Autor: Clemente, Josep Carles. 
   El frente impopular     
 
 El Imparcial.    06/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL FRENTE IMPOPULAR

La clase política de este país nos está ofreciendo un espectáculo a diario. La opinión pública, el pueblo,

tal como están rodando las cosas, no saben a qué carta quedarse.

La confusión en la base y en los cuarteles de los partidos políticos más punteros está llegando a cotas de

inflación a la española. La derecha dice que está a la izquierda y la izquierda en la derecha. Los

empresarios dicen que UCD juega a la siniestra y el PCE y PSOE juegan a ver quién es más de derechas.

Y así no hay forma de entenderse.

Para acabar de arreglar las cosas, el pacto entre UCD, PCE, PSOE, CC.OO. y UGT se ha convertido en lo

que ya popularmente se ha venido en denominar el Frente Impopular.

AQUÍ nadie se presenta como lo que es. Los sindicatos dicen que todos son independientes, cuando todo

el mundo sabe que tanto la UGT, CC.OO., SU y CSUT son correas de transmisión de otros tantos

partidos políticos. Y para más inri los dos primeros apoyan pactos que van contra los propios intereses de

la clase trabajadora, que es la que tradicionalmente paga siempre el pato de las crisis que provocan otros.

Sólo dos centrales son consecuentes consigo mismas y son realmente independientes: USO y CNT.

LA derecha proclama demagógicamente que la crisis económica que padecemos la ha traído la democra-

cia, cuando todos sabemos que los cuarenta años de franquismo nos han dejado estos lodos y que la

herencia que hemos recibido ha sido la cota de inflación más alta de los últimos tiempos, un país en

situación económica que quiebra y una clase empresarial agrícola e industrial pequeña y mediana

totalmente desmoralizada. Aquí quien gana dinero son los monopolios, las grandes empresas y las

multinacionales. Sólo hay que ver las cuentas de resultados de todas estas empresas y los millones que se

acaban de embolsar en este último año de crisis. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni mejor país

que el que no se deja manipular por los vivos de turno.

PARA empezar, deberíamos de arreglar las cuestiones políticas principales que todavía quedan

pendientes, a pesar de todas las promesas muy bellas y bonitas sobre el papel, pero que el señor Suárez —

que está «adquiriendo experiencia» presidencial a costa de todos los españoles— no acaba de llevarlas a

la práctica. Y estas cuestiones son, entre otras: terminar de una puñetera vez la Constitución para saber

dónde estamos y a dónde se quiere ir; una reforma fiscal más radical para que paguen a Hacienda quienes

más tienen y más ganen, y no perseguir a los pequeños; reconocer estatutos de autonomía para todos el

que lo quieran y acabar de una vez con esta coña de las situaciones preautonómicas que el habilidoso

señor Suárez se ha sacado de la manga; reforma del sistema carcelario para hacerlo más humano y, para

entendernos, más europeo; legalizar a todos los partidos políticos y asociaciones ciudadanas que todavía

están en la clandestinidad, condición sine qua non de toda la democracia; cesar de una vez a todos los

alcaldes, jefecillos y prebostes del franquismo que fueron nombrados por el dedo orgánico del dictador;

pasar a debate público el arreglo de la situación económica, ya que sólo así, será posible que todos los

españoles acepten los sacrificios que hagan falta hacer; y que dimita el futuro marqués de Cebreros y que

se convoquen unas nuevas elecciones generales en las que se den todas las garantías democráticas, sin

exclusiones de nadie y con igualdad de oportunidad para todos.

QUE la derecha, la gran derecha del país, acabe de entenderse y sepa estar en su sitio: en la derecha. Y

que la izquierda parlamentaria deje de lamer a los poderosos y que eche una ojeada a la clase trabajadora

defendiendo sus propios intereses. Que terminen los frentes impopulares y los pactos de coto cerrado.

Hay que llevar la autenticidad y la honradez al campo político y dejarse de habilidades truculentas. El

país no soporta este tipo de bromas y es mucho lo que está en juego: nada más y nada menos, que el

presente y futuro de treinta y cinco millones de ciudadanos.

JOSEP CARLES CLEMENTE

(Del Comité Ejecutivo del Partido Carlista).

 

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