Señor presidente     
 
   28/09/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

28-IX-74

EDITORIAL.

SEÑOR PRESIDENTE

(**ON estas dos palabras, generosamente prodigadas a lo largo ^"* de tres columnas, una publicación tan

representativa como "Fuerza Nueva" de lo que—haciéndole demasiado favor—podríamos llamar

pensamiento "ultra", se dirige al señor presidente del Gobierno para decirle: nos excluimos de su política,

no colaboraremos con usted ni siquiera en la oposición, no queremos obedecerle ni acompañarle.

No nos gusta polemizar; preferimos exponer nuestras opiniones y que el lector compare; tampoco el

presidente del Gobierno necesita defensa, ni nadie nos la ha pedido. Pero lo singular del ataque, aun en

una publicación tan singularizada como aquella a la que nos referimos, la pasmosa irresponsabilidad que

revela, merece un comentario que estimamos de interés general.

Cuando sucesos como el de la calle del Correo, que toda España llora, piden que nos agrupemos alrededor

de la autoridad, que por definición representa la garantía del orden, ¿es esa otra actitud la que procede? Se

alega que la política del Gobierno es la causa del clima que hace prosperar- la subversión; ¿pero acaso

ésta ¡e mantuvo inactiva cuando desde el Poder se seguía una política muy diferente y más afín a la que

piden los detractores de la actual? Lo que ellos hacen, trasladando el asunto a ese terreno, es hacerle el

juego a la subversión; ¡qué más querría ésta sino que el Gobierno perdiese los nervios, escuchase a los

"ultras", se endureciese políticamente (otra cosa completamente disfinta es el necesario rigor •?n la

represión de la subversión) y renunciase al programa expuesto por su presidente el 12 de febrero!

Entonces es cuando, a nuestro juicio, estaríamos en el camino más directo para que sobre el país cayeran

todos los males. Cambio sin riesgo, ha proclamado el Presidente francés*. Su negativa a todo cambio

evolutivo es el riesgo y el desastre seguros.

. Pero esto es lo que no se debe si se puede hacer. La represión de la subversión es un asunto policíaco y

judicial; la evolución política es un asunto diferente. No sólo no se deben mezclar, sino que hacerlo sería,

como decimos, el peligro mayor. En la evolución política los españoles nos jugamos nuestro porvenir.

Interrumpirla sería hacer pagar a la inmensa mayoría las culpas de una minoría de-criminales. Entre el

pueblo español y ésa minoría y entre lo que corresponde a uno y a otra debe existir una línea de

separación neta, tajante, y los que pretenden borrarla hacen, inconscientemente, el peor servicio a los

valores de paz y tranquilidad que pretenden defender.

Además, ¿en qué se apoya la pretendida contradicción entre •I espíritu del 12 de febrero y unos Principios

que, naturalmente, se -quiere que evolucionen, pero que por eso mismo son acatados, respetados y

servidos mejor que lo hacen quienes, con cu aparente ciega fidelidad, no consiguen más que

inmovilizarlos y secarlos? ¿No ha sido el propio Franco quien condenó "cualquier criterio cerrado y

excluyente" y afirmó que "el dinamismo político continúa", en aquel memorable mensaje de la Navidad

de 1972, tan manifiestamente ratificado en el que pronunció el 30 de diciembre del año siguiente, en las

circunstancias que siguieron al atentado que costó la vida al almirante Carrero Blanco?

El presidente del Gobierno puede estar tranquilo. En su doble empeño le acompaña la inmensa mayoría

de nuestro pueblo, que desea asegurar la paz futura; tanto en el programa para adaptar el régimen a las

exigencias políticas del momento como en enfrentarse a los que (sin que pretendamos equiparaciones

injustas) tratan ^le detener esa evolución, ya sea criminalmente, ya sea, como en •ste caso, con el arma de

la pluma, no por incruenta menos dañina.

 

< Volver