Autor: Borbón Parma, Carlos Hugo de. 
   Construir las autonomías     
 
 El País.    22/02/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 27. 

TRIBUNA LIBRE

Construir las autonomías

CARLOS HUGO DE BORBON PARMA

Presidente del Partido Carlista

Las recientes elecciones generales han creado una mayoría gubernamental, de hecho, que puede asegurar:

Primero. Que habrá una estabilidad política del poder por si solo.

Segundo. Que este poder, al ser más responsable, será más fuerte y también más criticable.

Tercero. Que la oposición también podrá salir de las ambigüedades.

Este poder tendrá que enfrentarse con dos grupos de problemas: los múltiples y concretos de todo

gobierno y los problemas estructurales, que son básicamente tres. El régimen de partidos, partiendo del

actual sistema de «centralismo democrático», para llegar a un pluralismo real, es una cuestión sin so-

lución probable desde el poder actual. El sistema sindical que llegue a construir una unidad representa-

tiva, necesaria si se quiere construir un diálogo coherente con el mundo del trabajo, será factible si hay

entendimiento entre la mayoría gobernante y la oposición. El tercer problema estructural es el de las

nacionalidades, que es, quizá, lo que más preocupa hoy día a la opinión pública y que necesariamente se

tendrá que resolver con urgencia, debido a su dinámica explosiva.

El fenómeno autonómico, amenaza o esperanza

Si hay algo nuevo en las pasadas elecciones generales ha sido la confirmación de las tendencias au-

tonómicas, sean conservadoras o radicalizadas de izquierda. Es un hecho que se ha producido a pesar de

la lucha en contra de los partidos grandes y de la ley D´Hont, que tanto perjudica a los partidos pequeños.

El rechazo del centralismo y la afirmación de la personalidad propia de las regiones o nacionalidades de

un Estado no tiene que inquietar. Es la evolución lógica de todos los Estados centralistas y, sobre todo, de

aquellos que han empleado la fuerza como método de unión.

Si el Estado intenta seguir reprimiendo el sentimiento colectivo, nos esperan muchos años de problemas

insolubles, porque los fenómenos colectivos y sentimentales son, por naturaleza, «humanos». El

sentimiento colectivo tiene esta peculiaridad del sentido humano, que es de otro orden que el de la pura

ratio. Con esto no quiero decir que no tenga base ni tratamiento racional, sino todo lo contrario.

Tratamiento racional del nacionalismo o del regionalismo

El primer paso frente a todo fenómeno político es aceptar el hecho y ver sus aspectos positivos.

Descentralizar el poder, acercar éste al pueblo, descongestionar la Administración central, construir

aparatos de control democráticos a distintos niveles del país, pueblo o nacionalidad; a niveles provincia-

les, comarcales o municipales, es en si muy deseable. Descargar al poder de infinidad de tareas, repartir la

soberanía a varios niveles donde se ejerza luego el poder, implicando gran número de personas en la

responsabilidad. Todo lo anterior es positivo. Pero positivo es también que el poder en la cumbre pueda

funcionar mejor, que la unidad pueda realizarse sin antagonismos. La unidad aparece entonces como la

expresión de solidaridad entre los pueblos. Esto puede ser verdad en los Estados federales, podrá ser

verdad mañana en España, si sabemos tratar inteligentemente el problema. Pero ¿podremos hacerlo?

Posibilidad e imposibilidad del proceso autonómico

Lo deseable y lo factible son cosas distintas. No dudo que el poder tenga capacidad de construir este

Estado regional, al límite federal, que necesitamos cara al futuro. Hacer progresar este simple desarrollo

de las normas constitucionales parece más difícil por tres motivos: conceptuales, fácticos y políticos.

El motivo conceptual es la falta de fe de muchos de nuestros dirigentes en la capacidad de funcionamiento

de un sistema de esas características.

El motivo fáctico es que los centralismos destruyen la capacidad de responsabilizarse a otro nivel que no

sea el estatal, y es difícil renacer esta capacidad simplemente por medidas administrativas. Nadie se siente

responsable «por decreto».

El tercer motivo es político. Amplios sectores del poder y de la oposición son aún de mentalidad

centralista. Esta actitud es, además, reforzada por las posturas radicales tomadas por algunos movimientos

de tipo separatista, que producen una reacción centralista en sectores que, de lo contrario, evolucionarían

hacia el regionalismo.

Es, además, una tarea de largo alcance y no necesariamente rentable para un poder que, a lo más, puede

contar con un plazo legislativo.

Reprimir, ceder, promover

Tres actitudes puede tomar el poder. La primera, reprimir, y tendrá, antes de poco tiempo, tantos

«Ulsters» en España como regiones hay con personalidad.

La segunda, ceder, y el poder se encontrará desbordado tanto por los radicalismos de un lado como

abandonado por amplios sectores moderados, pero asustados.

La tercera, promover. Esto es lo más difícil y la única solución racional. Difícil, porque supone una

reforma administrativa a fondo del municipio, de la comarca, de la provincia y de las mismas regiones o

nacionalidades para capacitarlas de su responsabilidad administrativa, económica y política. Difícil,

porque tendrá que luchar el mismo poder frente a los radicalismos y frente a una parte importante de su

propia mayoría, sin contar con las tradiciones centralistas de gran parte de la oposición. Para poder

promocionar unas autonomías que no sean de pura forma, sino que tengan vida, es decir, una apoyatura

política interna, hace falta simultáneamente aceptar la libertad de opinión, es decir, aceptar todos los

partidos regionalistas, incluso los partidos radicalizados, y superar las actitudes simplistas, tanto

centralistas como separatistas.

Superar los radicalismos centralistas o separatistas

En otras palabras, la evolución autonómica supone el respeto a todos, incluso a los radicalismos, pero

superándolos en la capacidad de construir a partir de las nuevas regiones, pueblos o nacionalidades, lo

que puede ser una de las bases muy importantes de un nuevo concepto estatal (para España, se entiende),

un Estado federal.

«Prohibido el paso a las ideas», escribió un alto mando norteamericano en la puerta de su cuartel en

Vietnam, con el resultado de todos conocido. No. Las ideas, las más aventuradas, tienen el pleno derecho

a pasar y pasarán. Lo que no debe pasar es que se prohiban o se impongan las ideas por la violencia. La

única manera para que la violencia no sea el sustituto de la razón es ser racional. El arte político no es

solamente el arte de lo posible, sino «el arte de hacer racionalmente posible lo deseable».

Conclusión

La construcción de la sociedad democrática necesita de un proyecto de sociedad como la construcción de

una ciudad necesita de un plan urbanístico. Necesita de una política a corto plazo para salvar lo presente

en función de una visión a largo plazo para construir el futuro. En las tres reformas estructurales

necesarias a largo plazo para construir la sociedad moderna —la reforma del sistema de partidos, la

unidad de acción sindical y la construcción de las autonomías— son, indudablemente, la unidad sindical y

la construcción de las autonomías las reformas más urgentes. Construir las autonomías desde el municipio

hasta el Estado es construir uno de los tres pilares fundamentales del socialismo democrático de partici-

pación que proponemos como solución para la sociedad de mañana.

 

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