Autor: Borbón Parma, Carlos Hugo de. 
   ¿Socialdemocracia o socialismo autogestionario?     
 
 El País.    30/05/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 37. 

EL PAÍS, martes 30 de mayo de 1978

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

¿Socialdemocracia o socialismo autogestionario?

CARLOS HUGO DE BORBON PARMA

Presidente del Partido Carlista

Hasta hace cinco años el carlismo era el único partido que, en nuestro país, defendía el principio au-

tonómico como base de la unidad federal del Estado. Hoy, casi todas las tendencias políticas han aceptado

este concepto, incluso amplios sectores de la misma derecha.

Hasta hace apenas cinco años el Partido Carlista era el único partido, a nivel del Estado español, que

defendía el socialismo de autogestión. Hoy, las tendencias más amplias de la izquierda aceptan este

mismo principio.

Hasta ahora, el Partido Carlista era el único partido socialista que proponía se utilizara el análisis marxista

como una metodología y no para supeditar el pensamiento y la acción socialista bajo la égida de una

filosofía determinada. Hoy, en el mundo, amplios sectores del socialismo están evolucionando en esta

misma dirección.

Esta evolución moderna del socialismo nos plantea tres problemas:

1. Si el empleo de una metodología marxista, sin dogmatismo filosófico, quiere decir que el socialismo

tiene que ser socialdemocrático.

2. Qué es el sistema socialdemócrata en el mundo actual.

3. ¿Quiere esto decir que la socialdemocracia de tipo nórdico representa el ideal del socialismo plural en

su filosofía y unido en su acción?

Socialdemocracia y partido único

Empezando por esta última pregunta, ¿representa la socialdemocracia este ideal de socialismo plural? La

contestación puede ser sí o no, según para qué se quiera utilizar un partido político.

Si un partido político, que se define socialista, se quiere utilizar simplemente como máquina electoral,

para construir un aparato que sirva principalmente como antagonista a la derecha, es mejor que haya un

solo partido socialista. En este caso el contenido ideológico, es decir, el posible proyecto de sociedad,

puede ser difuso, o, como mucho, definido solamente por lo negativo: no ser de derecha.

Pero si un partido político socialista quiere ser un grupo de opinión con su propia ideología, con su propio

proyecto de sociedad, si quiere ser un canal de participación popular, si quiere ser una escuela de

pensamiento, de análisis y de liberación de la capacidad creadora, es evidente que las cosas toman otro

cariz. No podrá haber, entonces, un solo partido socialista, sino varios partidos socialista y comunistas,

etcétera. Tendrá que haber varios partidos, porque habrá varios proyectos de sociedad y el diálogo

pluralista llevará a los compromisos políticos que dan a la democracia no sólo el valor de una alternativa

de grupo en el poder, sino el valor de una alternativa de sociedad alcanzada por el diálogo popular.

Un partido socialista único nos parece, por tanto, un acierto desde una perspectiva simplemente electoral

y un desacierto desde una perspectiva de la promoción democrática del pueblo.

La socialdemocracia no es un partido político, es un sistema

La segunda pregunta que nos plantea la evolución actual es: ¿qué es, realmente, la socialdemocracia?

La socialdemocracia, más que un partido político, es hoy día un sistema. ¿Por qué? Por una razón muy

sencilla y además científica o experimental.

¿Qué diferencia existe, de hecho, entre la política llevada por los partidos de izquierda o de derecha en

todos los países nórdicos con sistemas más o menos bipartidistas? Prácticamente muy poca. Derecha e

izquierda, a pesar de representar a unos electores con motivaciones muy diversas, cuando no

profundamente contrapuestas, con ideologías no pocas veces antagónicas, realizan, en la práctica, la

misma política: Inglaterra, Alemania, Austria o Suecia son ejemplos de esta realidad experimental.

¿Por qué? Por esta razón científica: el electorado se divide, no sólo por su postura ideológica, sino, en

gran parte, en función del voto útil, es decir, en pro o en contra de tal o cual aparato electoral. La elección

es más una operación publicitaria para escoger el equipo gobernante que la liberación de la capacidad

critica del ciudadano. El resultado es la simple alternativa en el poder de dos equipos políticos de signo

aparentemente opuesto, pero de política parecida. La derecha quiere siempre demostrar que es progresista

y la izquierda que es económicamente eficiente. Ambas, en el fondo, practican la socialdemocracia.

Por ello, y en esas condiciones, ya no existe realmente un partido socialdemócrata. Existe un sistema

socialdemócrata que es el que domina en los países europeos del Norte. Socialdemocracia que practican,

finalmente, casi tanto el sector conservador como el progresista. Por ello, para ser socialdemócrata no es

preciso ni aceptar ni rechazar el marxismo ni ideología rigurosa alguna. Se puede llegar a la

socialdemocracia tanto desde la perspectiva socialista como desde la perspectiva de una derecha

civilizada.

Valoración del sistema socialdemocrático

No obstante, conviene valorar con objetividad los éxitos que la socialdemocracia ha conseguido, por lo

menos en aquellos países más avanzados socialmente.

Una dinámica económica desconocida en los anteriores cien años de capitalismo sin trabas.

Una dinámica social hacia la igualdad, impensable antes de la puesta en marcha de las soluciones

socialdemocráticas.

Una dinámica hacia la igualdad de oportunidades, especialmente a través de la educación, que parecía

totalmente utópica hace solamente cincuenta años.

Una dinámica para conquistar la seguridad social que ha permitido realizar el sueño de la Humanidad

desde sus inicios: erradicar la miseria.

Estas son las conquistas del sistema socialdemócrata y, además, conquistas realizadas por una vía

evolutiva, admitiendo la lucha y la presión del movimiento obrero. Pero, ¿cuáles son sus aspectos

negativos? Fundamentalmente, dos: la aceptación de una filosofía materialista que adora el «becerro de

oro» del crecimiento capitalista, y el paternalismo burocrático estatal, que transforma la sociedad en una

gran compañía de seguros y repartos y no en una comunidad de hombres responsables.

¿Es la socialdemocracia el futuro de España y el socialismo del futuro?

El sistema socialdemócrata puede ser, probablemente, para España, una fase del proceso de transición de

un capitalismo dictatorial y salvaje, que hemos conocido hasta ayer, a un capitalismo templado en el que

se introduzcan una serie de valores democráticos sociales, condiciones útiles a toda evolución pacífica

hacia un futuro socialista.

Pero esta evolución, incluso para llegar simplemente a la solución socialdemócrata, sólo se podrá dar si

existe una fuerte presión por parte de los partidos socialistas que apuntan hacia este futuro socialista. Más

aún si se considera el sistema socialdemocrático como una transición histórica para llegar a otra di-

mensión de la democracia, a otra dimensión del socialismo y, sobre todo, a la dimensión de un socialismo

del futuro.

Hacia el socialismo del futuro. El proyecto carlista

Ahora podemos contestar a la primera pregunta, a saber: si el único socialismo no dogmático

filosóficamente es por necesidad el socialdemócrata. Es evidente que no. Habrá ciertos sectores

socialistas que considerarán la socialdemocracia como el ideal. Pero hay otros sectores, como el carlista,

que lo consideran simplemente como una posible vía histórica útil. Considera el carlismo que el

socialismo debe de ser algo más que una estrategia y debe apuntar a un modelo de sociedad deseable y

alcanzable.

El socialismo tiene que tener otra dimensión. No se puede limitar a presentar soluciones al capitalismo y

no puede tampoco limitar sus propuestas al terreno económico, reivindicando los derechos económicos de

la sociedad frente a los derechos económicos de la propiedad. También tiene que reivindicar la

reapropiación no sólo de los medios de producción, sino, sobre todo, de los medios de decisión.

El gran llamamiento de la sociedad moderna, del hombre moderno es, precisamente, a la participación:

participar en la empresa, participar en el sindicato, participar en el barrio o municipio, participar en la

provincia, región o nacionalidad, participar en las agrupaciones de base del partido y en el nivel de

decisión del mismo. El gran desarrollo del nivel cultural e informativo de la sociedad moderna hace

posible esta democracia de participación. Lo que es posible y, además, deseable se hace necesario. Es una

ley de la historia.

Solamente una nueva actitud socialista es capaz de realizar la creación de estas nuevas fronteras de

convivencia y de unos nuevos modelos de civilización, capaz de permitir escapar al dogmatismo

filosófico o al hegemo-nismo de un solo partido, de un solo pensador, capaz de aceptar todas las fuentes

del socialismo. Desde Marx, Engels, Rosa Lu-xemburgo o Gramsci; desde Owen, Saint Simon o Fourier;

desde Proudhon, Bakunin o Kropotkin; desde Fernando de los Ríos o Besteiro; desde Abad de Santillán;

desde las perspectivas cristianas y desde la perspectiva carlista.

El socialismo tiene que abrir las nuevas fronteras de la democracia. Dar a la sociedad la dimensión

humana del pleno desarrollo del hombre en una comunidad capaz de autogobernarse, de

autoadministrarse, de autorrealizarse. Una comunidad donde exista:

«Libertad para escoger, socialismo para compartir, federalismo para convivir, autogestión para decidir.»

Esta es la dimensión del socialismo del mañana. Este es el socialismo humanista, pluralista y federal que

propone el Partido Carlista por la vía de la autogestión global.

 

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