Autor: Clemente, Josep Carles. 
   ¡Que nos dejen tranquilo!     
 
 El Imparcial.    29/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

¡QUE NOS DEJEN TRANQUILOS!

LA Prensa, durante estos últimos años, ha cumplido una función que no le pertenecía: ha sido la vía a

través de la cual se ha realizado la actividad política. Pero esto ha sucedido, porque en nuestro país no

existían unas vías adecuadas para que la política la hiciera quien la tenía que hacer: los partidos políticos.

La Prensa ha sido el «Parlamento de papel» y el servicio que ha prendido a nuestro pueblo ha sido

importante. Es necesario que la democracia se consolide definitivamente en nuestro país, sin

discriminaciones de ningún tipo, para que el periodismo vuelva a recuperar su función específica y

original, que no es otra que la de informar y formar.

Pero durante estos últimos tiempos, la propia Prensa y los periodistas son noticia. El destino de la Prensa

estatal, la crisis en la Asociación de la Prensa de Madrid, el asunto de la revista «Saida», los continuos

casos de secuestros de periódicos, los atentados terroristas a los medios de comunicación, las crisis econó-

micas en las empresas periodísticas y los procesamientos a los profesionales de la información, son

noticias que están en la calle. Ahora se nos anuncia que pronto va a haber otra ley sobre la Prensa, cuando

todavía existen otras que están vigentes. Los vicios del franquismo, por lo visto, están a la orden del día.

CUANDO en este país se habla de que va a llevarse al Parlamento una ley para «proteger» o para

«ordenar jurídicamente» a la Prensa, es para ponerse a temblar. Porque cuando se habla de esto no se trata

de otra cosa que de limitar a la Prensa. En una palabra, se trata de ponerle rejas a la libertad de expresión.

Los periodistas ya tenemos suficiente con que se nos aplique lisa y llanamente el Código Penal. Todo lo

demás son caretas, disfraces o amenazas para «sujetar» a la Prensa.

El Poder, todavía no ha comprendido que actuar en un sistema democrático es aceptar, sin

condicionamientos ni etiquetas que añadir, las reglas del juego de la propia democracia. Y la Prensa juega

un papel importante en este sistema. Se ha dicho infinidad de veces que la Prensa es la conciencia crítica

de la sociedad. El franquismo sabía muy bien lo que hacía cuando elevó el periodismo a la categoría de

un servicio burocrático fuertemente controlado y censurado. Los budas del franquismo llegaron a señalar

que la Ley de Prensa e Imprenta fue un gol y un boquete que se le había hecho a traición al Régimen.

POR su parte, la oposición también debe comprender que ya no estamos en las épocas azules y que ésta

debe someterse a la crítica de sus acciones. Anteriormente, criticar a la oposición era hacerle el juego al

franquismo. Pero esto hoy ya no es así.

Poder y oposición deben dejar de una vez de llenárseles la boca de cínicos y falsos elogios a los

periodistas cuando les conviene y en otras ocasiones señalar subrepticiamente la «destructiva labor» de la

Prensa cuando ésta critica algunas de sus manifestaciones.

ES necesario que nos dejen tranquilos de una vez. Que rechacen todos los intentos de «leyes protectoras»

y que defiendan a capa y espada el derecho a la libertad de expresión, sea o no conveniente a su partido.

El país no es propiedad de un banco, ni de una secta religiosa, ni de ningún partido político. Defender y

respetar el derecho a la libertad de expresión en la Prensa es defender y respetar al pueblo.

Si en la Prensa aparecen noticias tristes de asesinatos, agresiones, robos y actos terroristas, no es

precisamente por culpa de los periodistas. Es, simplemente, porque nuestro país no es una Arcadia feliz y

porque esos hechos, efectivamente, ocurren. Los políticos deben aportar medidas para evitar que ciertos

miembros de nuestra sociedad no tengan más remedio que robar porque están en paro y no tienen con qué

asistir a su familia, ni tengan que colocar bombas para poner de manifiesto sus ideas políticas que desde

el Poder no se les permite estén inscritas en el registro de asociaciones políticas y debidamente

legalizadas. Los periodistas no nos inventamos estos hechos, por tristes que sean, gusten o no a los

políticos de un color y otro; de derechas, de centro o izquierda; o a los partidos del Poder o a los de la

oposición.

SI hemos sido el «Parlamento de papel» ello no se debió a un capricho. El país necesitaba que las ideas

políticas discurrieran y se canalizaran civilizadamente y las páginas de los periódicos cumplieron abnega-

damente —a veces con riesgos ciertos y mortales— con esta labor.

Lo que ahora les pediría a los partidos, tanto del Poder como de la oposición, es que por favor, no nos

ayuden aceptando otra ley para defendernos, se llame Antilibelo o de Prensa, lo mismo da. La sociedad y

los periodistas nos defendemos solos con los Códigos al uso. Hay cariños que matan. En este caso,

aprobar una ley sobre la Prensa será dañar a la propia Prensa y ponerle diques a la democracia.

JOSEP CARLES CLEMENTE

(Del Consejo Federal del Partido Carlista)

 

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