Los otros enemigos del Programa Arias     
 
 Informaciones.    27/09/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LOS OTROS ENEMIGOS DEL "PROGRAMA ARIAS"

NO hace mucho tiempo, don Blas Piñar pronunció una frase que la revista por él inspirada calificó de

"Justamente expresada": "La guerra no ha terminado." Y no puede decir, se ciertamente que "Fuerza

Nueva" no aea consecuente con tal convicción. Número tras número, el portavoz de lo que /se considera

comúnmente como la actitud ultraderechista, parece actuar según el principio de "a mi derecha, ninguno".

En un lenguaje tan retórico como delirante, los conceptos de "F. N.", la obsesión con que sus miembros se

consideran la ciudadela de la virtud política atacada por toda clase de enemigos, más bien parece

obedecer a un fenómeno de naturaleza extrapolítica. Sin embargo, semana tras semana, "Fuerza Nueva"

ha salido a la calle y disfrutado de unas posibilidades de expresión para acusar de traidores a todos los que

no coinciden con sus planteamientos y reclamar para ellos el silenciamiento, cuando no la persecución.

Creemos que el lector tiene una idea precisa de lo que es y representa "Fuerza Nueva", lo que le llevará a

entender lo de "fuerza", pero no a, explicarse lo de "nueva". Que sabe hasta qué punto el dogmatismo, la

intolerancia y hasta la agresividad se ven convertidas en sus páginas en "virtudes" políticas. Y al hablar de

"Fuerza Nueva" entendemos una posición política contraria a toda evolución política, maximalista, cada

vez más aislada en el contexto de una sociedad que se moderniza y evoluciona. Una posición que quisiera

congelar no ya el presente, sino el pasado, y que en el fondo es incapaz de ofrecer una vía actual de

convivencia y progreso. Una posición que es profundamente reaccionaria, porque ve en todo progreso un

enemigo, y tremendamente ciega, porque no ve que el Régimen, que los valores del Movimiento,

perderían sentido histórico si los priváramos de una trayectoria dinámica y de la capacidad para absorber

una pluralidad de opiniones y las inquietudes de las generaciones que no hicieron la guerra.

El lector sabe que "Fuerza Nueva" no hace distingos entre sus enemigos: terroristas, comunistas "ortodo-

xos", centristas, liberales, aperturistas... Poco a poco va decantando sus posiciones y manifestando su

verdadera naturaleza. Hasta llegar, en su último número, a colocar bajo su punto de mira al propio

presidente del Gobierno en unos términos que rozan el ex abrupto y la injuria. El número de "Fuerza

Nueva" no ha sido retirado de los quioscos, acertada actitud ante quienes seguramente buscan provocar

reacciones que les conviertan en mártires. Y deseamos que la revista tenga una amplia difusión: es

conveniente que la opinión pública conozca la posición de "Fuerza Nueva" ante la política de "de-

mocratización del país", que certeramente atribuye a Carlos Arias: "Nos autoexcluimos de su política. No

podemos, después de lo que ha dicho, colaborar con usted, ni siquiera en la oposición." "Nosotros no

queremos obedecerle ni acompañarle", dice "Fuerza Nueva", cuyos autores no entienden mas relación con

un Gobierno que la obediencia o la guerra.

Dice "Fuerza Nueva´1 que "el futuro o es una consecuencia del pa-

sado o es una ruptura con el mismo". Lógico pensamiento de quienes no alcanzan a entender más que dos

actitudes: el inmovilismo o la revolución (en este caso para volver atrás). Guiada por su violenta oposi-

ción al programa del presidente Arias, "Fuerza Nueva" llega a apreciar una actitud inconsecuente hacia

"un ministro de su Gobierno", y no precisamente la viceversa. -

"Fuerza Nueva" y lo que representa y en quienes se inspira están contra la democratización del país de

una manera radical e inequívoca: acusa a quienes proponen aquélla de "acumular errores tras errores, co-

rromper el alma del país, dejarlo a la intemperie y obligarle o a rehacer su historia combatiendo o a

sumirse en la esclavitud y la barbarie sin esperanza".

"Fuerza Nueva" llega a insinuar que el presidente Arias es un instrumento de quienes "le dirigen o le

empujan". Pero si es que no nos hemos vuelto locos en este país, y creemos que afortunadamente no es

asi. el ´programa Arias´ representa el intento más sincero y leal de encontrar una salida ordenada y

pacífica, unas reglas de convivencia que permitan superar sin traumas la difícil coyuntura del país. Ayer

mismo escribíamos aquí que es necesario organizar políticamente la inmensa mayoría silenciosa del país,

para que sus voces acallen el ruido de unas bombas que repudia. Nos referíamos al atentado del día 13,

pero añadimos hoy que el país necesita los cauces de participación democrática aue las minorías "en pie

de guerra" condenan, porque temen quedar ante la evidencia: no representan los sentimientos y

aspiraciones de la sociedad, ni siquiera representan unos verdaderos ideales, sino que pretenden adquirir

una especie de monopolio sobre ellos y utilizarlos para impedir el progreso del país.

 

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