Autor: Castro, Raimundo. 
 Carlos Hugo quisiera ser alcalde. 
 Soy un obrero de la política     
 
 El Imparcial.    18/12/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

página 8

EL IMPARCIAL

18 diciembre 1977

nacional

Carlos Hugo quisiera ser alcalde

«Soy un obrero de la política»

• »Es lógico que me reciba Don Juan Carlos para superar ciento cincuenta años de enfrentamientos muy

fuertes.»

EL «Príncipe rojo», como algunos dieron en llamarle después de sus esporádicos trabajos en minas y

fábricas, y una vez su partido tomó la vía del socialismo y la autogestión, fue explícito en sus opiniones.

Sincero —es católico de fe y consecuente con lo que exige serlo—, sonriente, dio respuesta una a una a

nuestras preguntas. Quisiera aprender las lenguas vernáculas de todo el Estado español, quisiera ser

alcalde de un pueblo o de un barrio de gran ciudad...

«El rumor de que me iba a presentar para alcalde —nos decía ayer— corre porque yo he dicho que es una

de las cosas que me interesaría. El papel de un alcalde en un período de transición democrática es un

papel enormemente interesante, siempre que este hombre quiera de verdad crear una democracia de

participación en su alcaldía, en su ayuntamiento, y no seguir con los métodos anteriores, que consistían en

el ordeno y mando.»

Los que pensaban que eso significaba presentarse a una alcaldía concreta se equivocaban.

«A mí me gustaría —señalaba— ser alcalde de algún pueblo o barrio, porque es donde se vive la

convivencia de vecindad. Tenemos que distinguir muy claramente donde hay convivencia de vecindad y

dónde administración de tipo estatal. Creo que debiera haber ayuntamientos de barrio, porque las

problemáticas locales no se tratan, por ejemplo, a nivel de Madrid, sino a nivel de barrio.

JUAN CARLOS-CARLOS HUGO

«A mí me ha llegado por la Prensa que dentro de muy poco me recibirá Don Juan Carlos», dijo. Y añadió:

«Es lógico que me vea dentro de poco tiempo porque, al llegar aquí, le pedí saludarle por motivos de

cortesía y me parecía esencial que lo hiciera. Por otra parte, es lógico que él me reciba cuando pueda,

porque yo creo que la cortesía mutua es condición de progreso en la relación entre todos los hombres y es

un ejemplo también de la voluntad de superar un largo pasado de ciento cincuenta años en que los

enfrentamientos fueron muy fuertes.» «En la época actual —precisó— tenemos todos la voluntad de

superar todo el pasado para construir juntos un futuro en que ya no existan estos enfrentamientos y en el

que, todos los hombres y grupos políticos puedan construir la democracia conjunta-

mente, sin la cual no hay paz, ni justicia, ni libertad.»

Pero, digo, hubo discriminación con los carlistas y con Carlos Hugo. Y, después de señalar que fueron

cosas que pasaron fundamentalmente durante el franquismo, precisó: «Hasta después de las elecciones

hubo discriminación muy fuerte con el Partido Carlista, y hasta hace muy poco, un mes, conmigo, que fui

el último exiliado en volver a España después de Lister. Fue una discriminación feroz, una de las más

feroces que hubo en España, por lo menos, con los grupos que no practicaban la violencia.

Y cuando se habla de discriminación de los carlistas sale una pregunta como un tiro. Con perdón. No digo

a quién... ¿Hubo miedo al carlismo de la monarquía española? Y la respuesta, clara, concisa: «Lo ignoro y

no me gusta contestar sobre cosas que son pura hipótesis. Lo que yo creo es que hubo miedo de sectores

franquistas instalados dentro del régimen y que, históricamente, han tenido mucho miedo a la postura del

Partido Carlista porque les restaba credibilidad.» Y yo insistiendo. ¿Quiénes?... ¿Los tradicionalistas de la

ultra-derecha? Y don Carlos Hugo remachando: «Esos grupos son totalmente marginales.» Y más.

«Fueron los grupos —dijo— que montaron sectores del Poder en la época de Montejurra, pero cuya

fuerza real estaba representada por neofascistas italianos, elemento de la PIDE portuguesa, argentinos de

los pertenecientes a los ´´Escuadrones de la Muerte" y muy pocos españoles.

OBRERO DE LA POLÍTICA

Se hace notar que don Carlos Hugo es «un obrero de la política», como el mismo se clasificaría. «Se —

decía— que la división de la sociedad en clases es hoy una realidad, pero creo que ser trabajador no

significa simplemente ser un obrero. El trabajo intelectual también es trabajo y se puede ser un obrero de

la democracia, un obrero de la política y un obrero en una fábrica.»

El es, evidentemente, un obrero de la política. Un obrero de la política española. Eso sí, sin nacionalidad

española reconocida. «Aún —dijo— no me han devuelto la nacionalidad española, a pesar de que se la

han devuelto a casi todos los exiliados. Pero sé que la cosa está en buen camino, en el Ministerio de

Justicia.

Y aún más, después de preguntar sobre si su partido apoyaría o no las movilizaciones pacíficas que, al

parecer, hasta los partidos de la izquierda parlamentaria van a intentar evitar.

«Se producen manifestaciones —dijo— que no son movilizaciones externas, sino simplemente el surgir

espontáneo del pueblo para manifestar sus anhelos más profundos. Creo que en esos casos la violencia

procede de los que disponen de armas y disparan. En el caso de Málaga y Tenerife sabemos todos quiénes

disponían de armas y quiénes no.» Y precisó: «Un asesinato cometido en la calle debe ser recriminado

por la mayor severidad, pero también debe ser reprimido con medidas aún mucho más severas el mal

empleo de las FOP porque dañan gravemente la credivilidad del poder y frenan el proceso democrático.»

RAIMUNDO CASTRO

 

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