Autor: Carvajal, Mery. 
 Carlos Hugo de Borbón. 
 El socialismo autogestionario     
 
 Pueblo.    24/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 43. 

CARLOS HUGO DE BORBON, El socialismo autogestionario

• "Vi a Don Juan Carlos cuando él no era Rey y yo estaba en el exilio"

• "Los hechos de Montejurra han perjudicado a la democracia"

• "El primer objetivo del carlismo es dar una interpretación del socialismo"

«Franco intentó utilizar el carlismo que había estado a su lado políticamente en la guerra»

«Me echó de España porque quería decapitar el movimiento carlista»

«El gobierno Suárez ha tenido la culpa de la no legalización de mi partido antes de las elecciones»

Llamado durante años «el príncipe rojo», Carlos Hugo de Borbón-Parma nació en París en 1930. Conoció

el exilio, el campo de concentración donde estuvo su padre, y tuvo que aprender a hablar en ocho lenguas

para que su largo peregrinaje no fuese en un silencio absoluto. Estuvo en las minas de Mieras trabajando,

y se casó con una princesa, Irene, hija de la Reina Juliana de Holanda y una de las mujeres más ricas del

mundo, según parece. Vivió en un piso de la calle de los Hermanos Bécquer mientras le fue permitido, y

hoy, mientras inexplicablemente dos números de la Policía Armada guardan a la viuda más famosa del

franquismo, doña Carmen Pichot, duquesa de Carrero Blanco, ha vuelto a instalar su casa en el mismo

sitio, vacía de lujos y llena de dialéctica socialista, porque en estos mismos salones se gestó el

«socialismo autogestionario», del cual Carlos Hugo está enamora do, y cuyo único empeño es extenderlo.

Ha viajado a España en la Ilegalidad un montón de veces. Fue, finalmente, una de las víctimas del poder

absoluto de Francisco Franco, que un día ordenó serenamente: «A éste, que le echen.» Fue su último

exilio.

En su nueva era, el «príncipe rojo», desconocido para los nuevos españoles, ha sido recibido por casi

todos los personajes importantes de la política parlamentaria y extraparlamentaria. Sólo le falta el Rey, su

pariente lejano, y con el que se ha visto varias veces en el exilio. Se anuncia a bombo y platillo que, tras

las fiestas, los dos Borbones podrán darse el abrazo histórico, para que la mala información sobre sus

relaciones se rompa de una puñetera vez. Estábamos con su último exilio, con lo de Franco.

• FRANCO ME EXPULSO

—¿Por que le echo Franco de España?

—Franco intentó utilizar el carlismo para presentarlo como una fuerza que había estado a su lado durante

la guerra civil, pero a su lado politicamente. Como el carlismo se opuso a esta interpretación, no

solamente en la época de guerra, sino siempre, era visible que mi presencia creaba más unidad en el

carlismo y evitaba o se hacia imposible que se mostraran como representantes del carlismo los que

pretendían presentar un carlismo franquista. Franco decidió que había que acabar un día con esta si-

tuación, y me expulsó, pero con tan mala suerte para su maniobra que en vez de ayudarse hizo más ma-

nifiesto que el carlismo estaba contra él, sencillamente porque el carlismo nunca había estado con él, y

que mi presencia en España durante, seis o siete años había puesto de manifiesto que los que él decía que

representaban el carlismo, como los Oriol, por ejemplo, o los Iturmendi y estaban situados en el Poder, no

los representaban en absoluto. Por esto me expulsó de España. Aclaro esta situación para el pueblo

español, el cual pudo haber pensado que si yo, compaginado con el régimen, si podía tener aquí una vida

y una actividad.

—¿Trataba de erradicar a la, familia también o el carlismo en si?

—Yo creo que había una voluntad clarísima de decapitar el partido, sistema que había dado buen re-

sultado en otros partidos, pero que no lo dio con el carlismo, porque la vinculación histórica de la familia

con el partido era muy fuerte.

—Le ha perjudicado el veto franquista durante estos años?

—Políticamente, sí, porque la política es y supone la posibilidad de ser conocido, de expresar libremente

las ideas, pero lo que más me ha perjudicado ha sido la prohibición de participar en las elecciones. El

partido carlista tenia que haber sido legalizado antes de las elecciones, porque durante cuatro años va a

haber un parlamento en el que unos cuantos partidos no se han podido presentar, y entre ellos está el

carlista, y usted sabe muy bien que seis meses antes del 15 de junio había partidos que han ganado las

elecciones y que no existían, por lo menos no existían en la forma en que se han desarrollado después.

EL NUEVO SOCIALISMO

—¿Cuál es ahora el primer objetivo del carlismo?

— Yo creo que hay un primer objetivo, que es importante: dar una interpretación del socialismo que

permita avanzar en el socialismo, que hoy se encuentra entre dos grandes vías: la socialdemocracia, que

es la solución a la que se ha llegado en Europa y sobre la que se han producido los mayores avances, pero

que consiste en una buena gestión del capitalismo. Es, de hecho, un socialismo muy rebajado, aunque a

veces haya sido la única solución posible, aunque, como concepción intelectual, es casi inexistente.

Luego existe la posición comunista del socialismo; pero, históricamente, el comunismo, en ningún país

donde haya llegado al poder, ha respetado la libertad o la pluralidad política, y, además, tiene,

históricamente también, una concepción estatal de la economía a nivel de monopolio económico del Es-

tado. Por eso yo creo en la absoluta necesidad de buscar un socialismo que tenga otras características, que

busque no solamente la justicia, como la socialdemocracia; que no solamente busque que la sociedad

pueda pilotar su economía, como en los sistemas comunistas, sino que este pilotaje de la economía y esta

justicia esté al alcance de los hombres a través de un mecanismo que les permita hacerse responsables, la

autogestión. La autogestión sindical es otro de los mecanismos para promover la planificación económica,

que parte de la base y no parte de unas cumbres muy lejanas: la libertad municipal, el autogobierno mu-

nicipal, es otro de los elementos esenciales; la autonomía de las regiones, pueblos o nacionalidades, es

otro de los elementos esenciales para que el hombre pueda tener acceso a un poder concreto que no sea

solamente el de la cumbre; en fin, toda esta visión del socialismo, que es un socialismo político, es como

socializar al hombre, integrarlo en una sociedad en la que tenga de verdad lo que dije y no simplemente

quedarse en los planteamientos de democracia formal.

—¿La tan deseada unidad socialista en España será entonces muy difícil?

—Sí. Yo creo que va a ser bastante difícil, pero sin embargo la unidad de acción es una cosa perfec-

tamente factible, aceptando una diversidad ideológica entre los partidos socialistas y aceptando también

que éstos tengan cada uno una organización propia. Ahora si usted plantea el problema de la unidad lo

mismo se plantea el problema de la unidad dentro de un sistema federal y yo creo que hay que considerar

que se puede realizar perfectamente una federación de partidos socialistas que mantenga cada uno su

propia organización y quizá sus propios criterios.

—¿Fue a raíz de su expulsión de España cuando empezó a pensar en la vía socialista autogestionaria o a

raíz de éste suceso la desarrolló?

—Las ideas políticas son vivencias mucho antes de que sean expresadas de un modo explícito. El desarro-

llo de esta idea tuvo lugar después de mi expulsión, pero el tema ya había sido debatido mucho antes den-

tro del carlismo, aunque sin fijar qué vía del socialismo se debía tomar. Habíamos planteado que el

mundo moderno no podía existir sin alguna forma de socialismo, porque el carlismo no concebía que

hubiera libertad sin justicia, puesto que la una sin la otra es una contradicción profunda. Sobre esto había

habido muchísimos debates en esta misma habitación, en esta casa donde estuve los tres años que viví en

España. Me reuní con grupos diversos para hablar de la empresa, sobre sindicatos o sobre la propiedad

social de los medios de producción, sobre quién debe ser el propietario de las empresas, quién debe tener

el poder en las mismas, cómo combinar el poder en la empresa concebido como poder democrático

interno con la necesaria coordinación de un sistema económico, cómo cambiar el socialismo con una

sociedad de mercado, cuáles han de ser las normas de una sociedad de mercado si queremos evitar caer en

el sistema y dominio del más fuerte sobre el más débil, en fin, sobre toda esta problemática estuvo

enormemente activo el carlismo.

Yo diría que desde el año 61-62, fecha en que yo me establecí en Madrid, hasta mi expulsión, pero

todavía no se había hecho de esto una concepción global.

• MONTEJURRA

—¿Le han perjudicado al carlismo, y a usted concretamente, los hechos pasados en Montejurra?

—Han perjudicado a la democracia, han perjudicado gravemente a la evolución democrática del régimen,

por lo menos inicialmente, porque agredir era el momento en que el país estaba en transición Un poder

que deja a un grupo de desalmados agredir a una manifestación carlista... Creo que la prohibición del acto

de Montejurra de este año también fue una agresión del Poder contra el, carlismo. Estos hechos, la no

legalización del partido antes de las elecciones y el retraso hasta el último momento de mi vuelta a

España ha perjudicado al carlismo. De todos modos, esto debe dejarse en pasado, hay que dejar esta

actitud rencorosa y no mantener una actitud vengativa, son avatares de la vida política.

—Perdone, pero el pueblo español sigue sin entender demasiado lo que ocurrió en Montejurra. Primero

una versión, después diez distintas, luego detienen a los autores materiales del delito y luego los ponen en

libertad. Yo se lo recuerdo, no como venganza, sino como acto de estricta justicia.

—Pensé que lo planteaba en el terreno político y en este terreno no podemos recordar el pasado, pero sin

plantes, a tenor de la justicia, yo creo que hay un problema muy grave, que es el de no rendir justicia, y

ésta no es sólo castigar los crímenes, sino definir quiénes son los responsables y ahí hay un delito muy

grave y, como se trata de un delito de sangre y no solamente político, la justicia debería seguir actuando y

seguirá, espero, actuando para definir claramente las responsabilidades.

—El responsable ante el Gobierno en aquellos momentos era el ministro de la Gobernación, Manuel

Fraga, pero éste, en repetidas ocasiones, manifestó y sigue manifestando que los hechos de Montejurra y

en los sucesos de Vitoria se encontraba fuera del país y que el responsable del tema era Adolfo Suárez,

¿no le parece que hay algo que no está demasiado claro y que tampoco hay mucho interés en destapar?

—Es evidente que entonces era ministro de la Gobernación Fraga y que entregó el despacho a las once de

la mañana al señor Suárez. Echar la responsabilidad a éste cuando los acontecimientos se produjeron a las

doce y cuando todo el proceso de armamento y de desfile de tropas ya se había producido, parece una

manera muy poco noble de intentar echar la culpa a otros. Yo creo que Fraga está intentando escabullirse

de una responsabilidad que él lleva y quizá no solo, pero como no tenemos la oportunidad de obtener una

información para que se pueda decir con certeza quiénes son los verdaderos culpables, porque creo que es

un deber de justicia no solamente para las familias de las víctimas, sino para la opinión pública, deberá

saberse claramente quién es quién y dónde está el crimen, y no sólo cortar la mano de quien cometió el

crimen, sino las cabezas de los que lo organizaron.

• EL GOBIERNO SUÁREZ, CULPABLE

—¿El Gobierno Suárez ha tenido culpa en la no legalización del Partido Carlista antes de las elecciones?

—La ha tenido toda

—¿Quiero decir que si sólo ha tenido la culpa el Gobierno Suárez o han influido otras fuerzas políticas

que se negaban a legalizarles?

—El único responsable ha sido el Gobierno, puesto que él decidía si un partido era legal. No se quién ten-

dría tanto interés en que no se legalizara el Partido Carlista. Por lo que yo sé el único responsable política-

mente es el Gobierno, a mí no me cabe otra explicación.

—Entonces, el Gobierno, este Gobierno, ¿tiene crédito?

—A mi me parece bien darle al Gobierno un crédito en lo que hace bien, pero debe criticársele en lo que

hace mal. Lo que no se puede decir es que en lo que hace mal no es responsable y en lo que hace bien

tiene crédito. Es el Gobierno quien tiene que tomar sus responsabilidades en esto.

• EL REY Y YO

—¿He renunciado a sus derechos históricos?

—Sobre los problemas de fondo no voy a entrar, porque yo no planteo ningún problema dinástico, ni mo-

nárquico, es decir, el problema sobre las opciones de la Corona española esta claro, yo las acepto de an-

temano, porque creo que las opciones democráticas hay que aceptarlas de antemano en todo lo que tengan

de democrático. El problema de que ha habido dos ramas en la dinastía real española ha sido un hecho

histórico sobre lo que no hay ningún misterio. Yo pertenezco a una y Don Juan Carlos a otra, y si digo

que no voy a entrar en esta materia, es porque, repito, yo no planteo ningún problema dinástico y que la

otra parte tampoco me lo plantea. En estos momentos no existen en España problemas dinásticos, sino

problemas de saber si lograremos rápida y eficazmente construir una democracia, y esto para mi es

problema esencial, y cuando digo esto es porque existe un riesgo de involución, que es muy serio y que es

dominante hoy día en España. Lo tenemos que evitar.

—¿Ha hablado alguna vez con el Rey; espera entrevistarse con él ahora?

—Si. Yo vi a Don Juan Carlos hace bastante tiempo, en la época en la que él no era Rey y yo estaba en el

exilio. Espero tener oportunidad de verle ahora o a principios del año que viene.

—Entonces, los bulos sobre las malas relaciones entre las dos familias, ¿son completamente falsos?

—Pudiera haber malas relaciones si hubiera planteamiento dinástico, pero si yo no lo planteo y el Poder

no lo plantea, entonces no las hay. Históricamente si la ha habido, porque ha habido dos interpretaciones

de la vida política: la que daba el carlismo y la que daba el liberalismo, pero esto está completamente

superado. Quiero que quede muy claro que yo no planteo ningún pleito de este tipo. Todo el problema de

la mala relación familiar es inexistente, no hay ninguna mala relación.

Mery CARVAJAL

 

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