marco de las instituciones creadas por

el Régimen, las que paso a paso han ido desmontando el franquismo y administrando la democracia. Así

se ha introducido, poco a poco, elementos de la oposición en el sistema. Así se ha podido evitar

hábilmente el trauma, descargando la formidable presión popular democrática y abriendo válvulas de es-

cape para evitar un fenómeno explosivo. Descargándose, pero aún no encauzado. No soy de los que la-

mentan la habilidad, pero tampoco soy de los que cierran los ojos ante los peligros. Somos conscientes

que actualmente se está cerrando la primera fase, la de la "desfranquización", en la que la tutela política

de los responsables del Gobierno fue indudablemente hábil.

Pero tenemos que ser muy conscientes de que se está abriendo otra fase, mucho más peligrosa y arries-

gada, la de la construcción de la democracia, y ésta ya no soporta tutela alguna porque supone preci-

samente encauzar esta presión popular para la construcción de la democracia. Por esto, tenemos que

comprometernos todos en el proceso democrático.

El peligro de la involución

La involución es una amenaza creíble en España. La historia de todos los intentos de construcción de-

mocrática en los ciento cincuenta años lo demuestra. Pero la historia de las conmociones enmascara la

causa de la misma. La involución real, causa de las conmociones, ha sido siempre la incapacidad de rea-

lizar una democracia, es decir, una participación popular en el poder. El peligro real de involución es éste,

el no construir una democracia, sino simplemente el de construir una "tutela democrática". El Poder,

incluso incluyendo elementos destacados de la oposición en este caso, administra "la res publica" fuera de

las opciones, fuera del consensus positivo, fuera del conocimiento y, sobre todo, de toda la

responsabilidad asumida a nivel popular.

Si antes el pueblo estaba opuesto al Poder opresor dictatorial, ahora "se vería condenado a una postura

pasiva y estaría ausente de este Poder. Este es el gran peligro de la involución.

Democracia de participación y socialismo

La crisis que atraviesa España no debe ser ocasión para afincar, de forma más o menos democrática, la

tutela desde el Poder. Todo lo contrario; debe ser ocasión de construcción de la democracia. Sólo en

los momentos de crisis crece la democracia; sólo planteando y buscando la participación de todo el país

en la resolución de la crisis se hace responsable todo el país y vive su futuro a través de su presente.

La socialización del Poder, la toma de conciencia y la toma de responsabilidad de toda la sociedad en la

actuación de su Gobierno es la esencia de la democracia y presupone un pacto.

Un pacto democrático es necesariamente un pacto de diálogo y de compromiso entre los pueblos, las

fuerzas del mundo del trabajo y los partidos políticos. Sin una concepción federativa de los pueblos, de

los partidos, de los sindicatos, desde la base hasta la cumbre, no habrá democracia de participación. El

pacto democrático no puede ser un pacto entre Estados mayores.

Socializar la crisis, la política, la economía y el ciudadano es esta concepción global, esta autogestión

democrática, por la cual lucha el carlismo.

Pleito político, no dinástico

Las dificultades que plantea el momento que vivimos son grandes. Sin embargo, son ocasiones decisivas

de construir este gran pacto democrático. O respondemos al desafío que significa construir esta sociedad

o capitulamos a ello. Pero no estamos dispuestos a capitular. Con ello no se trata solamente de adecuar el

momento español al europeo, sino valiéndose de nuestra larga lucha y de nuestra larga frustración

tenemos que ser capaces y audaces. De ir más allá en el camino democrático. Porque es un camino que no

sufre limitaciones serviles ni retrocesos. Su secreto, el equilibrio interno, es siempre dinámico.

Con mi vuelta no planteo pleito monárquico ni pleito dinástico, sino pleito político. Responder al desafío

de este momento histórico: pasar de la democracia concedida y tutelada a la democracia vivida y

compartida.

 

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